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Mensaje por Carrie S. Northman el Lun Abr 07, 2014 1:48 am

El reproductor de música sintonizaba pistas al azar como de costumbre, sin trastocarse y sin tampoco apaciguar aquellas intoxicantes melodías o apacibles letras que servían a buen efecto de vigorizante cóctel para mi alborotada conciencia. A veces en respuesta a ese estado meneaba la cabeza acompasada, a ojos cerrados y reía sola totalmente ajena de los comentarios que se pudieran asumirse a mi alrededor. Por suerte, hoy toda esa odisea acababa a unas diez calles más adelante y siendo el punto culmine de mi ultima parada el mismísimo supermercado. Además, de que quería disfrutar del propio albedrío, que me brindaban aquellos días. Antes de centrarme de lleno, una vez mas sobre los laboriosos deberes provenientes de un vocación vigilante y aparte por que deseaba olvidarme, por un momento de la molestosa sensación que me generaba en cuanto al tema del regreso a Texas. Matheus se había comunicado está mañana conmigo y por su timbre sonaba demasiado preocupado.

Entrecerré mis ojos, sombría;  de mientras que mantenía desde hace veinte minutos apoyado un codo contra la ventanilla del ómnibus y continuaba en posición cabizbaja. ¿Qué males le estarían aguijoneando? ¿Otra vez se metió en problemas? Dios, y para colmo lograba hacerme enrabiar de la preocupación cuando se ponía en plan de encubrir sus innumerables metidas de pata. Aunque, bueno así era él y no podía modificar ese hecho, por mucho que lo anhelará fervientemente. Observé el panorama del vehículo ceñuda, teniendo todavía los auriculares puestos en mis orejas y al tiempo que resonaba "Hotel California" a topé. Los primeros asientos se encontraban desocupados de gente, a mi mano izquierda un hombre entrado en años  dormitaba aferrado a su único sostén de madera y a mis espaldas, una parejita de jóvenes enamoradizos hablaban muy animados sobre vaya saber qué y no cuento el derecho por que lo veo  innecesario.

"On a dark desert highway
Cool wind in my hair"

(En un oscuro camino del desierto/
viento frío en mi pelo... )

Los inicios de esa canción se amoldaban con el ambiente, tan bien que causaba tremendo estupor y se me figuraba un cuadro por demás bastante tétrico. Casi al punto de decir: que me transfería a un profundo coma cuatro. No obstante el vehículo se detuvo a centímetros de una parada desconocida para mi. Aunque al contemplarlo media ida producto de navegar en la luna de valencia, e hizo que brincará de mi incomodo asiento y corriera a zancadas rumbo hacia la salida trasera . Algunos mechones se escaparon de mi improvisada coleta baja para caer salvajes a ambos costados de mi cabeza, boqueé y toqué al final ese botón tentador  digno del mirar travieso de cualquier infante. ¿Quién no se sedujo de chico con eso?  Con cuidado descendí cada uno de los peldaños y luego, de estar unos ciertos minutos en el interior del endemoniado cacharro pisé el humilde suelo firme.

"Tsk, ahora viene lo peor...", dije entre mí, echando un vistazo parsimonioso por el sitio, moviendo mis piernas con un caminar pausado y tiritando un collar de etiquetas que adornaban la zona expuesta de mi clavícula.  Ahora, solamente faltaba desatracar uno de los carritos de su correspondiente fila para así, adentrarme dentro de esa soberbia jungla de ofertas llamativas.
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Mensaje por Aron G. Lindberg el Lun Abr 07, 2014 4:41 am

Velocidad. Adrenalina. El viento rozar tu cara. Así es como yo me sentía montando una motocicleta de gran tamaño para un hombre de mi talla. Es alquilada, pero sería digna de ponerla en mi lista de colección, sí, como un playlist pero versión vehículos. ¿Qué puedo decir?, soy como los futuristas que aman las máquinas. Con el famoso manifiesto presente: “Un automóvil de carreras es más hermoso que la Victoria de Samotracia.” Pero acabo rápido, esfumándose pero aún recordando que una vez existió tal vanguardia, sólo los gajos han quedado para no ser simplemente tirados a la basura, porque, sigue siendo manifestaciones del hombre. Vanas creaciones que rompieron con lo tradicional.

El mediodía se hace notar, pues el sol ardía en todo su esplendor, esa estrella ardiente que quería quemar la tierra y a nosotros por ser... ¿malvada?, no nada de eso, simplemente es la naturaleza haciendo su trabajo. Y de mientras andaba bajo los intentos rayos de ésta, observaba el sendero y el camino que me guía al pequeño pedazo de civilización que existe en la isla, administrada al menos con un supermercado para alimentar a los nativos del lugar, y claro, a los turistas que necesitan de suministros básicos e indispensables. Grandes árboles alrededor, si fuera de noche, darían un escenario macabro mientras al son de unas brisas mecen sus copas. Eso lo hallaría atractivo a la vista, soy portador de un raro gusto por lo oscuro y lo que podría llamarse, intenso juego psicológico. Asustando desde tiempos inmemorables a los humanos por los mil y un símbolos que se han adjudicado a la oscuridad gracias a las películas y los libros.

Algunas personas se avistaban a lo lejos, entrando, saliendo del mismo local como hormiguitas que trasladan migajas al hormiguero. Detuve la moto en el aparcamiento, y de paso poniendo las cadenas para no tener que pagar el doble si llegan a robarla. La seguridad es lo primero… y nunca hay que confiar ni en la sombra. Jugué con las llaves y las giré en mi dedo índice, algunas  estarían encantadas de conocer una costosa moto frente a frente, demostrando cuan materiales podrían ser y dando falsas esperanzas a los hombres para quitarles todo por pura ambición, eso si es una decepción. Pero para ellas una lotería.

Cabellos castaños que se mecían a la par del viento, acariciando probablemente sus mejillas como en estos momentos hacía conmigo. Con rigurosidad estudie su figura, tener un recuerdo de las personas aún estando de espaldas o de frente era muy buena idea para un rápido reconocimiento. Y no fue entonces que quise llegar primero a los carritos para alcanzar uno, de niño me gustaba jugar a los autitos chocadores, o en todo caso “carritos chocadores” con otros niños desconocidos, porque bueno, era bastante sociable. Tiré del carro, pero sentí que alguien también tiraba de él también, como si fuéramos a tomar el mismo a la vez — Disculpe… —dije un poco desorientado— tómelo primero.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Mar Abr 08, 2014 2:04 am

De tanto en tanto, rememoraba mental mi riguroso inventario, él mismo que elaboré, mucho antes de escapar de los conforts que me regalaba mi querido espacio rentado. Debido a que, por grandes conocimientos de causa, reconocía que adoptaba una postura por demás mucho más exquisita e indecisa de lo que aparentaba, en cuanto a temas de compras de trataba. A ver, soy de esas personas pertenecientes al selecto grupo qué no le encuentra el sentido común al excesivo consumismo, es más preferiría vivir con lo justo y necesario. El mediodía me noqueaba el sentido visible y tornaba la imagen nítida de la imponente edificación que tenía al frente a una borrosa. Ésto me pasaba por ser  tan cabezota y no haber seguido los viejos patrones de la predilecta dieta alimenticia. Por contratiempos de un súbito tirón al talón tuve que detenerme a unos metros de la entrada, colocándome de cuclillas y notando de pasó que las agujetas de mis botas estaban peligrosamente desatadas. Bien, al menos me evité  una segunda caída. Una vez que terminé con esa sencilla acción, regresé a toda carga a mi reciente dilema existencial: hallar un carrito libre.

Vaya, tan sólo sobraba uno. Miré hacia ambos lados, por las dudas, de que alguno más lo deseará y al no tener exigencias de terceros se me dibujo una marcada sonrisa de victoria en la cara. Sin mas preámbulos, estiré mi diestra enguantada al aire y entrecerré los ojos, al estar lo suficientemente compenetrada a invocar ese tiro perfecto y lo maniobré para atrás de forma tal que saliera de allí.— ¿Ah? —Solté empleando un tonar asustadizo, rebajando los ojos rumbo a la manija y encontrándome con una fuerte mano con unos delineamientos altamente masculinos."Están muy pulidas..." — Lo siento.— Me disculpé, modulando el propio ritmismo de mi voz; a causa del uso mismo de los auriculares y aprovechando las circunstancias para despojarme de uno. Al mismo intenterín, que realzaba una apagada mirada y captaba su ancha espalda, ya a distancias lejanas.

<< Pasillo 6: Se solicita una segunda recarga de alimento  PEDRIGÍ. Por favor, es de carácter urgente. >>

¿Estaría soñando despierta? No lo creía, aquello fue demasiado real; pero siempre cabía la posibilidad de serlo ya que los sueños conservan ciertos matices alucinógenos fuerte en algunos y débiles para otros. Somos demasiado propenso a sufrir de pesadillas aterradoras y luego, resulta ser lo contrario. Si pasaba en mi caso, debería pellizcarme el hombro de inmediato. ¡Dios!, de pensarlo me reproducía un dolor de cabeza y para colmo no portaba aspirinas ni nada conmigo. ¿Pasillo 6? Ah, bueno, tal vez podría saltearme el puesto de verduras e ir por la bolsa de alimento para Mouse. Uhmm... Aunque no llegó a descartar la soberana idea de que sea la sección favorita para aquellos locuaces amantes del BDSM. Ya por hoy, no me sorprendería de nada...
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Mensaje por Aron G. Lindberg el Mar Abr 08, 2014 3:22 am

No podía culpar a la casualidad, pero si podía echarle la culpa al destino. De paso, mentalicé una canción de Maná: Bendito el lugar y el motivo de estar ahí. Pues sí tenía motivos, hacer las compras como cualquier humano corriente y civilizado porque no iría a robarlo cuando puedo tener mis cosas con mi propio dinero, ganado de dos formas: limpia y suciamente. El lugar, las afueras del supermercado, teniendo delante el último carro que podría ayudarme a llevar los objetos que llegue a meter, que serían bastantes porque soy un comprador compulsivo y vaya que si lo soy, no por nada tenía una inmensa colección de coches de diversos colores, o trajes exquisitos de marcas internacionales tan costosas y prometedoras que sería el mismo caso para la mujer con la lencería. Arrastrándome junto a otros consumistas y el mundo materialista que existe y habrá sino le ponemos un alto. No puedo decir basta, y el dinero se esfuma tan rápido…

Por hoy me contendré de cualquier distracción y pondré empeño en lo que en verdad necesito, evitando a voluntad… bah, a quien quiero engañar, compraré lo que se me de la gana que estoy forrado de dinero.

Pensaba mientras notaba que al seguir insistiendo, la misma mujer que anteriormente observé, estaba allí, tirando del mismo carro por su lado y yo por el mío. Miré sus manos, delicadas, suaves; uñas bien cuidadas y cortas. Tentado a acariciarlas con un rocé. Volví a posar mis ojos sobre ella en silencio, teniendo presente la caballerosidad ante todo cuando se disculpó. Nada de coqueteos, a comprar que es más importante. Sí, tengo prioridades claras cuando quiero y repasé el lugar en caso que exista otro desocupado. Entrecerré la mirada, y logré ubicar a una señora de avanzada edad guardando sus bolsas en la valija del auto. Acudí a ella para ayudarla a prisas, y quedarme por fin con ese divertido objeto metalizado de chirriantes ruedas que todo niño, disfruta llevar por su cuenta. Un “gracias” de su parte y proseguí a mi tarea inicial, afortunadamente había perdido de vista a la de mechita blanca. Apodo que se ha ganado al no saber otra ocurrencia más original.

No traía lista, ¿para qué?, con tal de recordar que cosas faltaban es suficiente y confío en mi memoria – aunque a veces me juegue muchas jugarretas –, traspasé los umbrales que se deslizan automáticamente, es una maravilla, lo haría todo el día. Entrar y salir solo para ver su funcionamiento en acción hasta hartarme. Cajeras en sus lugares, y un particular aroma invadía mis narices. Perfecto, veamos que necesito… Caminé sin destino, y miré los números de los pasillos. ¿En donde quedaba la zona de mascotas?, Bastet planearía mi muerte si llego sin su comida preferida. Me adelanté a un hombre de bigotes, y de reojo busqué la comida para felinos. Escogí la de Royal Canin para gatos, eso debería costar un diente, pero vale la pena darle una buena alimentación.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Miér Abr 09, 2014 3:02 am

Por lo visto, el negocio se encontraba en la cima de sus gloriosas cúspides sociables. Las puertas automáticas se deslizaron hacia ambos laterales dándome breves aires de fama y una entrada asegura hacia adentro: olores nuevos, ese ruidillo estridente de cajas registradoras abriéndose al compás de un “clic” conjunto a unas pisadas elefantes de varios clientes lograron inundarme las cinco puertas de mis finos sentidos. Realmente, se volvía muy entretenido estar entre medio de ese tubuloso circo del nunca acabar. Por qué sino ya de por sí, daba por sentado que sólo se transformaba en una puras monotonías para la imaginación adulta, mecánica y aburrida del evolucionado homos sapiens moderno.

Un mundo grande y a la vez pequeño se desarrollaba en alrededor mio, fuere a donde fuere. Aún recuerdo que desde muy pequeña ese tipo de lugares inmensos solían sermé muy intimidantes, a tal punto que por instinto me provocaba a quererme aferrar más a la pierna de mi padre. Además, de que sus queridos consuelos sólo ayudaban a elevar demás mi propio detector del anti-miedo. "No te pares a charlar con desconocidos, no le aceptes dulces, di siempre gracias y vuelve enseguida a mi lado, hija" Son las frases que reiteradas veces emitía él para que las acatará al pie de la letra. Las cuáles, para muchas de esas hábiles e inocentadas mentes, se tornaban cómo la peor de las blasfemias. Unas que les entraban por un oído y les salían por el otro.

De a ratos revoloteaba los ojos de forma asechante entre las mismas estanterías de comestibles marcados y rebuscaba el cartel correspondiente que proyectaron, unos minutos anteriores por altos parlantes. "¿Dónde estás pasillo 6? ¿Dónde estás Pedrigrí? Ven, ven...¡Pedrigí, por favor! ¡Mi vida depende de ti!" Canturreaba mimetizada para  mis interiores, sin la necesidad de silbetearlo abiertamente. Total, estando cuerda o no. La bolsa no aparecería con patitas. Crucé mis brazos sobre la manija, incliné mi espalda y me dediqué a doblar el changuito por una esquina, bastante distraída y sin percatarme siquiera de que lo estampé contra algo.

"You think that's where it's at
but is that where it's supposed to be?
You're gettin' it all over me..."

(Tu piensas que ahí es donde está/
Pero está donde se supone que debe estar?/
Lo estás poniendo todo en mi...)
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Aron G. Lindberg el Lun Abr 14, 2014 12:56 am

Tras tomar la gran bolsa de dos kilogramos, un objeto chocó contra mi carrito, siendo arrastrado por la inercia de la misma fuerza y que, por ello, provoqué lógicamente que se vaya trasladando. Escapándose de mi vista para irse a pasear por el supermercado, apenas levantar la vista entre abrí mis labios en una mueca evidente. Repasé aquél quién distraídamente tuvo el honor de ganarse el título de un conductor pésimo y de tener mala orientación. En su momento pensé que era un adolescente que se animó a jugar a los “carritos chocadores” y que debido a esto merezca una buena reprimenda de su madre, hasta pensaba en  decir animadamente en su cara: Disculpe, su hijo me está buscando y quiere una guerra de carritos, que luego no llore si pierde. Sí, aún más infantil de lo que se le podía atribuir a la acción anterior y de paso coquetear con su madre para pasarla bien en un pequeño momento de ocio. ¿Qué está casada?, ¿y qué?  

Volviendo a la realidad, reconocí a la chica que estuvo afuera y tomó el último carro. Parecía muy en su mundo, con unos auriculares puestos en los que recién comienzo a captar. Hasta su rostro lo estudié detenidamente, tenía un peculiar magnetismo atrayente y ladee el rostro para inspeccionar desde otro ángulo. No tomaría represalias, y deje que buscará lo que tenía que buscar, sería en vano intentar hablarle cuando quizás tiene a alto volumen la música pero intentar nunca está de más…

Ehm… —Mejor lo dejaría por ahí, aunque las ganas de entablar una conversación no faltaban. Extraño, pensé, no debería serme raro verla en un local público, lo que me resulta raro es que nos encontremos en la sección de mascotas. ¿Tenía una mascota también?, ¿qué clase de animal es?, ¿un gato?, ¿un perro? Me quedé parado un momento para saber que es lo que compraría. Estudiar las compras de otro, es someterlo a un análisis para descubrir sus gustos.

Chasqueé la lengua y seguí por mi camino. El primer elemento de la lista fue tachado mentalmente, y acudí a la siguiente sección que no quedaba demasiado lejos. Productos de cabellos, entre tantas marcas populares, costosas y no tan conocidas, busqué mi favorita que destacaba entre las demás. Uso Pantene, por que yo lo valgo. Sinceramente el lema me compró, y gracias al producto, deja mi cabello sedoso, brillante y de buen ver. Aroma a uva y bambú, por la nueva entrega que ha salido al mercado. Rasqué mi mejilla, tendría que recorrer un camino medianamente largo gracias a que se hallaba en la otra punta. Paré para tomar un jabón de tocador. Haciendo una decisión importante, porque siempre me debatía a la hora de elegir uno, y casi siempre pruebo uno nuevo cuando el jabón se acaba. Ninguno por ahora me hacía mal hasta el momento, y entre las marcas que más me decantaba eran: Dove, Rexona, Astral…
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Vie Abr 25, 2014 3:09 am

— ¡Lo lamento! —Alcé de más la voz, al no poder oírle bien y debido mayoritariamente al mismo consumo casi excesivo del máximo volumen. Por lo visto, ya estaba comenzando a sufrir de extraños desequilibrios y nada menos que por producto de torpezas terribles, colectivas y desmedidas provenientes de los mismísimos tramos de numerosas estanterías con comestibles y demás chucherías. No obstante, él de las mascotas, parecía ser uno de los pocos concurridos hoy. ¿Será hora de encarar la verdadera identidad de mi victima? ¡Por dios bendito! Sólo esperaba que no se tratara de alguna clase de anciano conservador, cascarrabias u oportunista de atacarme por el lado de sus experiencias y mis pésimas faltas conductivas. Es ahora o nunca, Sookie.

Simulando estar en plena cámara lenta, posé mis inquietas pupilas para rastrear al paradero de las suyas y no tarde en quedarme completamente petrificada, sin demostrarlo, pero si sintiéndolo por dentro al ver quién era. El hombre ilegal de la entrada, él mismo que absorto en lo suyo se esfumó cuan brisa de viento y me dejó solamente con la imagen cruel de su espalda alejándose. Tal vez, otra estando bajo mi posición, le hubiese exprimido hasta la ultima gota de información  e inclusive se empecinaría por arrastrarlo a un nivel más intimo. Lastima,  conmigo se perdía de saborear  tales posibilidades. ¿Era lesbiana? ¿Una histérica? ¿Acosadora? Nah, solamente detestaba tener  cerca algo del contacto masculino y por  justos motivos personales que no venían al caso. Pestañeé un poco, al notar cómo el otro prefirió reservarse las molestias incensarías continuando con su entretenido día de compras lucrativas. Ciertamente, creó que imitaré su postura y proseguiré a agarrar el bolsón de 5 kg para Mouse. “Aunque… ¿Tendrá novia? Aish... ¡A mi, qué me importa!”, pensé al  recordar a cierto hombre rubio que destacaba entre las muchedumbres y arrojándolo en el interior del carrito.

Aunque ahora que lo meditaba bien en frío. Hace breves instantes tuve la extraña sensación de ser observada por unos pares de ojos detrás de mí. Por otro lado, deseaba ir por una nueva muestra de tintura de la marca Loreal Paris y si es de ser posible de tono: rubio. Si, lo sé… Tengo mis lindas etapas de versatilidad anímica. Echando un vistazo a lo largo del panorama, logré dar con mi segundo objetivo y antes de alargar una mano para tomarlo con cuidado, cerré los ojos y respiré hondo: “No debo dudar... Quiero un rubio, deseó un rubio y me haré un rubio…” —Perfect! Ahor...—Dije ni bien abrí los ojos y acallaba demostrando una pequeña mueca de disgusto. ¿¡Qué carajo!?  ¿¡Me estaba siguiendo!? El hombre ilegal se encontraba escogiendo su jabón a unos metros por delante mío. ¿Cómo lo atajo ahora? Sin dar muchos rodeos, retiré ambos auriculares de mis tímpanos, retomé el paquete de tintura para usarlo a modo de mal camuflaje y cuándo intentaba remover el cacharro con víveres. Un tonar infantil de una niñita me detuvo e hizo que me ruborizará de la vergüenza:  — ¿Señorita, usted es una perrita?
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Aron G. Lindberg el Miér Abr 30, 2014 12:59 am

Me volteé cuando una niña se dirigía a alguien más, ¿perrita? Enarqué una ceja, ubicando a la joven que fue prácticamente insultada pero sin atrevimiento. Los niños, esos seres tan curiosos e inocentes. Los adoro. Algún día de estos embazaré una mujer, claro, si no quiere al bebé lo cuidaría yo, es lo mínimo que podría dejar en éste mundo cuando muera. Teniendo mis genes corriendo por sus venas, una generación que no debería cortarse y me arrepentiría mucho sino tengo un Aron Junior. Mis primos son todos estúpidos, dudo mucho que engendren chicos listos y mis primas… Bueno, puede ser una excepción a la regla. Aún así, mi familia no es tan grande.
Sonreí, mechita en el medio de una disputa y sosteniendo un tinte rubio en la mano, ¿se iba a teñir?, no me la imagino con rubio pero me encantaría saber como le quedará. En el fondo tengo un gusto por las pelirrojas, nadie lo sabe, nadie tiene porque saberlo, y, aunque tenga cierta inclinación por tal cabello, no quiere decir que no pueda pasarla bien con otras mujeres de diferente nacionalidad o color de cabello.  

Terminé optando por el jabón Dove, y lo guardé para seguir con mi camino, pasando al lado de la chica con una mirada acechadora que podría interpretarse de muchas maneras. Esto ya parecía un juego, un juego de caza y ella una potencial acosadora que parecía seguirme. Si no es así, ¿por qué esconderse y huir como cobarde? El próximo encuentro, tomaré la palabra, y la acorralaré para sacarle un par de respuestas furtivas. Hasta pensaba si mi apariencia impotente sea demasiado para ella, ¿tímida?, ¿alguien con un trastorno antisocial? Aquello no importa y cada vez más estoy conociéndola sin habernos dicho absolutamente nada. Reí suavemente por las ideas tan absurdas que mi mente podía maquinar, guiando mi carro en busca de la sección de licores. Tenía ganas de un whisky, además que a veces me ahorra ir a los bares de la isla e invitar a alguien a mi casa para tener intimidad. Demasiada intimidad, si es que me comprenden.

Revolví mi melena rubia, aquella muchacha estaba en mi mente, algo preocupado y un poco curioso. ¿Debería estar feliz de tener una acosadora?, ¿o sentirme mal?, ¡que bah!, una violadora puede ser peligroso y a la vez, un premio enviado de arriba. Después yo soy el que intenta coquetear, cuando las mujeres simplemente me desean sin hacer nada, y por supuesto, yo también las deseo. Algunas puede ser cosa de una vez; otras, otras me marcan demasiado como para olvidarlas sin más, una obsesión, mi harén personal que todo hombre desearía tener. Amigas, amantes, y compañía femeninas para compartir momentos inolvidables. Pasé por las estanterías, admirando la variedad de bebidas alcohólicas existentes. Whisky Jack Daniels. Leí de casualidad, ladeé el rostro, y lo acomodé en algún espacio vacío con los demás artículos.

Disculpe, ¿sabe donde puedo encontrar el café? —pregunté a una empleada que acomodaba algunas cajas y antes de recorrer todo como un perrito perdido, preferiría preguntar, aunque ella me señaló que espere un poco.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Mar Mayo 13, 2014 3:46 am

La aparición abrupta de la niña me descolocó totalmente, fruncí el seño y me acaricié detrás de la nuca, nerviosa. ¿Perrita? Me habían dicho muchas cosas en mi vida, pero nunca un apodo tan particular como ese y es más, casi estuvé apunto de regalarle un jugosos caramelo ante tal observación suya. ¿Me molestaba? Por un lado, si y por el otro, sabía que todo fue por que se sintió atraída por mi colgante y el armonioso sonido que emitía. Yo también, en un pasado, había sido una niñita como ella, un poco más tímida frente a los extraños y teniendo esa misma mentalidad de igual curiosa.

— No, no lo soy.— Le respondí simple, poniéndome a su altura y admirándola de forma serena. Realmente, su presencia evitó que efectúe mi brillante escape del rubio y por ende, me detuvo de ir hacia otra parte. —Debió llamarte la atención… ¿Esto, no? —y mostré sin dudarlo, el dichoso colgante y al mismo lapso, de que recibí de su parte un afirmativo asentimiento de cabeza. —Ahora, bien… Las personas suelen márcalas con su tipo de sangre y datos personales. ¿Por qué? Muy simple. Si alguien se llegará a extraviar, para su familia esté colgante sería una posible pista para dar con él. ¿Entiendes, ahora? ¿O hable demasiado rápido?— Finalicé, soltando un pequeño suspiro y cayendo en la propia cuenta, de que durante toda mi extensa explicación. La pequeña se dedicó a hacer resonar, una reiteradas veces, mis supuestas chapitas de “perro”.

Terminé por guardarlo en su respectivo lugar, seguro y debajo de mi cómoda blusa. “No más distracciones por hoy.”, me dije solamente para mi. Para colmo alcancé a tener un nuevo crucé de miradas con él, unas electrizantes e hipnotizantes, que provocaron el mismo temblar de cada una de mis extremidades y el  sorpresivo brotamiento de unas significativas emociones, que desconocía hasta ese preciso momento. Y momento dónde entre a debatirme sino andaba algo mal conmigo. Debido a que prestarle demasiada atención a un hombre, en tan poco tiempo y en mi caso, ya era un signo alarmante. Por suerte, se había alejado y me permitió descansar lo suficiente de nuestros innumerables encuentros.

No obstante, regresé a mis labores como buena ama de casa, despidiéndome de mi oportuna amiguita y encarrilando mi chango hacia mi próximo destino. Al menos, agradecí, de que no lo choque por segunda vez consecutiva. Pero, sin remediarlo, acabé compartiendo caminos con el mismo responsable que me hacia navegar en la quinta luna de valencia. Genial. Aunque, por lo visto, se encontraba hablando con una de las despachadora de comestibles. ¿Era una buena señal? Ah, que más da.  —¿Necesita algo ayuda?—me animé a decirle segura. Luego, de tanto silencio y quedándome a un lado para que tuviéramos un mejor contacto visual.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Aron G. Lindberg el Sáb Mayo 17, 2014 5:57 am

Llegué a sorprenderme más de la cuenta, ¿otra vez ella?, ¡pero que mierda! Decidí tomar las riendas y acabar con la situación tan extraña, ella tomó la palabra y valientemente se ánimo a hablarme. La aplaudo por eso, aún así, temo por mí de lo que puede llegar a estar pensando. Ojala fuera telépata. La tomé del brazo sin pensarlo mucho, alejándonos de aquella empleada y dejando las cosas sin vigilancia, aunque nadie sería capaz de llevarse un carrito en el medio de un supermercado, sería completamente estúpido. — No sé si eres tú, o soy yo. Seré breve, ¿me estás persiguiendo? —De reojo miré la sección, la otra se había esfumado tras notar nuestra fuga. Tragué saliva, temía de la respuesta, sin embargo, cualquiera que sea me daría tranquilidad. Sólo estoy curioso, porque, ¿qué tiene de malo tener una admiradora?, y sí dice no, ¿debo desaprovechar la oportunidad de conocerla? Ninguna idea me disgustaba sino que aprovecharía como un oportunista, que al tener una oferta de buen precio: no se niega a comprar.

La miré un buen rato, logró agitarme un poco. La había visto varias veces de forma fugaz pero, no así tan fijamente por un período extenso de tiempo. Ojos pardos, de mirada profunda, cabello castaño pero con una mecha blanca… Vale, eso ya lo sabía, no está de más recalcarlo de nuevo. Fui bajando los ojos disimuladamente, quizás ya me había contestado pero, no le di la suficiente atención para escuchar: me perdí en sus curvas. Esto es simple, los autos y las mujeres tienen parecidos. Hay distintos diseños y colores,  las montamos y andamos a toda marcha. Tal vez algunos prefieran ir lento y relajados, pero casi siempre tomamos el volante de la situación; a veces porque las mujeres son las primeras en coquetear o al menos eso dicen unas estadísticas que leí en una revista, hace tiempo y justo en el avión que se dirigía a Krakoa. Admitamos que es una buena metáfora.      

¿Me ayudarías a buscar la sección de café? —y arrastré mis pies hasta mi solitario carrito, la esperé en mi lugar, donde presuroso e impaciente atreví a decir: — Soy Aron. El rubio que te dejo ése carrito que llevas ahora y el mismo rubio al que te topabas en cada sección del super.—De reojo observé el suyo, apreciando una vez más sus compras. — ¿Qué clase de mascota tienes?, yo tengo una gata persa. —Cuando doy parla, no te suelto nunca más, puede ser exasperante pero es una cualidad mía hablar hasta por los codos sin importar el tema. Soy sociable. Pero teníamos de que hablar, con mirar sus compras era fácil deducir algunas cosas. — Y te teñirás, increíble. ¿Cansada de que te llamen mechita? —murmuré divertido. — Siento agobiarte, mi lengua necesita ejercitarse. Esto de estar mudo por unos cuantos minutitos no me va.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Dom Jun 01, 2014 2:46 am

Ciertamente, cada día más me asombro sobre mis propias capacidades de comunicación para con la gente. Ya que casi estuve apunto de echarme a la retranca de hablarle cara a cara. No, por sentirme un tanto cohibida ante su poderosa masculinidad sino, por qué me veía en una posición demasiado metiche. Onda, cualquier otro hubiese dejado pasar tal oportunidad de charlar con él, por simples motivos de desinterés o por restarle la debida importancia a la situación. Total, las personas iban y venían. No con ésto significaba, que se las podían cambiar a cuanta persona que se llegaba a conocer cómo si se tratará de la ropa interior. Al menos, la amistad no se compraba ni se regalaba, se ganaba. He aquí la cuestión: ¿Seria un potencial amigo o enemigo? ¿Cuál sería la opción correcta? Mis emociones me jugaron en contra y todo por la causa de alguna clase de poder misterioso y ajeno a mi alborotada conciencia. Siendo que esté mismo, me impulsó cuán resorte a entonar esas cortas palabras. ¿Qué quería lograr con todo aquello? ¿Quedar bien con él?

Sin esperarme tal reacción de su parte, le permití que me condujera lejos de la seguridad de mi carrito y de la cara de pocos amigos, que nos puso luego aquella empleada que blandía con soltura esa practica maquinita para marcar los precios. Pestañé sin creerlo de mientras, que mi rostro fue adquiriendo por etapas simultáneas una serie de expresiones significativas. De pronto, ya me encontraba riendo lo suficientemente alto, como para poder alertar a los demás de que nos encontrábamos allí parados, en medio de ese extraño interrogatorio, para saber al fin de cuentas de quién perseguía a quién.

—Vaya, lo siento mucho. Mi intención no era burlarme ni mucho menos, comportarme tan efusiva al  hablar contigo. —Dije sin remediarlo, en la medida que pausaba y me recomponía mejor.  —¡No, espera! No...No... Quise decir eso... —Carraspeé. —A lo que voy, es que no planeaba del vamos seguirle y  no fue el único que lo pensó. Es más, le apuesto a que el destino anda  muy juguetón hoy y nos puso en el mismo camino por algo.

Bajé la vista al suelo, pensativa. Una vez, que atiné a desprenderme de él, usando un toque delicado e impropio de mí. ¿Podría ser lo que dije? ¿El destino era el culpable? Mi mirada se alzó para quedar suspendida en un punto perdido de su chaqueta: una pelusita traviesa, se estaba volviendo un perfecto blanco lo bastante seductivo frente a mis ojos y sin poder evitarlo, estiré por completo los dedos  para quitársela antes de que se dispusiera a regresar junto a su carrito.— Es muy sencillo, si sigues el camino del cereal podrás dar rápidamente con él, jeje. —Anuncié triunfal, volviendo a parpadear ante sus nuevos comentarios. ¿Se sentiría avergonzado de ser tan hablador? Y tomando cierta actitud confianzuda, le palmé un hombro en señal de ánimo. —  Es un gusto, Aron. Y no tienes por que decir esas cosas. La comunicación, es uno de los objetos más maravillosos que existen, claro, está, después de la madre naturaleza. —Sonreí leve.—Pues, en cuanto a tus preguntas: tengo un perro belga y si, quiero cambiarme el tono de mi pelo para variar un poco. —y tomando uno de mis  pequeños mechones blancos, lo enredé entre uno de mis dedos en manía. —Aunque, me gusta que me digan "mechita" y por cierto, me llamó Sookie.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Aron G. Lindberg el Dom Jun 15, 2014 1:52 am

Acepté sus disculpas, le daba la razón: el destino andaba muy travieso. Tanto es así que me la tope repetitivas veces sin remedio, ¡y en la misma sección! No soy paranoico, sin embargo, llega un momento que uno ya imagina cosas que no son, la misma mente te manipula y te hace creer, aunque bueno, ya era hora de tener que arrancarle una conversación y esto, fue la mejor excusa que pude encontrar. A medidas urgentes, decisiones desesperadas. — Entonces ya está, culpemos al destino —atribuí sugerente. Echémosle la culpa a éste extraño factor natural, total, no se puede defender. Fruncí un poco el ceño, era la primera vez que hago las compras de manera oficial pues, casi siempre mando a otro que las haga por pereza, y por bien propio; mientras que caminar en círculos como un perrito perdido tampoco es una buena opción, más cuando soy un peligro que derrocha el dinero a diestra y siniestra por meros impulsos de comprar más cosas. La gran mayoría, objetos inútiles o que no voy a usar.  

Prefiero que me ilumines —respondí tranquilo. Hasta que observé de reojo sus palmeadas suaves, enarqué una ceja, bastante confundido, le dije que me gusta hablar, ¿y me dice que no diga esas cosas? Absorto, y procurando no sonar sarcástico, decidí acotar ante su extraño y confuso comentario: — Por supuesto, por eso dije que no me va lo de quedarme mudo —lo afirmé, lo aclaré, al parecer no le había quedado claro. Aunque, me imaginaba que ya me iba a transformar en un protagonista de una película muda de la cual, todo radica en acciones y pensamientos; mientras que en la pantalla, sólo aparecen subtítulos y una música de piano suena de fondo, ¡que divertido!, claro que no, es una reverenda cagada.  

Aunque mechita me suena a mechero —atiné rápidamente, sin pensarlo mucho, porque sí, me suena a mechero. — Te llamaré Sookie, me gusta —sonreí, demostrando la confianza que iba de la mano con la coquetería que sale naturalmente por mis poros. Miraba los estantes, uno por uno, no perdiendo detalle de la zona y viendo si algo de allí me servía. Doble y descubrí un mundo de café, ¡café por doquier!, granitos marrones que estaban envasados y puestos estratégicamente por marca. Tomé unos cuantos tarros, me hace falta. — Para el desayuno, la merienda y la noche. —Excusé, bien, no es la mejor forma de decir el porque llevaba al menos tres frascos cerrados, pero, sirve mientras no lo piense demasiado. Creo que es más divertido ir de compras acompañado, acompañado de una completa extraña muy hermosa. — Iré por los vegetales y las frutas, gracias por guiarme. —Enseguida seguí de largo, quizás no nos veríamos por un buen rato, o quien sabe, nos veríamos de nuevo.
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Carrie S. Northman el Lun Jun 16, 2014 3:16 am

Al final de cuentas por más libro que lea de oratoria o autoayuda jamás modificaré mi defecto de comunicación. No era buena en el campo y casi siempre terminaba metiendo la pata con cada uno de mis comentarios. Cosa que no me pasaba al estar al pendiente de un caso, ahí, cambiaba drásticamente y parecía ser otra persona. O sea, no solía reconocerme al adoptar ese temperamento de cabeza fría y casi la mayoría de las veces cuando me tocaba a mí, interrogar al sospechoso, resultaba ser una de las pocas que alcanzaba a llegar al grano del asunto. Entonces… ¿Por qué me costaba tanto hacerlo con otras personas? Esa era una respuesta muy fácil de deducir: soy un vivo manojo de nervios. Sin embargo, mi compañero de compras me ayudaba a superar aquél defecto y al mismo tiempo, se podría decir que armonizaba a mi brioso espíritu a uno más tranquilo. ¿Quien lo diría? —En realidad... ¿Estás seguro de poner tú vida entre mis manos?—Mencioné animosa, con respecto al tema de conducirlo a su próximo destino y de que reía nerviosa. —¿No eres de venir mucho por estos lugares, verdad? Seguramente, las mujeres de tú casa deben quedarse muy preocupadas al mandarte a ti sólo a está difícil misión, jeje. —y haciendo un poco de hincapié a la posibilidad de que estuviera con alguien más.

—Me agrada como lo dices, Aron. —Le halagué un poco, realmente me gusto escuchar mi nombre de sus labios. No por qué planeé quererlo para algo más, sino que simplemente me encanto y por lo poco que hablamos, casi estuvé por proponerle de tomar algo, luego de acabar con ese torbellino de compras. Pero...  ¿Se molestaría mucho? Vale, descartaré esa boba idea. No quiero que malinterprete: que un café equivale a otra cosa. Ahora, las preguntas que se me vienen son: ¿Aron, tiene más amigas normales o más amigas con derecho? ¿Su gata será celosa? ¿Tiene hijos? ¿Le rompieron el corazón? Uhmm... Lo dudo mucho. Bah, no sé... No tengo la llave para abrir su cabeza.

—¿Eres adicto a la cafeína?—Pregunté al verlo cargar tres frascos del mencionado y tratando de no reírme de él cuando se comportaba como un niño pequeño, sencillamente se me hacia demasiado adorable de ver y de repente, pestañeé extrañada.—Ah? Vale...—Sin duda, nuestra caminata se hizo muy corta a mi gusto y sin más, procuré continuar con mi camino por el super. ¿Había dicho la sección de verduras y frutas? Y sin quererlo, introduje una de mis manos dentro de uno de mis bolsillos y saqué un pequeño papel arrugado, era mi lista de compras. Enarqué una ceja, curiosa y lo desplegué para ver cuál era su jugoso contenido.  —Por lo visto, no será el único en esa sección...
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Re: ¿Simples coincidencias? | Priv.

Mensaje por Aron G. Lindberg el Vie Jun 27, 2014 8:01 pm

Revelé una risa divertida, ¿cree que estaba atado a una relación? Normal, normal para una mujer cuando tiene delante un hombre de buen ver. — Oh, si, Bastet se preocupa tanto que duerme en el sofá —permanecí sonriendo. — Bastet es mi gata. —Lo aclaré por las dudas. Dando a entender que en la habitación, estábamos ella y yo bajo el mismo techo. Quizás la única hembra que permanece a mi lado… Gracioso, porque es un animal. Ojala que alguien fuera como Bastet en personalidad: posesivo, celoso, protector y que guste de acompañarte en momentos difíciles. Espera, esa es mi personalidad, ¿quiere decir que deberé enamorarme de mi propio reflejo?

Mordí ligeramente mi labio cuando se ánimo a preguntar lo obvio. Porque si, es bastante claro mi afán por el café. — Podría decirse… —Terminé diciendo algo que no quería decir abiertamente, a fin de cuentas, ¿quién puede asegurar qué nos veríamos nuevamente? Aún teniéndola cerca, ya anhelaba verla otra vez. Es una sensación que no muchas lograban brindarme porque muy pocas lo han dejado plantado en mi mente, calándome muy tiernamente. Sookie. Un nombre que rondaría vueltas en mi cabeza por un tiempo, no demasiado, pero estaría latente. Al menos puedo admitir que me ha devuelto las esperanzas de que siguen existiendo mujeres con una ingenuidad y ternura intacta. Miré a mis lados, sintiendo el peso de otras miradas encima. Sin embargo, mi travesía debía seguir, tenía cosas por delante y no debería dejar de lado las prioridades. ¡Hasta había prometido no coquetear!, con eso digo todo. Pero, ¿cómo?, si está en mi naturaleza hacerlo.

Llevé todo mi cuerpo hacía las zonas de frutas y verduras, el sitio se encontraba animado porque había mujeres haciendo las compras, charlando entre ellas aún sin conocerse del todo. ¿Debe ser poco común que un hombre las haga?, ¿o es que los hombres no están familiarizados con la cocina? Sonreí levemente, y puteé para mis adentros. Maldiciendo mi racha de mala y buena suerte. Debe ser una broma, una mala broma. Alguna fuerza superior seguramente me decía que no luche contra mis instintos y me deje llevar, pero, yo no quería hacer nada hoy, simplemente quería un día normal por una vez en la puta vida. Admiré con parsimonia algunas frutas, mandarinas, manzanas, bananas, peras y otras variedades, hasta las olfateaba porque el olor es tentador. Sería bueno comer una ensalada frutal para el postre. — ¿Necesita ayuda? —pregunto la del puesto, con una sonrisa notable que emanaba coquetería por los ojos y una mirada de hambre que deseaba comerme. Una depredadora nata, pensé. Solté una risita y rechacé la oferta. — No, gracias. Pero… podrías ayudar a aquél señor—señalé con un gesto de cabeza, al narizón que intentaba llevarse un buen par de papas. Noté cierta mueca en sus labios, fue ligero y ladeo el rostro. ¿Te arruine los planes?, lo siento tanto pero no está en mis planes, ganar tu número.

Ahora mismo si estuviera conmigo mi compañero de paseos, o sea, Christopher, me regañaría o tal vez, se sorprendería. Hasta me soltaría una de las suyas como: ¿Estás enfermo?, ¡tú no eres así! Soy así cuando voy de compras, contestaría yo. Fui eligiendo algunos saludables alimentos, todas se veían deliciosas. —Tal vez… deba llevar verduras también —murmuré para mí, al tener la atención puesta únicamente en los frutos.
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