Dry Candy Gin (Driek A. Sprenger)

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Dry Candy Gin (Driek A. Sprenger)

Mensaje por Candace Summers el Sáb Feb 22, 2014 9:57 pm

En uno de mis habituales paseos por la zona de los bares de la isla, decidí hacer una parada, ya anocheciendo, en uno de mis locales favoritos. Se trataba de un pub inglés, de los típicos que tienen todo tipo de cervezas de importación. El dueño ya me conocía de verme por allí repartiendo propaganda del parque de atracciones, y puesto que lo que yo ofrecía no suponía ninguna competencia para su negocio, me había tratado siempre bastante bien. Nada más verme entrar, me saludó con euforia, solía decirme que le gustaba que yo fuera por allí, porque al final siempre acababa convenciendo a alguien para que entrara también, y era casi como ser su relaciones públicas temporal. Cosa que yo hacía simplemente porque me salía, sin esperar nada a cambio, pero como en aquél lugar me sentía a gusto, no me molestaba conseguirle un poco de clientela extra. Aunque de por sí ya vendía bien.

Me puse a hablar con algunas personas, comentando lo de siempre, lo guays que eran nuestras atracciones y todo eso. Al cabo de un rato me fui hasta la barra, donde ya tenía preparado un gin tonic de los míos, servido en una copa de balón de cuello alto. Digo de los míos porque esa bebida en sí no me hacía gracia por lo amarga que es, pero como era una de las especialidades del bar, siempre me invitaban a uno. Y para matar un poco ese gusto agrio, se me había ocurrido pedir que le echaran granadina. Muchos considerarían que era casi un delito mezclar el jarabe rojo con Bombay Sapphire, pero a mi me encantaba el resultado dulzón, y desde ese momento, había pasado a ser mi bebida especial.

Di otro paseo, echando un vistazo, después de saludar a los camareros, y decidí sentarme un rato en una de las mesas con forma de barril que había al fondo. Me crucé de piernas y me puse a beber. Tendría que esperar a que entrara más gente para poder seguir haciendo mi trabajo, pero no me importaba siempre que tuviera una copa en la mano. Di un sorbo, y me relamí los labios. Me quedé mirando de forma distraída una de las televisiones que había por el local, donde solían poner vídeos de música. Por lo general, me habría acercado a cualquiera para entablar conversación, pero esa vez solo había grupos de amigos y parejas, y tampoco era plan de meterse en medio. Por lo que me limité a quedarme allí hasta que la cosa se animara un poco, o sucediera algo interesante.
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Re: Dry Candy Gin (Driek A. Sprenger)

Mensaje por Driek Sprenger el Dom Feb 23, 2014 8:25 pm

La música y las parpadeantes luces de las atracciones retumbaban en cada rincón de aquella zona de la isla, el cielo lucía azafranado y el sol comenzaba a esconderse de la oscura potestad de la noche, el clima, por su parte, resultaba menos enfadoso; Driek caminaba con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón plomizo, llevaba aún la impecable camisa blanca de mangas largas y los zapatos de cuero azabache que se había enfundado antes de salir del hotel, en aquel punto, podía sentirse como si se encontrase en alguna ancha calle de la capital inglesa o dentro de la zona menos concurrida de Moscú, el aire perdía el olor salino que le otorgaba el mar y las olas eran imposibles de escuchar ante la algarabía. Un atractivo anuncio en neón verde le hizo introducirse en lo que parecía un desmesurado bar anglosajón, en una visión exagerada, podría asesinar a cualquier transeúnte por un trago en aquel instante. “La belleza es una maldición para la humanidad, no te permite ver quiénes son los verdaderos monstruos”, había leído alguna vez en el epílogo de un libro, ¿podría haber estado el autor de tal texto, sentado justo en uno de los banquillos que se alzaban frente a él, observando aquella barra abastecida de licores ridículamente caros?

Y es que por cada rincón, por cada mesa y cada silla de madera tallada que se extendía entre aquellas paredes, se encontraba alguna excéntrica mujer sumida en un colorido trago o absorta en alguna conversación, probablemente banal, con joyas brillando bajo las tenues luces y ropas que, aunque casuales, les hacían pasar por damas francesas, curioso y en algún punto gracioso, era que él más que nadie sabía, que la mayoría de esas ilusorias ninfas no eran otra cosa que prostitutas, las más caras que podrías encontrar en el continente africano y ¿por qué no? En el europeo, pero prostitutas al fin de cuentas, una maravilla que aquella amalgama de turistas, sin tener idea alguna, eran de forma indirecta sus más generosos consumidores. Sin embargo, era codicioso pensar que cada fémina en aquel pub estaba contratada por su acompañante, contrariamente, muchas respetables esposas, hijas y un largo de etcéteras, de algunos no tan loables políticos y empresarios, solían encontrarse caminando por allí, o eso era lo que había estado escuchando durante todo el día por quienes habían ocupado sus horas, además de Danielle, la rubia de los trece millones y de Cameron, la georgiana a quien también le convenía conseguirlos.

Se encontraba ya en una de las mesas del fondo, había pedido un whisky seco que tras el primer sorbo, dejó el común y momentáneo escozor por su garganta, el terracota y la madera sin tratar eran el emblema de aquel lugar, que sin más le recordó a los bares tradicionales de Irlanda, Krakoa era sin duda, una vorágine de las culturas del mundo; se irguió con pulcritud y desvió la mirada del líquido color caramelo, para fijarse en la mujer que se encontraba a unas escasas mesas de distancia, con aire descansado, una copa entre sus manos y la mirada puesta en las enajenantes pantallas, Driek alejó por un instante el asedio de las contrariedades que le habían llevado a encontrarse en aquella isla y se permitió disfrutar de la generosa vista que se presentaba justo frente a él, una encantadora melena oscura descendía enmarcando las delicadas facciones tras la nívea piel de la morena, como parte de una innegable belleza que no pasó en absoluto desapercibida para él, como un hecho evidente, sus miradas terminaron por conectarse y en un sutil, pero para nada inocuo gesto, el holandés alzó el cristalino vaso cargado de whisky en su dirección, a manera de un improvisado e invisible brindis, una curva se ciñó en sus labios por un segundo, antes de sorber lo que le restaba del templado licor, después de todo, lo único digno de ver por allí, no era el acantilado tras la ventana de la suite en el Imperial.
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Re: Dry Candy Gin (Driek A. Sprenger)

Mensaje por Candace Summers el Miér Feb 26, 2014 4:43 am

En la amplia pantalla de la que yo estaba pendiente para mantenerme entretenida de alguna forma, empezó un vídeoclip de un grupo que conocía, y que de hecho, me gustaba mucho. Las Pussycat Dolls, vestidas de forma llamativa y exótica, en su remix de una canción de origen hindú, Jai Ho. Me animé al escuchar las primeras notas, y no perdí detalle de aquél ambiente  del que, alguna vez, había soñado formar parte. Ese mundo lleno de colores vivos, alegre música y ropa bonita. Siempre me había cautivado de una forma especial. Era uno de mis muchos secretos, soñar con llevar un sari, y miles de adornos brillantes, para ponerme a bailar en algún bello jardín, lleno de flores y aroma a incienso. Mi gesto, hasta entonces taciturno a causa del aburrimiento, cambió al instante, cuando volví a imaginar que yo formaba parte de ese lugar, un lugar que, en cierta medida, era fruto de mi imaginación.

Dejé de estar absorta dentro de mis fantasías cuando la canción se acabó, y empezó otra que no tenía absolutamente nada que ver. Entonces, volví a mi copa, para dar otro sorbo y seguir oteando a mi alrededor. Al girar la cabeza, mi mirada fue a parar a los ojos de un tipo que se encontraba sentado un poco mas allá. ¿En qué momento había entrado? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí sin que yo me hubiera percatado? Bueno, y eso ¿qué mas daba? Le devolví el gesto en seguida, levantando a su vez mi copa hacia él, bebiendo después. Y ya que de gestos iba la cosa, seguí la línea. Puse cara de interrogación, y usé el dedo índice para indicarme a mi misma, e indicar la mesa en la que se encontraba él, intentando expresar algo así como ¿te importa si me uno a ti? Pero ¡bah! Yo desde luego no estaba hecha para tanto protocolo social. Yo siempre seguía mi propio código, y con él no iba a ser menos.

Bajé las piernas hasta apoyar los pies en el suelo, tiré un poco de mi vestido hacia abajo, para colocarlo, aún con la copa en la mano, cogí mi bolso y empecé a caminar hacia él. Me encantaba el sonido que provocaban mis tacones en la tarima de madera que conformaba el suelo del pub. Me moví con gracia y soltura, acortando la distancia entre ambos hasta que estuve a su lado. -Prost.- Fue lo primero que le dije, haciendo completo el brindis de antes. -¿Por qué brindamos?.- Esbocé una de mis amplias sonrisas. Dejé mis efectos personales cerca de mi, pero me quedé de pie, mirándole, curiosa. Resultaba un hombre de lo más atractivo, con unos ojos de una profundidad inquietante, y un poco cara de cabroncete. ¡Que bien! pensé. Ya tengo entretenimiento para esta noche. La sola idea me emocionaba, porque estar con otras persona me gustaba. Era divertido conocer gente nueva, porque nunca sabías lo que podías encontrarte.
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