Debts || Driek

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Mensaje por Danielle M. Hudson el Jue Feb 20, 2014 6:14 am

Había salido esa mañana a despedir a un cliente. ¿Por qué? Simple, era un muy buen cliente del resort, del club y sobretodo de ella, que dejaba tales propinas como para no trabajar el resto del mes. Iba a visitarla, solo a eso, cada quince días más o menos. Solo pasaba el viernes noche y el sábado, los domingos por la mañana se marcha y a Danielle le parecía cortés, acompañarlo y darle conversación mientras esperaba a tener los permisos para marcharse en su jet privado.
No tardó mucho, en unos minutos, su cliente ya se despedía con un mero adiós y se marchaba mientras Dan, en aquella salita dotada de cafetería, apuraba su cappuccino. Eso fue lo que la retuvo en aquel asiento durante quizás unos minutos de más, los precisos para que su miraba, que vagaba aburrida por el lugar, se centrase en alguien. Algo se rompió dentro de ella.
Aquella visión fue como un presagio de mala suerte. Con todo lo que tenía encima, con la amenaza de muerte inminente pendiendo sobre su cabeza y la de las personas que más le importaban, ver a Driek frente a ella, tras más de cuatro años, fue tan sorpresivo como indigesto. Quiso vomitar. Más su rostro no lo mostró. Ella había cambiado mucho.
La Danielle que Driek conoció tenía apenas dieciocho años y era una cría asustadiza y confiada, pero a él le debía en parte el haber cambiado. La última vez que se vieron, ella seguía sumida en su depresión, temiendo hasta de su sombra, apenas hablaba y pasaba su tiempo drogándose, cuando no, durmiendo sobre su propio vómito, siempre llevando su cuerpo al límite del colapso. Al borde de la muerte.
Ya no era nada de eso. Estaba sana y tenía muy buen aspecto, su vestido de diseñador se ceñía perfectamente a su cuerpo, insinuando más que mostrando. Seguía siendo adicta a muchas cosas, pero había encontrado un punto justo para dominar sus vicios y no que ellos la dominasen. Ahora, estaba segura de sí misma y sobretodo, no le tenía miedo ni a él ni a nadie.
Pero la reconoció y en el rostro de Dan se mostró una sonrisa arrogante, encantada, ladeándose en la comisura izquierda. Claro que él debía saber como estaban las cosas, pero aún así, la divertía saber que él no era consciente de nada realmente y no lo sería, hasta que ella quisiese mostrarse clemente y mostrarle el enorme y maloliente montón de mierda del que él tendría que sacarla. Quisiese o no.
Trece millones seguían en juego.



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Re: Debts || Driek

Mensaje por Driek Sprenger el Jue Feb 20, 2014 9:19 am

Pequeñas virutas luminosas parecían mecerse al compás del viento, escondiéndose detrás de los frondosos árboles como si tuviesen miedo de ser apagadas, la verde vegetación que vendían en las imágenes del folleto turístico de Krakoa, tenía a aquellas altas horas un aspecto hostil, oscuro y lóbrego, probablemente, había pensado el holandés, era cuando el manto de la noche cubría la isla, que se mostraba su verdadera cara, aquel lugar más que un paraíso, se trataba de un implacable averno, ¿y dónde es que se sentiría más cómodo un demonio? Con aquel panorama se había despertado al día siguiente, detallando por primera vez esa maravilla paradisíaca que publicitaban las guías turísticas, a través del delgado ventanal de su habitación en el hotel Imperial, notó como las olas se mezclaban con las oscurecidas rocas en el acantilado a apenas un kilómetro, la semana agonizaba con el sol naciente y era verídicamente, el primer día de Driek en Krakoa tras un par de años, cuando apenas era un proyecto en construcción. Sus planes, reconoció con fatiga, estaban muy lejos de hacer turismo esa mañana de domingo, tenía acordada una reunión con Cameron, quien tendría que ponerle al día respecto a las andanzas de su gallina de los huevos de oro, quien en apariencia, le había resultado imposible de controlar a la traficante griega.

El lobby del hotel era tan amplio y cosmopolita como el resto de la estructura, modernos sofás y amplios ventanales precedían un par de ornamentos plateados que daban un aspecto de abducción, el empresario llevaba un pantalón de tela gris, una camisa blanca de mangas largas lo suficientemente desabotonada para no fundirse con el calor que se elevaba a las afueras y un par de zapatos de cuero negro. —He dejado en la avioneta… —comenzó a decirle al empleado que pasaba a su lado, pero se detuvo, miró la hora en su reloj de muñeca y despidió la idea con una mueca que cruzó sus facciones por un segundo. —No importa, iré yo mismo. —de los diecinueve grados que otorgaba el incesante aire acondicionado en el Imperial, pasó a la enardecida brisa que le azotó el rostro en cuanto puso un pie fuera, sacó las llaves del auto que había mandado a alquilar en horas más tempranas y se dispuso a conducir hacia el aeródromo, ¡ah, adoraba los autos deportivos! El motor de aquel Chevrolet Camaro negro, ronroneaba como si se tratase de un felino doméstico.

El tráfico en Krakoa era prácticamente nulo, al menos cuando de calles despejadas se trataba, aclaró para sí mismo con cierta diversión, mientras se estacionaba frente al lugar de bienvenida de todos los turistas, un sitio cargado del post-modernismo que llevaba toda la ínsula; en menos que un par de minutos se encontró caminando por la recepción, una pelirroja de mediana edad le atendió con una sonrisa cordial, esa que le brindaban a cada ser que se paraba frente a ellos, programada como lo harían con un robot, “Hola, bienvenido a la paradisíaca isla de Krakoa, donde todas sus expectativas pueden…” y allí había dejado de prestar atención, pasando por encima de cualquier buena costumbre, le interrumpió haciendo saber su puntual demanda, había dejado una maleta dentro de la avioneta y necesitaba el acceso para poder recuperarla, fue enviado a la sala de espera mientras el trámite era hecho, pasó del mal humor que le instauraba aguardar y terminó en la cafetería, un poco de cafeína le haría definitivamente bien, pero, por alguna jugarreta del destino si es que existía, sus ojos se toparon primero con una brillante cabellera dorada antes que con el mostrador, ondas caían alrededor de un rostro en forma de corazón en el que destacaban un par de ojos grises, unos que podría reconocer en cualquier lugar.

Sin una pizca de duda se dirigió hacia ella con marcada soberbia y se sentó a su lado como si le hubiese estado esperando.  —Luces sonriente para haber sido secuestrada. —cuestionó ante aquella sonrisa ladina, antes de que en sus propios labios se ciñera una correspondiente curva socarrona. —Iba a reunirme con Cameron esta tarde y mira, que me he encontrado con la primera fuente. —se ladeó lo suficiente para tener un mejor ángulo de la rubia y le dedicó una mirada bastante cínica, describiendo con las pupilas cada curva de su cuerpo ceñido en aquel apretado vestido. —Te ves bien, después de todo no resultó tan mala idea el enviarte a este lugar, ¡Krakoa, donde todas tus expectativas se vuelven realidad! —realizó un gesto teatral con las manos que acompañó a sus palabras, aún cuando habían sido totalmente serenas, antes de añadir con mayor firmeza, mirándole esta vez a los ojos. —¿Por qué no me dices qué ha estado haciendo esa bonita cabeza rubia? —las personas pasaban a su lado sumidas en sus pensamientos o banales conversaciones, no había un eufórico saludo que dar, ni un impropio “¿eh, qué tal ha estado tu familia?” tras cuatro años de no haber cruzado palabra, Driek tenía varios asuntos más por resolver y mientras más rápido supiera qué sucedía, más pronto podría deshacerse de aquello, enhorabuena encontrarse con su principal embrollo.
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Re: Debts || Driek

Mensaje por Danielle M. Hudson el Jue Feb 20, 2014 10:46 pm

Él fue hacía ella, como no. No sabía qué hacía allí, o sea, si sabía qué hacía en Krakoa. Pero... ¿En aquella sala? ¿Acabaría de llegar? ¿Había ido a buscarla? O quizás solo fuese mera casualidad.
Fuese como fuese, la realidad es que Driek estaba ahí y se sentaba ahora junto a ella. No dejó que su rostro variase a esa expresión entre divertida y despectiva. Si realmente Danielle era una persona con necesidad de atención, debería investigarlo un psicólogo, pero que lo lograba y esto era sumamente divertido, podemos dar fe. No hay nada mejor que ser tan importante, aunque sea en el plano monetario, para alguien que odias se tome un avión y se vaya al fin del mundo. Era el mero gusto de tocar las narices, así de claro.
-Bueno, yo me lo tomo como unas vacaciones cutres con muy mal servicio de habitaciones y de atención al cliente... Además, eso fue en Octubre. Desde entonces, ha llovido mucho- respondió con voz suave, medida, para que solo él la escuchase, mientras se llevaba la taza a los labios para terminar su bebida caliente, mostrando de forma sutil los anillos que ahora llevaba en la mano. Una alianza de oro rosa, sencilla y lisa y un gran e imponente anillo de compromiso compuesto por un gran rubí central, dos turmalinas amarillas a cada lado, rodeadas de pequeños diamantes, engastadas en platino.- ¿Además, cómo no sonreír con tan grata compañía?- añadió, destilando veneno.
Sobre el comentario que iba de Cameron no dijo nada, simplemente dejó la taza en la mesa y miró descaradamente su reloj de muñeca. El que les habían regalado en la fiesta de año nuevo, de Swarovski. Era un claro no me hagas perder el tiempo que podía pasar inadvertido para los demás en la sala, pero no para él.
-Siempre me veo bien, pero es cierto que siempre se puede mejorar- se encogió de hombros.- Pero yo diría mejor “¡Krakoa! Esa gran mierda bañada en oro”. Este sitio es igual que cualquier otro en el mundo, solo que debes vender un riñón para poder ir a hacer la compra.
Era lo único especial de Krakoa aparte de la concentración de delincuentes y negocios ilícitos. El nivel de vida era elevado, un café valía mínimo cuatro veces lo que te costaría en otra parte del mundo. Por eso los trabajadores tenían sueldos muy elevados, porque sino, no había forma de vivir allí.
Cruzó las piernas por los tobillos, de forma recatada mientras dejaba que los minutos se extendiesen tras la pregunta de Driek. Pasó una camarera y le pidió la cuenta de su cappuccino. Entonces, volvió a mirarlo.
-¿Por qué no te metes un dedo por el culo y le das vueltas?- preguntó tranquila, ella no tenía por qué darle explicaciones. No le tenía miedo y eso era lo único con lo que él contaba para que Danielle hiciese lo que quería. Al fin y al cabo, a diferencia de Cam, ella solo perdía con él. No ganaba nada por lo que... El coste de no obedecer era mínimo. La camarera apareció entonces y dejó el ticket.- Ahora, si me disculpas, tu presencia me revuelve el estómago- se disculpó cuando, dejando el coste de su consumición y la propina en la mesa, se levantaba dispuesta a marchase lejos de él.



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Re: Debts || Driek

Mensaje por Driek Sprenger el Jue Feb 20, 2014 11:59 pm

El empresario, al menos según las revistas con las que curiosamente era bastante generoso, observaba cada acción de su acompañante como si se tratase de un análisis en alguna mala clase de psicología, debía concederle que había tomado un mejor rumbo, de ser una endeble jovencilla que apenas podía mantenerse en pie, había pasado a aquella especie de Juana De Arco en su peor versión, si es que compararle con una santa era en algún punto, algo más allá que un absurdo; no pudo evitar que una expresión tintada de sórdida diversión se instaurara en sus facciones al notar cómo la rubia se esforzaba en mostrar todas las alhajas que llevaba encima, como un desesperado “¡no soy la misma!”, pero, se dijo a sí mismo con especial convicción, la clase de ninguna manera podía ser comprada. —Uh, ¿consigues clientes con esa actitud? No has aprendido mucho de tus compañeras. —cada palabra que salía de sus labios era aletargada, en calma, tal como si se encontrase con dos colegas hablando de las amenas anécdotas en un día de trabajo, se hallaba cómodamente recostado contra el espaldar de la silla de metal.

Sus ojos únicamente se desviaron de Danielle para centrarse por un instante en la mesera que se hacía cargo de dejar la cuenta, una vez dio la espalda y el objeto de su conversación hizo ademán de levantarse, la tomó de la muñeca con una brusquedad probablemente innecesaria, haciendo que se sentase otra vez, la curva en sus labios se ensanchó por una fracción de segundo, para volver a desaparecer cuando se acercó a ella hasta estar a apenas milímetros de su rostro, como si se tratase de dos amantes teniendo una tertulia, algo común por aquellos lados. —Hasta ahora he sido cordial por simple amabilidad inglesa. —presionó con mayor fuerza el agarre en la delicada piel de la mujer de cabellos dorados, sus palabras se deslizaban como el arrastrar de una peligrosa serpiente, observando directamente aquellos abismos grises que suponían sus ojos. —Que no se te olvide quién eres, ni con quién estás hablando, puedes tener un vestido caro y más joyas de las que hayas visto nunca antes, pero detrás de ello sigues siendo la puta adicta al crack a la que tenían que sacarle la cara del inodoro. —a aquella escasa distancia, Driek podía percibir con claridad la calidez de la respiración de Danielle.

Le soltó con la misma agilidad con la que le había tomado inicialmente y volvió a recostarse en su asiento, posando la mirada en la mesera antes de hacerle una señal para que se acercase, pidió un par de capuccinos más y volvió a hablar con el sosegado tono inicial. —Ahora, ¿por qué no nos calmamos, tomamos un café y me cuentas con quién te has metido? —ladeó la cabeza haciéndole un gesto de falsa empatía. —Te guste o no, tenemos una sociedad y la situación en este instante está así, nos sigues debiendo hasta la última piedra de ese bonito reloj que cargas, por otro lado, he venido aquí a salvarte el culo, algo que, evidentemente, no han hecho muy bien Cameron y los hombres de Ika. —le restó importancia con un simple gesto, como si de verdad careciera de ella. —Es un toma y dame. —sus palabras fueron interrumpidas por la cercanía de la mesera, por primera vez se fijó verdaderamente en ella, era bastante joven, su cabello dos tonos más claros que el de la propia Danielle y sobre su ropa, que apenas se veía, llevaba un delantal negro con un bordado del emblema promocional de la isla, “Krakoa”, podía leerse sobre aquella tela, al igual que casi en cualquier aviso que pudiera encontrarse por el frente, dejó los dos cafés sobre la mesa y así como llegó, se retiró, Driek no dijo nada más, en cambio se dispuso a azucarar su propia ración de cafeína.
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Re: Debts || Driek

Mensaje por Danielle M. Hudson el Vie Feb 21, 2014 3:30 am

-¿Acaso eres un cliente?- preguntó burlona. Su actitud variaba como en cualquier persona según el lugar y la situación. La forma sumisa, la labia y el carácter pícaro y conquistador se lo guardaba para cuando había un cheque a su nombre.- Y mejor que nadie sabes que consigo clientes, porque sino, la deuda se iba a pagar ella solita.
Porque si Dan no fuese de las mejores del club, no ganaría lo suficiente para vivir derrochando, pagar su mensualidad a Driek, Ika y Cam y encima, incluso adelantar mensualidades de otros meses. Era buena y tenía clientes contentos, que repetían y eran generosos. Pero Driek no era uno de ellos y entre ambos no había buena relación precisamente, por lo que hizo amago de marcharse, algo que fue frenado por él al agarrarla así.
Había dado aikido de niña y tenía los cojones suficientes a estas alturas para hacer que ese agarre le valiese una escayola y un mes sin mover la mano al holandés, pero no debía armar un numerito, lo sabía, era demasiado consciente de ello. Solo por eso, volvió a sentarse, fulminándolo con la mirada.
-Suéltame o te voy a romper cada hueso de tu asquerosa mano- dijo en un susurro entre dientes. La respuesta fue que su mano fue apretada con mayor fuerza, pero no era nada que no pudiese soportar, casi ignorar. Los hombres de Driek y Thomas le habían dado eso a base de palizas que le habían dejado casi todos los huesos rotos o al borde de estarlo.- Soy la persona a la que has venido a salvar el culo y tú eres el idiota que prestó millones a un crío sin mayor garantía que quedarse con la yonki de su novia- sonrió nuevamente.- Además, el crack no me gusta- corrigió, solo por quedar como una cría repelente.
Su cercanía la repugnaba. Porque todo en él desde que se conocieron era repugnante. Un maldito gilipollas que usaba a la gente como máquinas de imprimir billetes casi, que no le importaba comerciar con vidas que terminarían destinadas a satisfacer los instintos más bajos si con ello sacaba una jugosa tajada. Quería escupirle a la cara.
Quizás todo hubiese crecido desde que conoció a Misha y desde que ella murió. Ella había sido víctima desde la infancia de tipos como Driek y ahora, el odio era intenso por parte de la rubia. Porque ella si había podido elegir, porque había dejado claro a base de suerte y cabezonería, que a ella nadie la obligaba a nada... Se hizo puta porque era más fácil, porque era la primera que quería quitarse la deuda, porque quería vivir bien y disfrutar de los lujos del dinero fácil. Pero a ella nadie la había obligado a venderse o morir en caso de negarse.
-No necesito que tú, Ikka, Cameron o la panda de gorilas descerebrados a los que tenéis de chachas me salven- respondió luego de que la camarera se fuese.- ¿Qué gano si te lo digo? Porque está muy claro lo que ganas tú si te respondo, pero no soy de las que hacen las cosas por nada- respondió mirándose la perfecta manicura de la mano que hasta hacía poco él presionaba.- Porque si es un toma y dame, quiero ver qué me das si te doy respuestas.
Ignoró el nuevo cappuccino, no solo por hacer un desaire de adolescente caprichosa, sino porque tomarse esa bebida había sido un capricho en sí. Dan era de café solo y sin azúcar y por otro lado, con el calor reinante, era más de refresco que de otra cosa. No tenía ganas de otro, por lo que en cuanto pasó la camarera para llevar algo a una mesa cercana le pidió que tirase el cappuccino y le trajese una pepsi. No fue amable como tendía a ser con otros trabajadores, más bien fue una orden que la otra rubia cumplió a velocidad de la luz. Abrió su refresco una vez que lo tuvo y se entretuvo rompiendo la anilla, mientras esperaba una respuesta.



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Re: Debts || Driek

Mensaje por Driek Sprenger el Vie Feb 21, 2014 9:59 am

A una levísima parte de Driek le causaba verdadera gracia la altanería de a quien aún recordaba como una chiquilla de molesta voz, aún más cuando su verborrea pasó al pedido de una nueva bebida, como si rechazar un café fuese una pequeña victoria en su diario adolescente, el holandés se mantuvo en silencio, consciente de que las palabras de la rubia habían dejado en claro que esperaba una respuesta, movía con estoicismo la pequeña pajilla, formando círculos en el blancuzco tono del expreso, cuando creyó que era suficiente, llevó el café a sus labios y tras un sorbo lo dejó descansadamente sobre la superficie redondeada de la mesa, deleitándose con el dulce sabor que se extendía de forma invasiva en sus papilas gustativas, nunca había sido un fanático de aquella mezcla casi empalagosa, pero tendría que admitir que no estaba del todo mal, y no debía estarlo, reparando en que costaba el triple de lo que valdría en cualquier cafetería de Ámsterdam, justo como todo en aquella isla del dinero, que había sido sin duda, haciendo a un lado un par de detalles, una espléndida inversión. —Peculiar, eso de deberle el alma al diablo y además, exigirle un trato justo. —su respuesta rasgó el silencio como una afilada cuchilla. —Dejarte con vida después de que la deuda esté saldada, es ya un acto absolutamente generoso.

Paseaba la mirada por la abastecida sala, como si se encontrase hablando consigo mismo, como siempre, su profundo interés por la arquitectura le llevaba a puntualizarla, pero mucho más allá, detallaba a cada ser que respiraba dentro de aquellas paredes, jamás había sido paranoico y de todos los que estaban metidos hasta el cuello en el negocio, él era el que tenía un perfil más bajo, pero aquel era un acto por poco producto de la inercia, enseñado alguna vez por Cahir, el traficante irlandés asesinado por orden de su propio pupilo, y es que ni siquiera él había tenido idea de cómo la impiedad se había calado hasta en los huesos del burgués de los Países Bajos al que ni siquiera le había dado tiempo de lamentar con decencia la muerte de su padre. —Conozco el poco valor que le das a tu existencia. —su mirada se centró nuevamente en el ovalado rostro de la fémina. —Y venga, que no te culpo, pero si tras tantos intentos no acabaste con tu vida cuando parecías sacada de alguna pésima película de Tim Burton…

Volvió a alzar su taza de café y sorbió de él, repitiendo una vez más aquel movimiento mecánico, sus palabras eran tan solo acompañadas por los murmullos que se percibían de las conversaciones a su alrededor, de los pasos tamborileando contra el linóleo y el ruido de alguna que otra maleta siendo arrastrada. —No veo por qué lo harías ahora, la muerte es una salida pusilánime, incluso para ti. —y vaya que se creía lo que decía, ¿no lo había vivido él con Isaac? Quien lanzándose de un edificio de la forma más cobarde, había suprimido cualquier respeto que pudiese haber sentido por él cuando vivía. —Te afecta. —continuó. —Que si no te perjudicara, no habrías terminado secuestrada como una cría que acaba de salir de la escuela, la antítesis de tu brillante discurso de emancipación. —tomó la taza que contenía lo que aún quedaba del cappuccino y la hizo a un lado, dos sorbos eran lo único que necesitaba para estar convencido de que no volvería a probar aquella bebida en lo que restaba del año, apoyó sus manos en la mesa formando un arco como si se encontrase en la silla presidencial de la central de su compañía, frente a un puñado de asociados con ideas inútiles que fingiría escuchar y terminaría, como solía suceder, echando a la basura. —Entonces, dejemos de fingir que esto se trata de una negociación y vayamos al grano. —ladeó su muñeca derecha y le echó un vistazo a la hora, el día seguía en pañales.
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Re: Debts || Driek

Mensaje por Danielle M. Hudson el Vie Feb 21, 2014 9:06 pm

Lo observó tomarse su tiempo, ella era impaciente y no le gustaba malgastar minutos de su vida con gentuza como el holandés. Respiró hondo y dio un trago al refresco, el frío de este, las burbujas cosquilleando en la lengua y el azúcar sumado a la cafeína que pronto correrían por su torrente sanguíneo, fueron suficiente para que, por el momento, no le golpease con una silla en la cabeza.
-No le debo el alma a nadie, más bien todo lo contrario. Y quien la debe, anda en Londres escondido con su papi y os faltan los cojones necesarios para ir a hacer que él pague. Y os han faltado durante casi una década...- comentó con tono ido. Aquello no era importante, era algo que ya sabían ambos, pero un arma arrojadiza efectiva, pues siempre quedaría la herida abierta de que aquel niñato les tomase el pelo, se largase y a ellos les tocase lidiar con Danielle, lo cual no era tarea fácil, ella lo ponía más difícil y superaba sus propios límites.- Además ¿Qué garantía tengo de que viviré luego de pagar?- preguntó tranquila.- Vuestra palabra y créeme, eso vale menos que nada.
El único motivo por el que al trabajar con el sicario jamás había pedido como pago librarse de Ikka o Driek, era porque mientras ella tuviese una deuda, ellos junto con Cameron, eran su seguro de vida a todo riesgo. Daba igual qué hiciese, que ellos la sacarían del apuro, pues cualquier lío valía menos que su deuda, que así a voz de pronto, eran casi cinco millones solo de intereses acumulados... Pero una vez que liquidase la cantidad, nada garantizaba que Ikka o Driek no se desquitasen de tanto problema, desaire y disputa y la mandasen matar. Nada podría salvarla entonces, ni la griega y solo contaba con la palabra de ese par de cabrones. Lo dicho, esa garantía era como aire, invisible e intangible.
-Intentos que hubiesen salido bien sin tus hombres, los de Ikka o un gilipollas cualquiera, de por medio, siempre jodiéndolos- respondió con voz seca. Molesta. Seguía viva, pero no porque no le hubiese puesto ganas, sino porque siempre alguien había torcido sus planes.- Y las pelis de Tim Burton son muy buenas- puntualizó.- Hasta para morir, hay que tener cojones Driek, algo que a ti siempre te ha faltado... O bueno, según el tipo de muerte. Pegarse un tiro, saltar de una ventana, tirarte a las vías del metro... Es rápido. Lo haces y no hay vuelta atrás- eso había que concederlo.- Pero cortarse las venas y esperar mientras te vas desangrando o sufrir una sobredosis y sentir como tu cuerpo va reaccionando al excesos de fármacos... Lleva minutos, los suficientes como para arrepentirse... Decidir vivir siempre es más fácil- se encogió de hombros. De todo aquello, solo quedaban reseñas en su expediente médico. En Krakoa se habían encargado, a base de cirugía láser de borrar cualquier cicatriz.- Además, no sería elegir la muerte en este caso, simplemente afrontar las consecuencias de malas decisiones- se mostró indiferente.- Si vuelven a secuestrarme y no puedo escapar, no pienso suplicar por mi vida, eso si llega a ser patético.
Y tampoco entregaría a Bosco a cambio de una vaga promesa de vivir como objeto sexual de Hopkins Junior, aunque claro, ahora el “pequeño” psicópata era el menor de sus problemas, una lista que comenzaba a ser demasiado grande y muy, pero muy maloliente.
-Créeme, cuando van a secuestrarte gente profesional, no tienes muchas oportunidades de escapar, a no ser que me veas pinta de Evelyn Salt- comentó, reseñando a uno de los personaje heroicos recientes de Angelina Jolie.- Que me escapase de ti y de Thomas, lo admito, fue pura suerte y en parte, porque me subestimasteis- dijo con total indiferencia, hacía tanto de aquello, que era indiferente.- Pero esta gente me sobrevalora y no dio margen, si sigo viva no fue precisamente porque fuese una posibilidad de tener en cuenta, fue suerte- con nombre propio.- Ahora bien, no pienso seguir con esta conversación aquí, ni si quiera me apetece que me relacionen contigo. Si quieres respuestas, nos iremos a otro sitio donde podamos hablar sin que haya posibilidad de que nadie escuche o nos vea.- Y ella no bajaría sus exigencias.



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Re: Debts || Driek

Mensaje por Driek Sprenger el Sáb Feb 22, 2014 4:53 am

Y así, a su convulsa manera, la rubia a su lado comenzó a hablar de lo que le había sucedido, “…cuando van a secuestrarte gente profesional”, no es como si él esperase otra cosa, por más que insultase una y otra vez a Ika por aquel desliz, lo cierto es que sus hombres no eran del todo ineptos, en los años que llevaban trabajando juntos nunca había tenido queja alguna, al menos hasta hacía unas semanas, debía suponer que Danielle, como siempre metida en líos de una talla más grande de la que puede llegar a calzar, no había ofendido al que servía los cafés en la aerolínea de la isla. —Claro, que cortarse las venas para huir de los problemas que te supone estar con vida, es de gente con agallas. —cada palabra que salía de sus labios estaba sumergida en un profundo y mordaz sarcasmo. —Tus conceptos de valor me son indiferentes y no, no podrías tener la certeza de que no quiera decorar la pared de mi nuevo departamento con tus sesos, pero no es como si tuvieses muchas opciones en ese sentido. —llamó a la mesera en una última ocasión, quien dejó el ticket de la cuenta, una vez hubo puesto el dinero sobre la mesa, tanto del café como del refresco de cola, se levantó y realizó una seña con su mano derecha para que ella hiciera lo mismo. —Si querías estar a solas conmigo, no era necesario tal teatro. —añadió con tono hilarante, antes de comenzar a caminar.

Contaba, por supuesto, con que la tozuda mujer le estuviera siguiendo, en menos de cinco minutos le había constado, que ella haría cualquier cosa contraria a lo que él le dijera, por puro berrinche infantil e indeseable. —Y las películas de Tim Burton, no son buenas. —prosiguió tomando la línea de la conversación más banal. —Al menos que tengas un pasado lóbrego, de perforaciones y cabello de tres colo… —detuvo su frase de una forma brusca e intencional, abrió la puerta de cristal tras la cual se encontraba la salida y con una presuntuosa sonrisa, agregó. —Oh, cierto. —y es que había sido justamente así como había conocido a la que ahora contaba con una brillante melena aurea, con ropas rasgadas y aspecto de cualquier papel que llevase Helena Bonham, estrella, precisamente, del director mencionado.

Era muy probable que la pelirroja que le había atendido en su llegada, terminara buscándole por todo el establecimiento, ya pasaría en cualquier instante por la valija olvidada, que si bien no quería perderla, tampoco era una urgencia inmediata. Salió tras Danielle hacia el bien organizado lugar de estacionamiento, filas de autos, todos de marcas multimillonarias y un par de colores excesivamente extravagantes, de nuevos ricos, supuso, dotaban la antinatural vista, los rayos UV producían una vorágine tornasol sobre cada patente pintura, no le fue difícil encontrar su temporal Camaro, quién sabe y terminaría comprándolo, aún contando con un exacto modelo en Londres, de un tono azul marino; el tintineo de las llaves en sus manos precedieron el “Bip” del seguro siendo desactivado y de la puerta izquierda abriéndose, una vez estuvo dentro, observó a la rubia con ligera exasperación. —¿No es un lugar un tanto extraño para querer broncearte? —en cuanto encendió el auto, del motor se oyó el agradable bisbiseo que ya podía reconocer y acto seguido, el aire acondicionado comenzó a apaciguar el engorroso clima, las islas tropicales eran el punto favorito de la mitad del mundo a la hora de unas vacaciones, pero él, sin duda, le daba rigurosa preferencia a las temperaturas bajas.
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Re: Debts || Driek

Mensaje por Danielle M. Hudson el Mar Feb 25, 2014 12:26 am

-Tengo la opción de demorarme eternamente con el pago, no será difícil, no al ritmo que suben los intereses... Van casi cinco millones solo de eso...- se encogió de hombros y siguió mirando sus uñas, que resultaban más interesantes que Driek y sus asuntos.- Ya quisieras tú que quisiese estar a solas contigo, pero sino hay más remedio que aguantarte...
Decir que ese hombre le resultaba indigesto era quedarse corto, demasiado corto. Era despreciable, la escoria más absoluta que podías toparte y ni ser atractivo lo salvaba de ser repugnante. Hasta una lombriz le parecía más digna a Danielle... Él era como una Tenia, un parásito del que parecía no se libraría nunca y que se alimentaba a su costa, entre otras cosas propias de ser un ser despreciable.
Se puso en pie y tomó su bolso, sacando las gafas de sol que se encasquetó antes de enfrentarse al astro rey con el que la rubia, casi una hija de la noche, no se terminaba de llevar bien. Se alisó la falda del vestido blanco con un gran estampado floral en un tono entre naranja apagado y salmón. No era un vestido que le gustase especialmente, pero era un Dior que le quedaba de muerte y eso era lo importante, ser lo que a cualquier cliente le apetecería tener. Para gustarse a sí misma, ya tenía sus vaqueros rotos y sus camisetas anchas. El sonido de sus tacones fue lo único que se oyó mientras salían de la cafetería y la zona de recepción hasta que el anglo-holandés volvió a hacerse oír.
-No eran tres colores, eran dos. Negro y rojo, el tercero estará en tu imaginación...- respondió sin darle muchas vueltas.- Se te olvida mencionar los tatuajes. Adoro los tatuajes. Me hice otro en la luna de miel- comentó con el mismo tono indiferente y aburrido sobre su pequeño pez en el tobillo, un recordatorio por Cameron, luego de que le disparasen en aquella nefasta fiesta de fin de año. Parecía que hacía tanto de esa noche... Apenas había pasado un mes y medio.
Una vez en el parking, siguió caminando ubicando su mercedes SLK 350 de color rojo. Un capricho de esos que se daba mitad por aparentar ser la barbie, mitad porque seguía siendo un cochazo con el que disfrutar de quemar rueda, la brisa en la cara y la calidad de los coches alemanes. Amaba los mercedes. Eso y una declaración de intenciones, siempre lo era ver a una mujer con un coche biplaza. Antes de llegar, a unas tres plazas del aparcamiento, Driek se paró y abrió un coche negro. Gran idea, coche negro, aparcado al sol... Mejor un coche fúnebre, para cuando te de el golpe de calor, idiota, pensó en silencio. Lo miró entrar.
-No es que no me guste la idea de tenerte de chófer, pero no me fio de tu habilidad al volante... ¿Dónde nos vemos?
Una vez tuvo su respuesta abrió su coche y siguió con sus andares que consistían en un vaivén de caderas que le salía sin si quiera proponérselo hasta el descapotable, entrando y suspirando mientras se mentalizaba para seguir aguantando al muy idiota de Driek. El reproductor de CD leyó en ese momento el disco, haciendo que  sonase Payphone de Maroon 5 que acompañó al sonido del motor deportivo al arrancar.



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Danielle M. Hudson
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Re: Debts || Driek

Mensaje por шеф el Mar Mar 18, 2014 2:16 am


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Re: Debts || Driek

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