«Truth & consequences» Carrie S.

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«Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Vie Jun 06, 2014 12:39 am

Asistir a la isla Krakoa posiblemente sea la mejor o la peor decisión de su vida. Primero, ¿qué hace un tipo cómo él que le disgusta bastante el calor en ésta isla?, prefiere los países fríos, porque los acalorados ya tuvo bastante pero, es irremediable, tiene la sangre caliente corriendo por sus venas y las altas temperaturas ya es algo que tiene bastante asimilado. Se adapta. Además, fue hoy que llegó a la isla Krakoa, no conoce nada ni nadie, parece que pretende llevar a cabo “una nueva vida”, sólo que no es cierto simplemente quiso escaparse de sus quehaceres para disfrutar y darse un tiempo, ¿pero de qué?, si siempre tiene tiempo para él, ¿o tal vez esté pensando en algo más? Su mente es tan incierta, que da a veces pavor intentar desentrañarla. Pues bien, nuestro mexicano se hallaba moviendo de aquí para allá, acomodando las cajas para no tener un completo desorden en lo que sería por ahora su morada, una guarida en la que todo villano de dibujo animado debería de tener para llevar a cabo planes malignos. Llevaba puesto una musculosa blanca, dejando apreciar los músculos de sus brazos y el tonificado cuerpo latino. Las prendas inferiores eran sencillas: un pantalón deportivo negro y zapatillas. Nada formal, simplemente siendo un humano “corriente” en un día de mudanza.  

De fondo, se oía una canción a todo volumen para mover el esqueleto, más bien una salsa para por lo menos traer consigo algo del continente hispánico y aunque no le haga asco a otros estilos de música, no hay nada mejor que los ritmos picantes para bailar en pareja, además, se le facilita el trabajo si anima el ambiente. Su perro raza husky siberiano, iba siguiendo al amo fielmente, curioso de lo que él hacía sin dejar de olfatear nada para familiarizarse con el nuevo lugar. Tomaba una trincheta y cortaba la cinta de la caja. No es que haya traído muchas cosas, después de todo, la cabaña tenía lo indispensable para un turista que pagaba por todos los servicios. Entonces el cánido comenzó a ladrar, más bien aullar porque el pobre no sabía hacerlo de una forma correcta tras ser un pariente cercano del lobo; se trataba del timbre de la puerta, tenía al parecer visitas inesperadas o vecinos que le querían la grata bienvenida por ser nuevo en el vecindario. Otra opción, es que bajará el volumen del equipo.

«Que sigan tocando, no voy a atender»
Pensó indiferente, no le interesaba hacer nuevas amistades y mucho menos, hablar con alguien en el tiempo que él resida allí. Él y su mundo, alejado de la civilización y descubrir nuevos placeres. No obstante, una vocecita en su cabeza le decía lo contrario, quería que abriera, y sacudían su interior como si escuchará chillidos, una combinación no tan grata porque: entre los ladridos del perro, y el timbrazo, quería mandar todo al carajo. Dejo la caja en el piso y la pateo con cierta molestia para descargarse con algo. Escuchó un crack, debió romper algún plato. Le dio igual y se dirigió a la entrada a pasos taimados, porque al ser el dueño de la casa podría tomarse todo el tiempo del mundo para recibir al que éste detrás de ésa puerta. Miró a su alrededor bastante inexpresivo, ¿abrir o dejar que se vaya?
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Carrie S. Northman el Miér Jun 11, 2014 12:09 am



No sabía con exactitud qué hora era, pero, lo que si tenía en cuenta que era todavía temprano. El astro rey, apenas se había hecho presente sobre algún punto perdido del horizonte siendo rodeado por su confortable cama de nubes y lograndomé hacer sentir de pasó que la humedad parecía ir en crecimiento. Una cosa que me auguró al despertarme con un ligero molestar a la garganta. Bueno, tampoco, podía excusarme con algo tan patético; así que lo resumiré de forma breve: simplemente, mis ojos se encandilaron con el Alba y no volvieron a cerrarse. Fin. ¿Así, de cortita era mi andanza del día? No, al contrario, recién lo estaba empezando a disfrutar con bombos y platillos. Además que debido al retraso de mi próximo vuelo, cada uno de mis planes se fue a la mismísima borda y para colmo, tenia que buscar la mejor manera de culminar con mi responso místico antes de que mi querido jefe, e idealizará las mil y un formas de matarme sin cometer alguna clase de infracción penal. Suspiré. Nada podía ser peor, salvo, por un coro intenso de ladridos por parte de mi mascota  y que esté demostraba al mismo tiempo su falta desconsiderada para con su dueña. ¿Qué le andaría pasando?

— ¡Mouse, ya basta! ¡Cállate! — le ordené severa, al a par que caminaba por alrededor de la cocina y de que buscaba por entre los estantes: mi taza favorita del rodeo del año pasado y el tarro de café. Mi mente lo necesitaba urgentemente, para serenarse y alivianar un poco aquella pesadez que sentía encima producto de desvelarme toda una noche, leyendo. —Mouse, por favor… Estás así desde las seis de la mañana… ¿Qué te pasa? ¿Quierés salir?—  y en tanto, que él me seguía como si fuera mi sombra y de que yo esperaba a que se terminara por calentar el agua. Eso seguramente demoraría un poco y sin reparar mucho en mi aspecto adormilado, entoné un bostezo perezoso y aproveché para revolverme mis cabellos castaños. Hoy, tenia en mente llevar a cabo dos cosas: la primera, teñirme de una buena vez el pelo y la ultima, ordenaría la casa a fondo debido a que estaba hecha un completo asco. Así, que como primer paso a seguir, descorrí por completo las cortinas para que se iluminara  la cocina  y levanté un poco las persianas americanas de la cabaña.

Sin querer, apoyé ambas palmas sobre la mesada y me quedé contemplando por un leve instante aquél paisaje solitario que me regalaba ese pedazo de naturaleza viva. Al menos, yo no me había modificado del todo y continuaba teniendo ese gusto particular por vivir en las zonas pocos urbanizadas. Tal vez, desayunar al aire libre era una buena forma de madrugar con todas las letras; por lo que, apuré los tramites para un ligero desayuno y con sumo cuidado, preparé todo lo necesario para que no tener que estar entrando y saliendo. En tanto, que Mouse anticipandosé a mis planes, se paró  en dos patas y usando torpemente sus patas, acabo por girar la perrilla de la puerta de entrada principal. —¡Mouse! —Exclamé fuera de sí, dejando de lado la bandeja y comenzando a perseguirlo. A veces,  no toleraba  que hiciera esas cosas y por el  hecho, de que no nos hallábamos cerca de casa y podía muy fácilmente desorientarse.—¡Mouse, ven aquí!

El muy bandido, cruzó la calle a toda prisa y subió por las escalinatas de madera de la cabaña vecina. Por lo visto, para él le resultaba un juego de lo más entretenido, en tanto, de que para mí significaba una experiencia de lo más escalofriante. Bueno, al menos, no iba del todo mal: andaba usando unos sencillos jeans cortos, una playera sin mangas y unos tenis desgatados ya que, como anteriormente dije, me esperaba una lista larga de quehaceres. —¿Por ésto andabas tan loco? Aish... ¡Mouse!— le regañé un tanto molesta y sin evitar de mimarlo como sólo a él  le gustaba. Aunque, me llamó enormemente la atención, que se oyera música desde el interior y siendo lo bastante curiosa. Toqué el timbre y aguardé en silencio. Al tiempo, de que pensaba en todas las posibilidades de quién o quiénes podrían estar habitando allí. ¿Buena forma de saludar la mía, no?

Mouse:
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Miér Jun 11, 2014 2:23 am

Y mientras tenía una constante lucha de abrir o no, comenzó a percatar sonidos externos: el ladrido de un perro. Aquello provocó que su perro Okami, también hiciera lo mismo, comunicándose por instinto apenas oír un ladrido desconocido. No le dijo nada, le pareció la cosa más natural del mundo. Más su problema seguía persistiendo, así que lo solucionaría de la forma más práctica y descortés posible. Entonces le pico el bicho inseguro de, ¿y si son testigos de Jehová?, no tenía ganas de escucharlos predicar la palabra de dios, pero, siempre huye de ellos de maneras originales: una vez se hizo pasar por sordomudo; otra, intento hablar en ruso aunque sabía poco, funcionó más aquí no debe servir fingir ser de otro país pues, deben tener sabido que hay personas interraciales conviviendo en una misma isla sin que se quiten los ojos los uno de los otros. Tony es racista pero no sólo por color, sino por nacionalidad, edad, sexo y todo ser que se haga llamar “ser humano”. Apoyo su mano en el picaporte, y en tanto miraba de reojo a su mascota, ésta le incitaba con la cola a que abriese para poder conocer a su nuevo amiguito.

Mordió su labio inferior y decidió abrir de un tirón la puerta. Le tomó unos cinco segundos en identificar a una mujer de talla mediana, en tanto dejaba apreciar sus piernas doradas en ésta resplandeciente mañana. Su mirada iba ascendiendo lentamente, estaba analizándola con cautela para saber a quién tiene de vecina para después alejarse y poner por las dudas, repelente anti-vecinas molestas en la entrada de su cabaña. ¿Qué tan difícil es guardarse para sí las bienvenidas?, cierto, nadie le conoce y no está en su pueblo natal. Por un milisegundo sus pupilas desprendieron un destello enigmático de deseo, duró poco, muy poco y mientras tanto profesaba frialdad en cada uno de sus poros como respuesta, no habló, ¿para que decir algo amigable cuando no tenía ganas? Es de esos tipos que se muestra como es, desagradable, sin pelos en la lengua y cuando intenta ser “buena gente” es mejor salir despavorido lo antes posible.  

Inmediatamente luego de su análisis breve, cerró la puerta de lleno en la propia nariz de la joven castaña. Su perro, quién había estado entusiasmado, se sentó en sus patas traseras y ladeó el rostro sin comprender ése acto. — La atendí, cuando noté que no traía regalos cerré la puerta. ¿Está mal? —excusó tranquilo. Quizás, y sólo quizás le hubiera dejado entrar con algún regalo típico de hospitalidad, torta, una botella de vino barata, lo que sea, tal vez con eso le llame la atención, para su desgracia, no fue así. Bueno, no es el hombre más social del mundo, pero es que no sabe hacerlo y nunca se le dio bien hacerlo. Pero por más extraño que parezca, ha tenido al menos novias a lo largo de su joven vida, posiblemente por su lado infantil o algo que llama a las mujeres, ¿su físico?, ¿su inteligencia?, ¿su personalidad? La verdad, no tiene idea que es, simplemente la cosa se dio y punto.

Se encogió de hombros y siguió a lo suyo, para su desgracia, el perro comenzó a quejarse y raspar la puerta con tristeza. La música seguía sonando, rodando el disco de Héctor Lavoe. — Entiendo que te gustaría conocer ése perro, sin embargo, a mi no me gustaría conocer a ésa fulana —le dijo—, ahora deja de raspar la puerta o tendremos que pagar por los daños. —Una vez decirlo, el perro aulló. Afiló la mirada, no iba a dejar que el perro saliera porque al ser de raza, pueden robarlo. Sabía que significaba eso o al menos comprende que le haría falta "algo".

«Pobre perro, ¿no ves que sufre?, lo estás maltratando»

No maltrato a Okami… —refunfuñó entre dientes, expresando por primera vez en todo el día, era una de esas disputas mentales con una figura grotesca y distorsionada de las que veía cada tanto. Caminó a la puerta y se resignó, apurando el paso en caso que la muchacha se haya ido. — Sólo dejaré pasar a tu perro, a ti no —exclamó desde su lugar, apoyando su cuerpo en el marco de la puerta e interfiriendo para que el husky siberiano no salga disparado.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Carrie S. Northman el Vie Jun 13, 2014 2:50 am


Tanta tardanza de parte del misterioso habitante, me estaba poniendo demasiado ansiosa y a su vez, que me estaba comenzando a preocupar de sobremanera. ¿Había sido correcto llamarlo por la mera curiosidad? Aunque, ahora, le comprendía a Mouse cuando se sentía demasiado impaciente por saber más allá de lo que ve a diario. Tampoco, es de extrañar que un perro actué en base a sus propios instintos y se mueva además por una imperiosa necesidad de descubrir. Hablando de perros, mi mascota continuaba todavía estática frente a la puerta, a la igual espera que yo, de que la abriera. Parecía una estatua de jardín y sólo emitía alguna clase de reacción, cuando escuchaba algún sonido extraño desde el interior de la vivienda. No obstante, ya estaba empezando a asimilar la idea de escaparme de aquél porche y regresar a por mi desayuno, él cual ya para el tiempo que llevé allí parada, estaría lo suficiente tibio y el agua seguramente ya se habría hervido al punto de evaporarse.

Tal vez, aquella persona desconocida, se vio interrumpida por mi presencia intrusa y se negaba a hacer todo contacto conmigo, o simplemente, sería una testigo clave de uno de esos típicos momentos embarazosos que le contaría a mis nietos en un futuro lejano: una abuela que admiró más de lo que debería ver. De pronto, un nuevo ladrido grave de Mouse me atrajó a la realidad y me hizo abrir los ojos como compota. ¿Un aullido? Vaya, mi vecino o vecina tendría un lobo por mascota y sin poder evitarlo, viajé mi vista animada para ver que respuesta facial le dedicaría mi ovejero belga. Reí. Él se había erguido sobre sus cuatro extremidades y bajo su ávida nariz para olfatear la puerta en busca de su amigo encerrado. Sabía que estaba allí, lo dedujé casi enseguida por su intenso movimiento de cola. — Muéstrate tranquilo. ¿No querás dar malas impresiones, no? — y al decir eso, me agaché hasta quedar a su altura y le acaricié con ambas manos por detrás de las orejas, cariñosa.— Sino, no tendrás ésta noche tú capitulo de Colmillo Blanco.

Desde que supe que teníamos ese pasatiempo en común, no había noche en que no le relatara un nuevo titulo de mi biblioteca personalizada o que retiraba de otra de forma publica. Para muchos, éso se volvía algo insignificante y muy absurdo. Pero, para mí, darme cuenta que un animal compartía un vinculo tan intimo como lo sería una hora de lectura, me brindaba cierta esperanza de que esté mundo no estaba del todo podrido. ¿Tanto se nota que me encantan los animales? Digamos, que son los únicos seres con los que me podía expresar abiertamente y los que me regalaban un cierto grado de seguridad. Entonces, no falto mucho para que respondiera con un ligero sobresalto y me quedará justo al lado de mi perro. La puerta después de un largo rato de esperar se hizo presente, la imagen de unos zapatos fueron memorizados dentro de mi cerebro y me obligó a continuar en posición cabizbaja, no se trataban de los zapatos de una mujer y sin poder evitarlo mi esqueleto tembló para sus adentros. ¿Ya debería levantar la vista? ¿Hacer el contacto debido? Me olvidé que estaba con Mouse, me olvidé de mi desayuno y de los motivos por los cuáles estaba allí. Frente a su puerta. Frente a él. Mi mente se nubló por completo, al no saber que hacer o decir.

Por reflejo natural, cerré los ojos y los entreabrí. El individuo, sin nombre, en respuesta me tiró la puerta en la cara. Suerte, que no estaba lo suficiente cerca como para recibirla de lleno. Ok, un fenomoide se mudó a unos metros míos y lo peor, que era un completo grosero de siete suelas. ¿Y yo pensaba invitarle a desayunar de forma amistosa? ¡Debo estar demente! La fiereza regresó a mi cuerpo y con determinación, me levanté de esa incomoda postura y le di la espalda a la maldita puerta para poder descender con soltura, por aquellos mismos peldaños que subí, minutos anteriores. Seguramente, mi rostro delataría lo cuán enojada que estaba y el que me haya asumido en un mutismo, corroboraba que no sería para nada bueno e intentar enmendar un error cómo lo fue aquél. ¿Valía mi enojo? Por un instante, pusé en práctica una técnica de relajación efectiva de yoga. Respira y suelta. Respira y suelta.

Antes de tocar de nuevo el suelo firme, le silbé a Mouse y esté no tardo en seguirme fielmente. Su plaquita hacia ruidillo de lo más armonioso, no era algo lo bastante estridente y se me restregó un poco contra una de mis piernas; y sí, ya pude sentirme mejor al recibir aquello.—Es de mala educación lo que hizo. —le critiqué a ese hombre que reapareció de entre los muertos y penetrándolo con mi mirada avellana, oscurecida, detrás de una tela de varias emociones reprimidas. — Pues, ya que tanto desea pasar un rato con él. ¿Cuánto es lo que cobra por ser niñera? —Fue una pregunta poco natural de mi boca,  pocas veces  me comportaba tan sarcásticamente, pero él se lo había ganado de mi parte.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Vie Jun 13, 2014 4:01 am

Estaba parado, esperando contestación acertada que no implique una conversación más que de: sí o no. Mirando a la dama con cierto desdén, demasiado desdén, incluso ella podría sentir el desdén a kilómetros, donde iba esparciéndose en el aire en partículas que viajaban por las brisas del suroeste. Demasiado poético, pero era una mirada muy letal. Se fijo en el perro, y después miró la cabaña de al lado, ¿ella sería su vecina de ahora en más? De pensar en forjar alguna clase de amistad, le daban nauseas y hasta sentía vibraciones desde sus entrañas… ¡Ah no!, eso es hambre, sólo que él no sabe apreciar la diferencia en estos precisos momentos. Enarcó su ceja, ¿le estaba hablando en serio?, ¿realmente le decía esas palabras al joven Anthony? Le resultó en parte gracioso, nadie puede hacerle reír, más sus pirañas, cuando engullen a prisas los cadáveres que les da para alimentarles. — Interesante contestación, ¿acaso tocarle la puerta a un desconocido e interrumpir sus quehaceres, no es de mala educación también? —refutó, bastante simple y sin rodeos. — ¿O es que acaso no tengo derecho a rechazar invitados no deseados? —Siguió preguntando, aún más irónico que la pregunta anterior. Realmente no entiende, ¿se enojan porque se expresa libremente por el mundo?, ¿qué hay con sus derechos de poder decidir?

Por estas razones y otras más, es un renegado a socializar. — Recién me entero que rechazar, ahora es sinónimo de descortesía… —Y mira que él si sabe ser grosero. Sus ojos posaron ésta vez en el rostro ajeno, por veces le notaba rasgos familiares, como si hubiera visto ésa cara en otra parte, una copia y pega que por momentos eran pequeños flashes de: “a ti te conozco, pero nunca me crucé contigo en mi puta vida”. Estiró su mano y acarició a su perro quién yacía sentado a su lado, moviendo la cola felizmente sin entender pepino de lo que hablaban aquellos humanos. Después ella saltó con algo que lo descolocó un poco, ¿niñera?, bueno, se puede decir que es una niñera de prostitutas. Se encogió de hombros, no entiende como es que las personas se dignen a discutir en vez de seguir de largo, es como si quisiesen confortarse y ganar una batalla de lengua para sentirse plenos. — Un desayuno —contestó, recién nota el rugido de su estómago resonar, no ha comido nada desde que se levanto, mal, muy mal. Eso es imperdonable incluso para él. ¿Y por qué no?, ya que la contraria proponía había que aprovecharlo.

Pero tendrás que hacerlo en mi cocina —mostró cierta mueca, es que es muy desconfiado, ¿qué pasa si le envenena?, bueno, no le parecía una idea tan mala. Entonces se dio cuenta que la oración daba para mal pensar, y hasta ya se imagino la escena salvaje: Ella completamente desnuda con un delantal encima, cocinando su desayuno favorito mientras la embiste por detrás, siendo sodomizada por su cuerpo caliente. Rápidamente cortó la imagen, le dieron escalofríos y cierta subida de adrenalina; nada se puede hacer, es del sexo masculino y la necesidad está vigente. — ¿A qué esperas?, ¿no querías entrar y conocer al vecino? Lo conseguiste —sonaba a que fue derrotado, todo lo contrario, sólo le dio el gusto para humillarla más de lo que ya hizo… Eso significa que se aburrió de acomodar cajas, y ahora necesitaba un entretenimiento, sí, así de fácil cambia su forma de pensar. Espontánea, es el mejor calificativo.

Una vez darle la espalda, se metió a su guarida, y el perro le siguió por instinto. Había cajas semiabiertas, y algunas cosas pulcramente ordenadas como si un neurótico viviera allí. Se tiró en el sofá aún con la bolsa plástica y entrecerró sus ojos. — No esperes que quiera saber de tu vida, sólo déjame a tu adorable perro, tú hazme el desayuno —murmuró suave, tendría otro perro y un desayuno casero a manos de una mujer. — Tendrás que traer comida de tu casa, hoy no fui al supermercado. —Parece que lo hizo a propósito, hacerla entrar para que ella vuelva a salir, y sonrió levemente, cerrando sus ojos por completo como si hubiera hecho la gran travesura de su vida.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Carrie S. Northman el Lun Jun 16, 2014 1:28 am

— Los tiene. Pero, hay que reconocer que existen formas y formas de espantar a la gente. Aunque…. Usted, parece tener ése efecto sin hacer mucho esfuerzo. — ¡Bang!, disparé rápida para cortarle de una. Aunque, por otro lado, él se negaba a dar por terminada nuestra discusión ya que se esmeraba en quererla continuar con preguntas y más preguntas. ¿Qué ganábamos? ¿No me quería fuera de su propiedad? Bueno, ya lo estaba logrando y sólo faltaba a que yo diera unos cuantos pasos para salir finalmente de su vida. Sencillo y conciso. —Además, no tengo deseos de entrar en una disputa de territorio al estilo Capuletos y Montescos. ¿O qué? ¿Debo andar con la bola de cristal para adivinar: cuándo o no; tiene usted la agenda desocupada? —El momento se había vuelto como una extraña lección de baile pero con palabras y no con acciones físicas, sin que ambos diéramos el brazo a torcer y sin inmutarnos por la expresión del uno u otro.  ¿Qué me obligaba a plantearme todavía allí? De parte ambos, sentía de que nos equivocábamos en lo que andábamos diciendo. Reconozco que mi lengua había hablado por si misma, a causa del propio enojo que me provocó su arrebatamiento anterior. Es que si él hablaba en términos de derecho, yo también los tenia. Era de alma sensible, desgraciadamente, a lo que no siempre podía enfrentarme  ante cualquiera a corazón coraza. Así que tendría que soportarme hasta que destilara la última gota de veneno; que él mismo me generó o simplemente, podría hacer de cuenta que no pasó nada e irme de nuevo a casa, desayunar armoniosa u olvidarme por completo de su egocéntrica presencia. Una solución que se vio demasiado factible dentro de mi mente.

Una cálida brisa hizo que volara uno de mis mechones, uno de los cuales, atrapé y coloqué detrás de mi oreja. Mouse aún se empecinaba por tratar de averiguar cómo sería la mascota de mi nuevo “vecino”. Por lo que intentaba que lo dejara de lado y lo pongo entre comillas, porqué no iba a quedarme eternamente en Krakoa. Mi vida, ya estaba muy bien encaminada en Estados Unidos y no había nada que me atará ni existía ningún motivo, para que volviera en algún futuro allí.—¿Qué...? —Dijé lo bastante ida, luego de estar varios minutos en silencio y parpadeando ligeramente ante su respuesta. Realmente, no me la esperaba viniendo de su persona. ¿Y por qué lo estaba dando por hecho cómo si le conociera?—¡Mouse, era.. el..!—Quisé excusarmé para no tener que entrar y de tener  que estar compartiendo por más tiempo el mismo oxigeno. Aún a sabiendas de que se tratara de un elemento gratuito para todo el mundo.

Quiere ligarme…Tsk.”, sacudí la cabeza de solo pensarlo y encogí un poco mis hombros en timidez. La presencia del hombre se había perdido a la distancia, una vez que traspasó por el umbral de la puerta y de que se llevó consigo a su querido perrito. ¿Un desayuno? Vaya, y yo que ya me estaba preparando mentalmente para lo peor, pero, bueno al menos no era algo imposible. La casa se encontraba totalmente desnuda de muebles, lo único que se podía distinguir era varias cajas abiertas y cerradas. No deseaba explorar demasiado sobre su intimidad, así que con mucho cuidado las fui evitando una por una de tal forma segura como si estuviera caminando sobre un campo de minas explosivas. El tiempo era esencial para sobrevivir a ellas. No obstante, retrocediendo a ciertos detalles del individuo, me sorprendió que tuviera una mascota tan adorable y por lo visto, había congeniando perfectamente con Mouse. Ya que, el mismo siberiano parecía invitarle a dar un tour por cada una de las habitaciones de la cabaña. ¿Cuantas tendría ese par?

—¿Algo más qué deba saber? Digo, por qué no planeaba hacerlo.—Respondí cortante. ruborizándome un poco y sin hacer todavía contacto visual. ¿Quién se creía? Se notaba a una legua, que estaba acostumbrado a que la gente le revoloteara por alrededor y con las mujeres, con ellas seguramente era un maldito desagraciado y hasta ya me lo imaginaba con un cartel en la frente, emitiendo: << Mrs. Sadistic>> ¡No, no!  Lo estaba juzgando sin conocerlo, éso estaba muy mal, muy mal. ¡Ay, lo odio! —¿Qué gusta para su desayuno? —Pregunté drástica para cambiar a un nuevo tema y al mismo tiempo, de que le observé de reojo,  recostarse a lo largo de un sofá. Enarqué una ceja.—Al menos, suel... —y no pude finalizar mi frase, debido que al acercarme de prisa para escucharlo mejor, sufrí de un tropiezo al llevarme puesta una sus cajas y por ende, que caí encima de éste con tal brusquedad que casi estuvimos por hacer Willy.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Jue Jun 19, 2014 4:14 am

A decir verdad, Anthony tiene un pensamiento machista, le gusta someter a la mujer, tener dominio sobre ellas y hacer lo que se le de la gana como si fueran muñecas de juguetes; considerando que, no sabe tratarlas con delicadeza porque bueno, ya tuvo bastante con las otras dos mujeres que le maltrataron. En ése punto, podríamos calificarlo de dominante y de, "un macho que se respeta", como dirían en México. Por lo que es bastante normal, intentar superar a la mujer sea cual sea, tratándola de inferior al nacer con vagina. Término optando dejarla pasar a su humilde morada, ¿qué perdía?, nada, ganaba un desayuno gratis pero tuvo que sacrificar el dejarla entrar, y claro, ahora su único sitio de relajación y de entrada VIP está contaminado. Después cuando la joven se marchará, él se pondría a limpiar los pisos que ella tocó con sus pies sucios (que, no lo están pero para él sí), arrasar con la cocina porque las manos de la fémina tocaron sus cosas... Poner desinfectante y tirar desodorante ambiental para que el perfume de ésta, se esfume. Más ordenar las cajas.

No, nada más. Sólo espero que tengas dotes para la cocina. —Con ése “espero”, se refiere a  que debe saber de cocina, en caso contrario, es capaz de lanzarle la comida al rostro y ensuciarla de comida como si fuera un concurso de lanzar pasteles. De imaginarse que estaría sucia, lamería su mejilla con malicia… ¡No, no!, ¿qué rayos se está imaginando?, ¿acaso está perdiendo la cabeza? ¿O es que su mente inestable quiere jugar un poco? Jamás debió leer a Marqués de Sade. Sólo profundizo su sentido más depravado y violento. Pero la chica le parecía pudorosa, como si no tuviera puta idea de cómo lidiar con un hombre, hablando por veces como toda un ama de casa. Pero incluso él que no sabía lidiar con los de su especie fue capaz de perder la virginidad, de algún modo.  

«No puedes negarlo, está para comérsela»

Mostró cierta mueca en sus labios, mientras todavía sus ojos se hallaban cerrados. Intentando ignorar aquella persistente voz que alteraba su realidad, la realidad que en la que creía vivir con otros seres iguales a él, misma raza de las cuales instintivamente odiaba. Tras oír la pregunta, abrió uno de sus ojos y optó por abrir ambos para mirarla en vista de águila. —  Huevos rancheros y un jugo de naranja —Aquello que pidió era lo más tradicional en el desayuno mexicano, y estaba muy acostumbrado a estas delicias. Aunque claro, puede variar — Pero si no sabes hacerlo —dijo—, haz lo que sepas. —Nuevamente sonaba a doble sentido, ¿adrede?, ¡no!, le fluía sin intenciones, sin doble sentido, y después al rato, se daba cuenta respecto a la bestialidad que dijo frente a alguien que se supone que le atrae, desde que abrió la puerta.

La frase de la ajena no se pudo completar, debido a un tropezón que hasta el mismo Anthony le pareció estúpida, tanto así que le quedo grabado que fue a propósito o sino, por alguna brujería impuesta por aquellos seres que suele vislumbrar de la nada. Él no se movió, más que estirar el brazo por inercia para sujetarla, aforrándose al muslo trasero de la joven. Lo sintió firme, redondo y sostenible, más la cálida respiración de la susodicha sobre su cuerpo tonificado. — Pero miren nada más —murmuró íntimamente—, la vecina coqueteando con el vecino. —Comenzó a reír, y no de una forma agradable, cesando en cuestión de segundos para volver a un rígido rostro. Esto le hizo acordar a una película porno que llegó a mirar por curiosidad, no tenía argumento, ni diálogos complejos, simplemente se conocían y pasaban a la acción de un momento a otro. Sus manos subieron lentamente por su espalda, abrazándola para volverla prisionera hasta por fin arrebatarle un suspiro de sus labios, aunque, imaginemos esto como si fuera una escena de la naturaleza:

Él, un escorpión venenoso color negro en medio del desierto, sujeta a la presa y por fin clava secamente su aguijón mortal para matar a su víctima y degustarla por fin. Sería totalmente, una escena macabra no apta para susceptibles. Así que su beso lo podríamos catalogar de tóxico, y el muy bastardo lo sabe. Sin embargo, para él un beso, es una cosa inmunda porque miles de microbios son transmitidos oralmente; pero, por eso quería regalar un poco de su veneno, total, no le cuesta nada. Apenas relamió los labios contrarios tras separarse, y mostró una sonrisilla prepotente para bajarla abruptamente de él, sin importarle si la caída al suelo le dolió o no. — Tengo hambre, mucha.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Carrie S. Northman el Dom Jun 22, 2014 12:44 am

Desde que crucé por aquella puerta, ya del vamos, mi mente supuso que algo oscuro tramaba. Había estado perfectamente hilado y yo, como buena estúpida, entré mansamente a la boca del lobo para volverme su comida, su plato principal y quizás, saltearíamos esa parte para que sea directamente su postre matutino. ¿Por quién me andaba tomando esté? O mejor dicho… ¿¡Por qué carajo los dioses conspiraban contra mí el día hoy!? Esto me pasaba por ser tan ingenua, tendría que haberle declinado desde un principio e irme con el rabo entre las patas, con el veneno encima, pero al menos hubiese evitado estar compartiendo el mismo techo que el señor debajo de mío. Intenté no moverme lo suficiente, como para evitar de toquetear alguna parte indebida de su cuerpo e inclusive, algún rastro de piel ajena. Irónico, cuando él todavía llevaba su ropa puesta. Dije... ¿Todavía? Ok.  ¿Cómo qué se tardaron varios siglos en funcionarme, no? ¡Gracias, muchísimas gracias! Por activarse justamente ahora. ¡Jodidas hormonas de mierda y la que me lleva el puto diablo! ¿¡No podía haber sido otro!?

La música de forma extraña se fue acompasando con el ambiente, brindando ciertos aires íntimos a nuestro alrededor. Mi cabeza pronto colapsaría y ya temía que iba hacer algo muy arriesgado. Por qué los hombres me provocaban fácilmente a que interpretara el papel de la fiera asesina, una poco piadosa, y más cuando éstos mismos se proponían a pasar a segunda base conmigo. Tragué saliva. Pudé escuchar sin problemas el ritmo de su corazón, sus latidos eran lentos y sumamente serenos, casi asemejándose al silbido que producía viento en la  primavera. Tan así era, que no falto mucho para que me embargará una serie de escalofríos a la columna. ¿Cuánto tiempo habríamos pasado juntos? ¿Un minuto? ¿Medio minuto y medio? Ah, relajarse teniendo a este tipo cerca era un reto casi imposible de alcanzar. Mi pelo seguramente caería en cortina sobre su rostro, si me erguía del todo, usando tan sólo mis dos manos y de que las apoyará a los costados de su cabeza; con tal de tener un mejor plano de él. Esé rostro de yo no fui y que tanto me incitaba a arracarselo con mis dientes. Gruñí por lo debajo. —Eres un hijo de tú perra madre.... —Mascullé en cumplido, antes de se atreviera a besarme sin delicadeza alguna.

De repente, recordé la última escena del jinete sin cabeza: dónde el mercenario muerto, con la cabeza en su sitio, carne, cerebro y demás se encontraba montando en su bellísimo caballo negro y  teniendo a cuestas a la bruja que lo tuvo de hijo durante todo el transcurso de la película. Convengamos, que la tipa quería vengarse de medio pueblo por motivos que no venían justamente al caso. No obstante, volviendo al tema de la escena, siempre me resultaba de lo más adictiva de ver y no restaba el tiempo, de que la repitiera una y otra vez, al punto de que se me gravó a fuego en mis retinas. Bueno, en esos momentos, me sentía en los zapatos de ella. Gemí contra su boca y quisé separarme de él pero, como si fuera fácil lectura me lo impidió cualquier movimiento. El alma se me había ido del cuerpo y fue a parar a vaya saber que lado. En tanto que mi sentido nervioso me respondía con crueles hormigueos al estomago, temblores y algunos cortos suspires. Jamás pensé de que tuviera la capacidad de emitirlos y éso ya me estaba empezando asustar.

"Ya, Sookie... Despierta. Ya pasó."


—Yo también tengo... —Anuncié casi jadeante y sin mirarle a la cara, no podía después de lo que ocurrió hace segundos atrás. En vano, apenas lograba reordenar las pocas ideas que tenía y las otras que hubiese podido llegar a tener se fueron conjuntamente al mismo lugar que mi alma. Para colmo, el otro lo disfrutaba con tremenda cizaña. Apreté mis dientes. ¿Cómo se lo devolvería? ¿Cómo? Dejé que mi vista viajará directo a sus piernas, ahí se hallaba la respuesta y sin quererlo comencé a sonreí de lado. —Sabes...— Formulé una pausa, incorporandomé del suelo y al mismo tiempo, de que lo agarré al vuelo por las piernas con la intención de tirarlo al suelo. —Meditar un poquito con el suelo, no le vendrá nada mal. Por cierto, pasaré al baño y descuida, no haré muchas cosas obscenas en él. —Dicho eso ultimo, me encaminé rumbo hacia la puerta y no sin antes decirle: —Y  besarle es peor que masticar una tarántula viva y con veneno encima. Una completa patada al hígado. —Claramente, le andaba mintiendo, pero él no tenía por qué saber lo que pensaba al respecto.
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Mar Jun 24, 2014 3:14 am

Algo es certero, desde el inicio de su “crítica”, ella estuvo sometida a una clase de prueba. Un examen. Uno en el que a Anthony no le interesaba ganar o perder la discusión, sino, medir el nivel de intelectualidad con la que estaba tratando. Claro, ella no lo sabe, ni lo sabrá. Además que, siempre escupe veneno por ser ya su forma de ser, su odio lo deja fluir sin importar con quién trate y más, si es una mujer de las que siempre tacha de inferior. Sin embargo, más allá de eso, estaba tranquilo, demasiado. Buceando en la habitación, pacífico en éste arrecife nuevo del cual desconoce. Sería incorrecto decir que un tiburón es peligroso, pues, sólo lo es cuando busca satisfacer su hambre o se ve a punto de ser cazado. Ahora mismo, no sentía ése hambre ni se sentía amenazado porque, siendo un ambiente nuevo, y teniendo enfrente a alguien que no esperaba, no se comportaría como él, es más, se está comportando demasiado confianzudo con la chica. Ya que hace rato le hubiera lanzado en la cabeza el jarrón que adorna, para terminar de ahuyentarla.

A estas alturas ya le importaba un comino lo que decía, no perdió del todo el interés pues, la castaña era más bella de lo que Anthony Wells había sospechado. Era, en verdad, perturbadora: mirada alerta e ingenua, piernas contorneadas, caderas sugerentes, senos contundentes, y una voz dulce de la que sacaba provecho. ¿Cuántos hombres habrán perdido la cabeza por ésta mujer y ella no se dio cuenta?, pensó. El tiburón siempre consideró peligrosas el sexo opuesto, por ello, debían ser amaestradas como mascotas domesticas. Cruel y machista, como él solo.

Es un niño curioso, aprovecha cada minuto en descubrir cosas nuevas, simulando desinterés cuando en verdad quiere más. Es ambicioso, o no trabajaría en una jungla donde la trata de gente es el terreno más peligroso. Llevaba el beso como estribos, donde él, era el jinete y ella el animal al cual debía amansar. ¡Hijo de puta!, ¡disfrutaba ése beso! Sus labios terminaron ardiendo, prendiéndose fuego con el contacto de piel. Era un entretenido juego, algo casual y como es de saberse, sería la víctima y el victimario. Apenas escuchó sus palabras, ¿también tenía hambre?, ¿o es que tenía hambre de otra cosa?, pensó inmediatamente. Sintiendo las manos femeninas agarrarle por las piernas y terminar arrastrándole hasta el suelo. Se quejo apenas, pues, su trasero había chocado contra la madera. — Vete al de tu casa si quieres hacer cosas sucias, yo no quiero que te masturbes en mi baño —atinó siseando, la cosa no podía ponerse peor. Se fue levantando con pesadez, y pararse inmediatamente para seguirle el paso, ¿cómo se le ocurre pasar a su baño?, ¡su baño!

Era la idea. Quería envenenarte para ver como te retorcías —dijo, de lo más sincero, ya que en principio lo consideró así. Bruscamente la agarró del brazo, sin delicadeza. Se estaba preguntando  si ella realmente estaba excitada; arqueó la ceja, solo había sido un beso, uno maldito, por supuesto. — Hazme el desayuno, te aguantas si quieres tocarte —puntualizó sin muchos rodeos, reiterando y siguiendo en el mismo tema, pues, ella dijo que no haría muchas cosas obscenas, y él se lo tomó al pie de la letra. La fue soltando, pero permanecía aún cerca de ella. Como torbellino, la sujeto de aquél redondo cachete que tenía por trasero, aforrándose a él, era eso o era su seno, una de dos—. Pero si no puedes aguantar —murmuró—, puedo ayudar. —Finalizada la frase, sonreía maliciosamente, él ha seducido muchas mujeres, y no, no de forma convencional, una bastante atrevida y poco formal. ¿Será por eso que algunas caían redondas a sus juegos zorrunos?
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Carrie S. Northman el Vie Jun 27, 2014 3:19 am

Podía sentir el sabor de la victoria en mi boca, nunca pensé que decir o hacer semejante hazaña me mejoraría tan rápido el humor. Es más, hasta estuvé apunto de reírmele en su cara al verlo despanzurrado por el suelo aunque, bueno se lo tenia bien merecido por comportarse como un maldito canalla. ¿Acaso me vio cara? No era su maldita esclava ni mucho menos, su perro para hacer cuanta gracia boba que se le viniera a la mente. No y absolutamente, no. Y si pensaba que haciendosé el guapo citadino conmigo iba a ganar algo, ya del vamos, se estaba ganando varios puntos negativos conmigo. En primera: sí, no le interesaba en lo más mínimo tal y cómo me lo aclaró en un principio estando a solas dentro su living. Bajo qué motivos entonces…. ¿Se atrevió a besarme de esa forma? Tan electrizante y por demás virulenta. ¿Qué ganaba con todo aquello? ¿Para hacerme enrabiar al divino botón?

“Para joderme la existencia y porque soy la única idiota que tiene más cerca. Grr... ” Pensé.

El ambiente se volvía cada vez más tenso para mí, por eso, es que deseé ponerle un cierto freno a toda la situación e irme a refrescar un poco la cara. Seguramente mi cara sería un completo desastre, ojeroso, con algunos restos de lagaña y mí cabello… ¡Oh, mi dios! Seguramente sería lo único decente que se libró de las garras de mi monstruoso anfitrión y para colmo aún seguía conservando aquellas secuelas de haberlo besado contra mis labios. Fue tal cual estuviera saboreando un caramelo de menta fuerte y a la vez, que le tiras algo de sal encima. Debería sentir asco de mi misma por pensar semejante cosas perversas. ¿Será ese su verdadero efecto? ¡Es un demonio con cuerpo de hombre! y me irritá tanto que le haría la próxima vez la zancadilla.  Sacudí la cabeza. Aunque, por lo visto, tenía preferencia por las fáciles. ¡Aght! Bueno, cuando terminé de prepararle su querido desayuno, le dejaré a modo de imán en la puerta de su refrigerador la dirección más próxima a la zona roja de Krakoa. Así, se le bajará un poquito ésos humos de semental que tiene y solucionado el tema.

—¡Oye!, ¿cuál es tu maldito problema? o mejor dicho: ¿Quién te dio el derecho de ponerme un dedo encima?—Le encaré entre sorprendida y molesta, se estaba tomando demasiadas atribuciones; y terminaría por darle un puñetazo. Hasta los vellos de la nuca se me increparon con aquél agarre, no me gustaba y me hacía sentir sumamente incomoda. Desvié mi vista, aspirando lo suficiente y mordiéndome los labios. —¿No me puedes dar un respiro? En serio y además, de que pensaba lavarme la cara.—Respondí segura, aunque no le basto con que me había seguido que se digno a tocarme el trasero y de que terminó por provocarme a actuar cuan gato arisco al agua. —¡Hey! No me toques! ¿Qué tienes con mi trasero? ¡Es MIO no tuyo! —finalicé gritandole ya fuera de si,  con las mejillas ardiéndome en vergüenza y dándole su merecido puntapié. —¡Eres un idiota!

Ahora, si deseaba hallar la puerta del baño. ¿Dónde estaría? ¡¿¡Por qué tenia que haber tantas puertas?! Entonces, antes de que el otro se recompusiera para usarme de nuevo de marioneta, me introdujé al primer cuarto que divisé y al mismo tiempo que le coloqué traba. —¡No pienso salir! Así, que ve a rebuscarte tú sólo la comida... O mejor, aún ¡Cágate de hambre!—Exclamé desafiante, para luego caer en la cuenta de que me había hundido más sobre el fango. ¡Mierda! Ya esto se parecia el cuento de la caperucita y el lobo, pero, el lobo no se iba a comer precisamente a la abuelita...
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Re: «Truth & consequences» Carrie S.

Mensaje por Anthony E. Wells el Lun Jun 30, 2014 12:11 am

Allí estaba. Haciendo de las suyas de una manera tan él. Aferrándose al cachete ajeno como si fuera una garrapata que quiere succionar, y no sangre exactamente. La aprisionaba firme y duro, imponente, arrogante e incluso tenía vestigios de estar riéndose internamente. ¿Y que puede hacer?, si ella se veía débil y frágil, como una muñeca que puede romperse si la deja caer al suelo. Tampoco es que le importe que ella termine hecha añicos, porque, nunca le importó nada en verdad. Arqueó una ceja cuando a ésta la notó histérica, y el atrevido se animó a sonreír descaradamente. Es que, le parecía una chiquilla quisquillosa que le molestaba el contacto tan poco sutil que parecía no estar acostumbrada a ello. Hasta comenzaba a formularse si ésta en verdad era virgen, cosa que le parecía un asunto delicado porque… son como criaturas ya extinguidas, difíciles de encontrar en una mina que escasea. ¡Por favor!; ¡tiene en sus manos una joyita!, debería aprovecharlo al máximo, pensó profundamente, perdiendo el hilo y revelando el verdadero monstruo que yace en su interior. El dominante que toda mujer querría en una relación sadomasoquista.  

Ya sé que es tuyo pero se siente muy rico —contestó con mucha simpleza en su idioma, de la forma más desvergonzada. Observando como su rostro hacía muchas variaciones, mientras que él, desconocía en absoluto que quería decirle con ése rostro angelical. Sin duda, le parecía la diosa de la ingenuidad representada frente a sus ojos. Y pensar que él sabe demasiado acerca de lo que los seres como él, se atreven a hacer, con putas o simplemente alguien que merezca ser llamado “pareja”. Notó como el cabello le caía en abundancia, tapando sus hombros, la chica tenía su atractivo, recordando a chicas americanas que iban en esas fachas sin embargo, no alcanzaba para el tiburón.

Uy, la gata saco las garras… —ladeó el rostro, lo había dicho muy tranquilo pese a que la otra actuaba con más furia, pero que le haya dado un puntapié explotó una burbuja de calma.

Chasqueó su lengua, la otra salió disparada como un animalito que corre de su depredador y a una velocidad, quién corre una maratón, él fue en su búsqueda. Tarde, la otra le cerró la puerta y todavía, se metió dentro de su cuarto. — Vale, aceptaba que te ibas a meter en mi baño para hacer guarradas, ¿pero meterte a mi cuarto?, ¡¿MI CUARTO?! ¿Acaso piensas hacer cochinadas ahí?, ¡serás sucia! —exclamó, yendo su paciencia en picada, es muy fácil que la pierda. La otra con cada segundo iba armando una bomba de tiempo y no falta nada para que estalle. Golpeó la puerta, maldiciendo muchas veces en su idioma—. ¡Chinga tu madre, pinche castaña! ¡Sal de ahí o derribaré la puerta, pendeja y te arrepentirás de haber nacido! —exclamaba eufórico completamente en español al más puro estilo mexicano, dando sucesivos golpes con sus puños. Los perros ladraban en tanto aquél gritaba muy alto, y por fin pateo la puerta—. Gringa, ¡tenías que ser gringa!

Rondó de un lado a otro por el pasillo, pensando como iba a hacer para que la otra salga sin tener que ensuciarse las manos. Se detuvo y frunció el ceño, la fulana al parecer no se lo pensó bien antes de entrar, porque, ¿quién rayos se encierra en un cuarto de un desconocido?, ¿y cuánto tiempo se iba quedar ahí dentro? No importa, el mexicano respiraba agitado, escuchando como los perros aún ladraban y se mantenían cerca de él, pero eso no le importaba, ¡le importaba que la tipa saliera de su cuarto!—Te estás ganando un tiro en la frente —dijo frío, ya en una actitud seria. Se apoyó en la pared, haciendo de guardia cerca de la entrada a su dormitorio. Entonces escuchó aquella vocecita, incitándole a que rompiera la puerta a hachazos. No era mala idea.
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