Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

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Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Miér Feb 12, 2014 10:13 am

Miró la hora por millonésima vez. Habían transcurrido casi tres horas desde que les había ordenado a sus hombres ir por Aron Lindberg o Hades, como era conocido en el bajo mundo. Cierto que el tipo era el líder de una banda de traficantes y era jodidamente astuto y hábil, toda una joyita. Tal vez, solo por eso no les daría un tiro en la cabeza a sus hombres cuando llegaran, sabía bien que alguien como era Lindberg no sería fácil de atrapar. Finalmente vio llegar la camioneta negra, de donde bajaron sus subordinados junto al danés, que estaba inconsciente. –Más les vale esté vivo, idiotas.- Le dijo con un claro tono de voz molesto. Detestaba esperar que sus órdenes se cumplieran.

Tras unos minutos Aron quedó atado y amordazado a una silla. A su lado se encontraba un balde con agua helada para despertarle. Había mandado a traerlo para “conversar” con él. Hace unos días, Hamilton, uno de sus hombres había sido asesinado y todo parecía indicar que o bien había muerto a manos de los hombres del traficante o bajo las propias, fuese cual fuese la historia, quería saber el trasfondo de lo ocurrido. No podía dejar las cosas así como así. Cierto era que muy posiblemente Hamilton tuviera tratos con mafias enemigas, lo que se traducía en una clara traición para ella, Ika y Driek. Pero en especial para Ika, ya que más de una vez la holandesa había manifestado que él era tu hombre de confianza. Internamente, una parte de ella esperaba que Hamilton si los hubiera traicionado, quería restregarle a su cuñada lo estúpida que era. Pero si sus sospechas resultaban verdaderas los tres tendrían que ir con pies de plomo, precavidos y alertas ante lo que pudiera ocurrir, puesto que desconocían la información que el hombre pudiera haberles dado a sus enemigos. Aunque, eso explicaría los últimos atentados que habían sufrido sus socios.

Sacudió la cabeza para despejarse y se guardó la Jericho en la parte de atrás del pantalón, tomó el balde de agua y se lo echó encima para despertarlo. –Bello durmiente, es hora de despertar.- Dijo con tono burlón mientras le daba una bofetada, esperando que se despertara en su totalidad. –Tienes muchas cosas que contarme.- Ando generosa Hades. No me hagas enojar, al menos no tan pronto.



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Aron G. Lindberg el Miér Feb 12, 2014 2:08 pm

Habían rondando por las, ¿8 de la noche tal vez?,  la cuestión es que en el firmamento estaba ya oscureciendo y volver a tu edificio temporal con una preciosidad entre manos, significa pasarla bien toda la noche sin embargo, aquella especialmente volvía solo. Lamentable mi sorpresa cuando tuve el leve presentimiento de que alguien había forzado la puerta para entrar, sigilosamente me moví por el interior, a oscuras por los ahora tenebrosos pasillos. Me recuerda a esas películas de terror, y no, no soy tan idiota para preguntar ‘¿quién está ahí?’. Sería lo más pedante que podría decir. Prendí la luz de la cocina, y tomé una sartén. Pude tomar el cuchillo, pero sería matar a la persona y quedarme con las ganas de saber quien le manda . Hacía el teatro de prepararme un cafecito humeante, los pasos detrás de mi se hicieron notables — Buenas noches… —Alcé la taza llena en cuanto me daba vuelta, y éste se paró frente a mí. A su lado entraban dos más.

La cosa no podría mejorar de lo que ya estaba. — Venimos a buscarle señor Lindberg. Entréguese por las buenas — ¿y ahora qué?, ¿debo ponerme de rodillas a rezar por favor no me lleve, soy muy joven para morir? Le tiré de lleno la taza caliente sobre la cara, tomando con precisión la sartén preparada para golpearlos en plenos esquives e intento de agarres — Vaya, debo ponerme a vender sartenes como armas peligrosas. Sería legal —pensé en voz alta con esa elocuencia y habilidad para pensar siempre en crear dinero, en tanto los otros estaban desplomados en el suelo. Pero aún seguían acercándose, y la cantidad comenzaba a subir, tirándose encima mío para tomarme de los brazos y evitar que siga tirando sartenazos a sus duros cráneos. Le di una tunda uno, pero otros más se encargaron de ponerse detrás de mí, sosteniéndome y comenzar a golpearme en la zona del vientre.  

Me quejé y jadee del dolor, pero otro con pintas asiáticas habló:

No sean ineptos, ella lo quiere vivo. —Se detuvieron sí, pero yo todavía tenía la decencia de liberarme así que forcejeé hacia atrás para que la espalda de mi agresor golpeará contra el mármol de la mesada. Aulló del dolor y me liberó para sostenerse, mientras me escabullía a tomar un arma más letal otro me inyectó lo que parecía una droga para dormir. — Skit! —Grité insultante en sueco, mi madre lo era y siempre insultaba en su idioma, ‘mierda’ porque me habían inyectado basura al cuerpo y ciertamente, no soy partidario de esa mugre. Si iba a hacer el papel de cordero suculento, realmente debía parecer uno para que caigan en la trampa. Caí aturdido, comenzando a reflexionar que mujer me quería secuestrar… Bueno, soy tan sensual que ya necesitan de secuestrarme para tenerme, logré pensar en mis últimos momentos, arrastrándome en el suelo cuanto aún podía.

Lo siguiente que pude saber es me llevaban en vehículo, escuchando el murmullo de las voces; mi cuerpo no reaccionaba por el somnífero y apenas despertaba, tan lento, que parecía ser el mismo sol intentando levantarse del horizonte e iluminar la tierra. Apenas llegar, me llevaron bruscamente, seguía bajos los efectos y ni siquiera era capaz de despertar del todo. Aún no reconocía donde estaba, y mis ojos intentaban abrirse. — Lo está, pero si no lo hubiéramos sedado, quien sabe cuanto nos costaría mantenerlo vivo —y me ataron sin problemas, dejándome allí, un tributo a la reina araña, ¡bravo!

Mi cabeza estaba siendo taladrada por un pájaro carpintero o así me parece, dolía bastante hasta sentir un gélido líquido en todo el cuerpo: agua. No sirvió del todo para traerme, y apenas entendía algo —
[*]Hvis det er et orgie, jeg er i.—Hablé atontado pero sonriendo de oreja a oreja hasta cambiar mi rostro al sentir la mano de la fémina abofetearme. — Gracias, preciosa. —Dije más avivado. Asimilando en primer lugar que estaba atado a una silla. Para estas cosas ya estaba preparado, manteniendo sobre todo la calma. — ¿Y que cosas debo contarle, señorita? —Pregunté con repentino interés — Si eres una de mis ex’s y quieres oír la historia de cómo te engañé: lo siento, te contaré todo. Mereces saber la verdad —no sonaba convincente de ello y mientras hablaba, intentaba descubrir sus verdaderas intenciones, era como esos villanos que apenas tener el protagonista donde lo quiere, revelan sus oscuros planes.

¿Eres Tina, Elizabeth, Tamara o tal vez Sophie? —Me fijé en su rostro, analizándolo a puro detalle.


[*]Si se trata de una orgía, estoy dentro. [Danés]
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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Vie Feb 14, 2014 8:45 am

Se cruzó de brazos en lo que esperaba a que él terminara de reaccionar. Ignoró lo que le dijo, después de todo no entendía, sus dotes poliglotas no abarcaban el danés, idioma que el traficante hablaba. Sonrió de lado, burlona. En cinco minutos te arrepentirás de darme las gracias. Pensó. Ella esperó un par de minutos a que él dejase de decir estupideces, que esperaba, fueran producto de la droga. Bufó con cierta molestia. –No soy ninguna de tus putas.- contestó irritada. A los lejos logró escuchar la risa de alguno de sus hombres pero bastó mirarles de forma envenenada para que se callases. –Vayamos al grano y dejemos las idioteces de lado.- se acercó a él solo lo suficiente. Mostrándose inexpresiva. –Mataste a uno de mis hombres y quiero saber por qué.- las cosas eran simples, tal vez demasiado. –Solo quiero conversar contigo. Si me dices lo que quiero saber te dejaré ir. Lo prometo.- sonrió de lado. –Verás, he estado investigando y todo indica que tú, amigo mío, eres el culpable de su muerte. No sé si fuiste tú directamente o mandaste a alguien, en realidad no me importa. Solo quiero saber el motivo.- hablaba sin expresar emoción alguna, casi como si estuviera recitando algo que ya se supiese de memoria.

Ella podría tenerlo ahí todo el tiempo hasta que él se decidiese a hablar pero en realidad no tenía demasiada paciencia para ese tipo de cosas. Pero estaba de buenas, quizá soportaría alguna que otra tontería de parte del rubio pero nada más, porque una vez él le colmase la paciencia las cosas se pondrían feas. No lo mataría tan rápido, sería ser demasiado misericordiosa con él y eso de ser buena samaritana no se le daba. Pero, por el otro lado, si lo mataba, habría eliminado a la competencia y con un buen movimiento se podría hacer de sus negocios y de su gente. Esa opción le empezaba a encantar pero se la guardaría por ahora.

Uno de sus hombres le entregó una fotografía de Hamilton, quedándose a un lado de su jefa por cualquier cosa. Y ella no lo corrió. –Él. ¿Lo mataste?- lo colocó la foto enfrente. El hombre de la fotografía era joven, no más de 35 años. Cabello negro casi rapado, con tez blanca, ojos miel y una nariz ligeramente alargada. –Estoy esperando mis respuestas y la paciencia se me acaba.- acercó el rostro un poco, analizando las facciones del danés con demasiada atención. –Y créeme, no quieres verme de malas porque será lo último que veas antes de que empieces a suplicar porque te mate.- le dijo, mostrando por primera vez una emoción, enojo. –Si yo fuera tú hablaba. Cuando se enoja un hombre muere y es algo que sucede seguido.- se escuchó decir a Jones, el mismo hombre que no le había entregado la foto y que era uno de los guardaespaldas personales de Hunter. Él hombre conocía bien el temperamento de su jefa, cuando se enojaba por algo del trabajo no lo pensaba dos veces y mataba o mandaba a quien hubiera cometido el error. Él mismo había ejecutado a varios de la mafia bajo las órdenes de la griega. Peters, el último idiota en hacerla enojar había terminado amarrado contra un tubo con múltiples heridas para que las ratas llegasen a alimentarse de él.


Última edición por Cameron E. Hunter el Dom Feb 23, 2014 1:23 am, editado 2 veces



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Aron G. Lindberg el Vie Feb 14, 2014 4:57 pm

No. Aparentemente no era ninguna mujer con la que me había encamado. Recordaba bien sus rostros, no podría olvidar ninguno, y ciertamente, la lista de novias no era muy larga aunque lo pareciese, las amantes ya es otra historia. Mordí mi labio inferior, el dolor de los golpes anteriores, comenzaban a despertar e hice un repaso rápido del lugar: el calmo sonido de una cascada caer, grillos y ranas haciendo un dúo imparable; pero lo más importante, hombres trajeados formalmente y dispersos en puntos al azar. — ¿Qué es esto entonces?, ¿una broma para un programa? “El secuestro del señor Lindberg”, no se lo pierda que en minutos volvemos. —Mi rostro era serio, sonando a lo anfitrión de televisión porque ya jugaba a las adivinanzas. Todo a su debido momento, pero me colmaba la paciencia. En ese momento, la dama se acerco lo suficiente para quedar cara a cara, parpadee neutral, esperando su explicación para sacarme del enredo mental que ahora mismo tenía.

<< Mataste a uno de mis hombres y quiero saber por qué. >>
Ahí el detonante de todo este embrollo, abrí mis labios para responder sinceramente, pero en vista que soltaba la parla más de la cuenta, los sellé de nuevo. Odio que me interrumpan en el medio de una confesión, como si no supiera que es mejor dar los hechos que ensuciarse más en el barro. Obviamente, tengo en cuenta las circunstancias, y los hechos. Revolví mis manos atadas, buscando la solución de desatarlas de una manera u otra. No soy Harry Houdini, pero he aprendido maneras de hacerlo. Entonces, escuché y aunque la consideré lista, no lo fue tanto en su discurso. Me dijo dos veces lo mismo con otras palabras, reflexione alzando una ceja irónicamente. Perdiéndome en esas pequeñas frutas que tenía por labios; alcé la vista, demostrando orgullo por más que sea la aparente jefa y sea capaz de poner en prueba las torturas más horribles que puedan existir. Inhalé el aire hacia mis pulmones, intentando rememorar en mi cabeza la razón y el momento exacto.

Lo que sucede, es que soy de esos que apenas acabar un problema, la solución me tranquiliza, dejando atrás y en el olvido lo que una vez me hacía exasperar. Es como tener una espinita en el dedo, buscas formas para deshacerte de ella, y cuando lo haces, te olvidas por completo que tuviste algo enterrado en la piel. Ya no te preocupas más por la espina, sino por el dolor que ahora tienes. Atento al presente, me puso enfrente una curiosa foto que estudie muy a fondo. Hamilton, el idiota que tuvo la ocurrencia de interceptar un pedido, robar y matar a uno de mis hombres para dar con un capo más grande en busca de su ‘lealtad absoluta’, más a mi no me estafa nadie. Lo más seguro que ella no lo aprobó, porque si lo supiera, no estaría atado a una silla que me está acalambrando el culo. Un golpe debe ser consentido por el jefe, porque existe el peligro que una guerra entre bandos llegase a ocurrir. No seré mafioso puro, pero yo tengo las armas, ellos lo compran. Y si a mi se me ocurre hacer un complot con otros traficantes de armas, nadie comprará armas. Esa es la historia, y los contactos en los negocios resultan ser un arma de doble filo.

Iba a hablar, pero al parecer está más entusiasmada ella en hacerlo —Ataje cortante, nuevamente frustrándome porque cada vez que insinuaba hablar, terminaban cortando mi inspiración. Parecía ser una obra del Señor haciéndome una broma, una de mal gusto. — Lo maté, y que suerte, porque no recordaba que fuera tan feo, ni un mono lo violaría —expuse una mueca, y deliberadamente me ocupe en enfrentar mis ojos con los suyos, demostrando soltura y honestidad, soy de palabra. — Ojo por ojo. Créeme, por su culpa me llené de mierda y los norcoreanos no se andan con jueguitos. Él arruino un pedido de hace un mes atrás, aparentemente le habían dado una encomienda en nombre de su jefe, y tú no pareces ser un ‘jefe’. — Dije como si fuera más que obvio a que me refería. A menos que sea travestido, pensé inmediatamente e hice una pausa para proseguir: — Dicho sea de paso, deshaciéndose de uno de mis tipos para poder robar las armas. El pedido no se efectuó, tocaron a mi puerta y yo toqué a la suya.—Expuse breve.
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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Dom Feb 23, 2014 7:48 am

Estaba irritada. Ella no era de esas personas que gustaba de esperar y haber tenido que hacerlo no la dejaba de muy buen humor, aunque, no estaba en ese instante de mírame y te mueres. Se podría decir que la bestia estaba controlada. Rodó los ojos y armándose de la paciencia que rara vez tenía se dispuso a escuchar al rubio, quien, debía admitir, era bastante gracioso. Los hombres de la castaña había empezado a reír de forma estruendosa, en cambio ella se había limitado a sonreír mostrando sus aperlados dientes. Por supuesto que deseaba reírse, solo que no lo haría. No era momento de reír.

Los ojos grises de la griega chocaron de forma firme con los de él; ella no era de las que se dejaban llevar por corazonadas o ese tipo de cosas absurdas, sin embargo, logró notar tal honestidad en la mirada ajena que por muy estúpido que lograra parecer, le creyó. Cameron simplemente se cruzó de brazos y frunció el ceño con cierto aire de molestia y concentración. –Driek no se atrevería a hacer algo sin avisarnos.- dijo. Las palabras habían sido más para ella que para los dos hombres que estaban cerca de ella. Suspiró. Cameron hizo unas señas y los hombres que estaban presentes se marcharon, solo quedó Jones quien se había colocado a una distancia prudente del traficante y su jefa. Ella haló la otra silla que estaba cerca y se acomodó con la misma gracia y sutileza de una bailarina de ballet. –Como podrás notar yo no fui la que dio esa orden.- pronunció con claridad a pesar de que su acento inglés había desaparecido para dejar paso a la peculiar forma de hablar que tenía. Una mezcla entre el acento griego con el irlandés. Embozó una sonrisa complacida. – ¿Sabes? Debo agradecerte que me quitaras al imbécil de Hamilton. El tipo me era un verdadero estorbo.- se sinceró.

Las cosas ahora parecían tener una mayor coherencia en la mente de la castaña. Era obvio que Hamilton los había traicionado, igual era obvio que aquel atraco a Lindberg simplemente había sido una prueba para que el ahora occiso pudiera integrarse a las filas de una nueva familia. Gusto que seguramente le había durado muy poco.

Y, por primera vez en el poco tiempo que ella llevaba frente a él, lo observó con detenimiento. No podía negar que era realmente atractivo y seguramente en otras circunstancias no habría dudado en seducirlo. Pero el atractivo de traficante no residía simplemente en lo físico. Él emanaba una fuerte personalidad. Seguramente tendría a más de un par de mujeres temblando a sus pies. Mentalmente, ella se sacudió la cabeza, despejando cualquier tipo de pensamiento que estuviera fuera de lugar. Sin embargo, no pudo evitar relamerse los labios cuando, por un instante, posó la vista en la apetecible boca del danés. Probablemente sabría deliciosa. Por fortuna tenía la habilidad de mantenerse inexpresiva a pesar de llegar a estar hecha un desorden mentalmente. Solo alguien que la conociera a la perfección podría llegar a leer su rostro aunque ella no moviera un músculo.

– ¿Alguna idea de quien podría estar detrás de ti?- preguntó, de forma impersonal. –Lógicamente no le agradas a alguien, y ese alguien quiere lo que puedes ofrecer sin la necesidad de hacer tratos contigo. Dudo que a la próxima falle.- En este negocio siempre hay próxima vez. Ley no escrita de este mundo. Se pasó la mano por la melena de forma tranquila y algo monótona. Hunter esperaba que Lindberg tuviera la respuesta. Llevaba cerca de tres meses averiguando con quienes podría haber hecho trato Hamilton pero él había sido realmente astuto, solo había dejado una que otra pista que nada tenía que ver con la otra. O al menos de con quién podría haber traicionado a sus jefes. Porque la traición estaba clara, o para ella así era.



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Aron G. Lindberg el Mar Feb 25, 2014 3:50 pm

Sus hombres reían, pero yo no lo hacía a pesar de que mi naturaleza de por sí es encantadora y ánima el ambiente vaya donde vaya. Estaba bastante centrado en mi problema: una soga contiene mi gran cuerpo. Y no pude evitar fijarme en la sonrisa ajena, la primera vez que mostraba señales de ser una humana. No obstante, seguía pensando que era una especie de robot al estilo Terminator, diseñada para matar sus objetivos y no mostrar piedad alguna. Algo que nos asemeja pero nos hace distintos. Embalsamado, pude permanecer en silencio, ya había hablado, no tenía porque acotar más de la cuenta. ¿Acaso dijo Derek?, ¿David?, no, creo que era Michael. Aluciné en esos momentos, frunciendo el ceño levemente en la medida que hacía retirar a sus hombres. Los seguí con la mirada, los trajeados siempre haciendo caso sumiso a la principal reina abeja.

Y ahí iba de nuevo, diciéndome lo evidente. — Cariño, eso ya me di cuenta desde que saltaste con lo de Hamilton —y acompañaba en mi sarcasmo un rodar de ojos, el mote de cariño se lo decía a cualquier mujer por no saber el nombre, aunque bueno, ella no se presentó como corresponde. Las mujeres podían ser tan repetitivas como obvias e imagino que tenían un CD implantado en sus cabezas que le hacían poner el track correspondiente a la situación; mientras, lo que quedaba de dolor desaparecía, afortunadamente no me hirieron de forma fatal pero no iba a perdonar el hecho que me pusieron mierda en el cuerpo. Se esfumaría de mis vasos sanguíneos, sí, pero sigue siendo droga.  Elevé las cejas, expresando un notorio rostro de “no me jodas”, parpadeé, dando por hecho que parecía una tomadura de pelo. Algo que me diferenciaba de los mafiosos es mi expresividad, y en como saber camuflarla cuando se amerita. En estos momentos, la dejaba fluir ante la fémina.

Veamos. Agradeces que haya matado uno de tus hombres —dije—, pero me raptas, me atas y me haces perder el tiempo… —agregué—. ¿Acaso te da morbo ver atado a un hombre?, ¿o es tu forma de agradecer? —solté. Una sonrisa coqueta se me escapó de los labios, por primera vez sonriendo frente al jaleo, y como eso, también me fijaba mejor en sus enigmáticos rasgos. Pero debo estar soñando, digo, un sueño húmedo donde en cualquier momento la chica se menearía frente a mí, me quitaría la ropa indecentemente, y lo haríamos bajo los reflejos lunares aún estando atado, muy poético. Mordí mi labio inconsciente, malditos fetiches, ¿ahora tenía que pensar en pornografía? Es ridículo ante una situación en que mi vida está en juego, un disparo en la cabeza y sería un goodbye al señor Hades.    

Pues… No. Hay mucha gente que me odia y no precisamente porque sea una rata mentirosa —arrugué los labios del disgusto, pensar que ser sincero te vuelve inmediatamente en el malo. — Y lógicamente no le agrado a muchos, y ese alguien…—me quedé en mudez. Y una gota de sudor recorrió mi sien, había sido un colapso mental que no duró más de un minuto: — Mierda.

Respiré agitadamente, ahora estaba todo enlazado y la respuesta estaba residiendo en aquella persona que podría tener secuestrado a mi hermano, ojala me equivoque. Levanté la mirada, volviendo la mente en frío antes de que estallara y me vuelva en Hulk, el hombre increíble. No sé su nombre. Posiblemente es el que tenga a mi hermano —confesé, intentando asimilarlo, y como perro pateado posé mis ojos sobre ella — ¿Podrías desatarme?
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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Miér Feb 26, 2014 6:54 am

Quiso reír pero de nueva cuenta reprimió aquel instinto natural que surgía en los humanos cuando escuchaban o miraban algo que les resultaba gracioso. Él era gracioso. –No me digas “Cariño”.- ella detestaba ser llamada así. En su época de scort la mayoría de sus clientes solían decirle de esa forma, así que, simplemente había terminado detestando que la gente le hablase utilizando esa palabra. –Soy Cameron.- dijo, presentándose por primera vez.

Enarcó una ceja, disfrutando de la expresividad del rubio. –Tuve mis motivos para hacerte traer.- contestó sin emoción alguna en la voz. Y ahora sí estuvo a nada de no poder contener la carcajada. Ella rodó los ojos. –Has dado en el clavo. Me fascina tener a un hombre atado para poder hacer con él todo tipo de perversiones. Es mi forma de tener una relación Ama-Sumiso.- dijo con sarcasmo puro. Aunque no era tan mentira. Cameron en realidad si disfrutaba de atar a un hombre a la cama o donde fuese para tener sexo pero disfrutaba más tomando el papel de sumisa. Se obligó a retirar la vista de todo él en cuanto lo vio embozar una sonrisa coqueta. Se veía demasiado atractivo. Deja de parecer una adolescente hormonada, Elise, se reprendió mentalmente. Usando su segundo nombre para enfatizar la reprimenda. Más había durado en quitarle la mirada de encima al traficante que en volver a regresarla, observando de nueva cuenta sus labios, haciendo que ella tragase en seco al ver como los dientes mantenían atrapado el labio inferior. Probablemente al llegar a la cabaña, Cameron, tendría que darse una ducha de agua casi al borde de la congelación. Era eso o tirárselo tal y como había dicho segundos antes. Y la segunda opción sonada de lo más tentadora.

Agradeció mentalmente que él tomase la palabra y la sacara de su mundo, ese que empezaba a tornarse más sexual a cada segundo. –De toda tu lista saca al que más te quiera ver fuera del negocio. Todos tenemos a alguien, no ha de ser tan complicado.- rodó los ojos. Las cosas ya volvían a retomar su cauce cuando él pronunció su pequeño dilema familiar. Ella detestaba meterse en ese tipo de cosas, siempre terminaba recordando a su hermano. Lindberg respiraba agitadamente y la mirada llena de tantos sentimientos que le había dirigido casi la había hecho ceder. Casi. –No puedo. Nadie me asegura que si te desato no tratarás de asesinarme por haberte traído.- Lo siento querido Hades, no me fio de ti. No importa que tan bueno estés. Volvió a mirar a otro lado, de nuevo una mirada así  de parte de él y terminaría cediendo. Y no estaba en sus planes ceder.



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Aron G. Lindberg el Miér Mar 05, 2014 4:17 am

Uuh, a alguien no le gusta ser llamada “Cariño”, está bien, te llamaré Honey —guiñe divertido, esto de estar amarrado parecía ser más emocionante de lo que creí. En mi vida me habían secuestrado, pero cuando lograron raptarme, pensé que iba a ser un mafioso yanqui, dispuesto a enseñarme su arma y apuntarme en señal de que hablará y diga quienes eran mis contactos, o peor, el FBI intentando persuadirme porque les he vendido bombas a los terroristas iraquíes. De ambas opciones, ninguna era acertada. — Es curioso como tu nombre rima con Aron, estamos destinados —aguanté una risa, aparecía mi humor encantador para encandilar a la dama, eso o suplicar por mi vida. La segunda se me es patética. Demasiado. Observé a su hombre — ¿Usted que cree? —pregunté, familiarizándome con el “enemigo”, aunque no los veo así, no los considero enemigos porque no sabía que Hamilton era de los suyos. Hasta ahora.

Sé que las has tenido, pero creo que era más fácil si me llamaban amablemente, no sé, cortesía… —sugerí en el aire, camuflando un: pudiste haberme citado, serás mujer. Los hombres somos más sencillos, o supongo que soy el único idiota que cita y luego de tener la información te deja ir, ¿será que soy el único estúpido? Pero, si sé que me mienten dudo mucho que salgas vivo. Quedé de cara con su confesión, y entre abrí mis labios por un momento hasta poder decir algo. — Rayos, mujer, eres Gatubela en persona. ¿Donde está tu látigo? —respondí con el mismo sarcasmo. Si íbamos a jugar quien es más sarcástico, yo también juego. Noté que me aparto la vista, ¿estaría pensando en como matarme?, volvió a mirarme y tragué saliva. Esa mujer es peligrosa y atrayente, pensar en que me haría deja en evidencia que soy hombre. Parpadeé — ¿Qué le sucede, mi lady? —solté jocoso, imitando esos hablas antiquísimos de cuando los caballeros aún existían, sí, suelo hablar así cuando soy educado. Profundicé mi mirada, absorto en la belleza europea.

Bajé la mirada de repente, sinceramente, desconozco de quienes me odian y quienes no, el mundo está lleno de hipócritas inútiles, nunca dan la cara y cuando le das la mano, te dan una puñalada en la espalda. — Para mí es complicado, verás, yo… soy un mal necesario. —Pestañeé, y volví a mirarla—. El tráfico de armas, se lleva a cabo, principalmente por satisfacer las necesidades de “protección y poder” —dije seguro, dando por hecho que cada uno de sus hombres habrán obtenido sus armas por compra ilegal, más que limpiamente porque “el país les dio un permiso escrito que dice que los mafiosos pueden portar armas”, sí claro, antes los matan. —  Algunos gobiernos me pagan cantidades muy altas gracias a las guerras que se fomentan, necesitan armamento y como no tengo inclinación política, le vendo a todos como buen neutral. Pago a la industria: ellos crean más armas. —Resumí, yendo de un tema a otro, para que comprenda que los únicos rivales que tendría serían otros traficantes de armas como yo. Sin duda, seríamos los reyes del mundo porque los demás estarían muy ocupados en matarse entre sí. El tema de mi hermano en sí me daña, y me arrancan un pedazo de mí apenas yo decirlo.

Momento, ¿escuché bien? Suspiré, e intenté no insultarla en mi idioma natal. Oh, maravillosa lengua danesa que me puede ser útil en estos momentos. — A ver —le miré seriamente, tanto que mis ojos podían echar fuego— tienes un hombre a tu lado, seguramente armado. Yo no traigo armas encima, y aunque las venda, no quiere decir que siempre las usé. Resumiendo, ¿cómo quieres que te maté?, ¿te ahorco?, ¿te amarro con la soga?, ¿o es que no sabes defenderte? —rodé mis ojos, y tampoco estoy en condiciones de matar a alguien —. Además, si tuviera que matarte lo haría en la cama, eres demasiado atractiva para dañarte, Cameron —siseé, diciendo su nombre por primera vez a través de mis labios. A gusto, pareciendo que también decía el mío y el de ella, donde “Came-ron” hacían sexo salvaje. Aunque en esos momentos me hubiera gustado morderme la lengua. — Necesito una ducha, me duelen las manos, la silla me está acalambrando… Desátame —teatro. Ella quería una víctima, la tiene.
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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Lun Mar 31, 2014 6:38 am

Se mantuvo totalmente seria, ocultando bajo aquella mascara de indiferencia las ansias asesinas. Cameron Hunter no era conocida por su benevolencia y su gusto por asesinar a sus enemigos de forma rápida e indolora, sino, todo lo contrario. Ella disfrutaba torturando a sus enemigos de formas horribles y bastante medievales, y sin duda, entre sus favoritos estaban “La cuna de Judas”, “La sierra de tortura” y su versión modificada de “La rueda de la muerte”; Cameron prefería que sus víctimas fueran alimento de ratas en vez de comida de pájaro. Y algo así deseaba la castaña para el traficante cada vez que él habría la boca para burlarse. Lo gracioso en todo aquello venía radicando en que a pesar de todo, ella deseaba reír cada que Hades pronunciaba alguna de sus estupideces. Se sostuvo el tabique de la nariz con los dedos al tiempo que suspiraba totalmente exasperada. –Creo que usted disfruta pareciendo payaso. Y, también creo que la paciencia se me agota.- la voz denotaba una clara molestia contenida.

Una gran carcajada irónica rompió con la relativa tranquilidad que trasmitía el sonido de la cascada. –Me aseguraré de que la siguiente vez reciba una invitación para tomar el té.- el sarcasmos era un idioma perfectamente manejado por la griega y con cada una de sus palabras lo hacía notar.

Su menta la traicionó. Sí. Ella sabía que Aron le hablaba con sarcasmo pero no pudo evitar imaginarse vestida con el traje de cuero que tanto caracterizaba al personaje perteneciente al mundo de DC Comics. Y aunque quiso contestarle, prefirió el silencio, al menos hasta que su mente pudo dejar de mostrarla vestido con aquel sugerente traje negro. –Podemos pasar toda la noche en este lugar, me avisa cuando haya dejado las bromas.

Cerró los ojos durante varios segundos, buscando serenarse para no hacer algo antes de tiempo. Además de que, la mafiosa no descartaba hacer tratos con Aron en el futuro. Y francamente, la idea no le disgustaba ni un poco. –Usted vende, nosotros compramos. Sé cómo funciona esto. Todos somos enemigos de todos pero entre todos, siempre hay alguien que resalta entre el montón.- explicó de nuevo. ¿Qué tan normal era que ella cambiara de un temperamento al otro? En realidad, bastante. Solo que el hecho de que el rubio tuviera una mente tan hábil para debatirle las cosas sin necesidad de insultos como el resto de la gente, la atontaba. Provocando que de esa manera ella se cambiara de humor más rápido de lo habitual. Al menos no había llegado al punto de la agresión física, pues ella rara vez tocaba a alguien en ese sentido. Prefería ser espectadora de los hechos.

Abrió los ojos.

Mantuvo los orbes mercurio sobre él, ni siquiera pestañeó. –No tengo por qué darte explicaciones y realmente no tengo idea de porque mierda te las daré.- se levantó de la silla, colocándose más cerca de él. Con el rostro a solo centímetros del de Aron. –Se defenderme bien y por experiencia, sé que una persona puede usar cualquier objeto para tratar se asesinar a otra. Además, le diste una paliza a mis hombres, de no ser por la mierda que te inyectaron no estarías en este lugar, por lo que tengo motivos de sobra para no querer soltarte.- susurró tan solo para ellos. Entonces sintió el aliento del proxeneta acariciarle el rostro, quiso pasar saliva por su garganta pero le fue imposible, la sola mención de su nombre la dejó fuera de base. Nunca en su vida había escuchado su nombre sonar tan excitantemente. Ella no entendía cómo era posible que alguien a que acababa de “conocer” le alborotaba las hormonas de tal sentido que se sentía como adolescente. Cameron estaba rogando internamente por acabar con todo eso pronto para ir a ducharse y bajarse el calentón. Se separó de golpe de él, respirando aire limpio. Totalmente libre de la esencia de Aron. –Me resulta gracioso que busques hacerte la víctima. Entérate, no me trago ese cuento.- ese y ningún otro. Sin embargo se colocó a la espalda de él y empezó a quitarle las ataduras. –Pero me diviertes, así que digamos que te ganaste tu libertad provisional, querido bufón.- dijo sarcástica.



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Aron G. Lindberg el Jue Abr 03, 2014 2:28 am

Afile la mirada, la luna brillaba tenuemente y la dama bajo de ésta se veía particularmente atractiva. Ni siquiera hemos hecho la danza de la seducción, ni siquiera hemos tratado de llamarnos la atención mutuamente y la naturaleza de ambos hacía su trabajo por sí sola, algo que muchos podrían llamar: atracción física. El deseo crece, y mis feromonas se revuelven, deseando que esto termine por fin. Ya dije todo, ¿qué más quiere saber? Mujeres, siempre pidiendo más de lo que no hay. Mostré seriedad, aún cuando la expongo siempre hay sarcasmo detrás de las palabras. Camufladas y cultas. — A vuestros ojos seré payaso, pero es mejor serlo para reírme y no ponerme como un emo corta venas —contesté tenaz, usando nuevamente esa parla jocosa de un noble. Si alguien me pregunta si es a propósito, diría que no, fluye sola como un poeta escribe poemas cuando está inspirado.

Por otro lado, en mí no verías una gota de sufrimiento, detestaba que mis debilidades salgan a flote, eso sería algo que muchos usarían para atacarte y usarte a costa tuya. — No sé que más esperas porque ya dije todo. ¿Quieres que comience a bailar y sacarme la ropa? —me estaba reteniendo, ¿por qué?, puede optar por matarme o dejarme volver a mi habitación del Hotel. Tan sencillo que no hay que pensarlo mucho. — Al menos pensaste en el té, que detallista. —Elocuencia contraatacando, para que no sonara irónico también. Simplemente lo tomaba como si fuera cierto y eso es lo que más puede fastidiar a alguien que requiere de la ironía o el sarcasmo.  

Mantuve el silencio, pensando en que yo también disfrutaba de todo aquello y comenzando a experimentar el Síndrome de Estocolmo. ¿Cuándo alguien deseo tanto a su propio secuestrador? ¿Cuándo alguien fantaseó en  su rapto sobre trajes de cuero, látigos y antifaces? No sentía enfado, sentía calor y estaba acalambrándome. La inmovilidad me pone inquieto, como un león que espera ser liberado de su jaula para salir a correr por las praderas, un animal esperando que le quiten sus ataduras. La soga comenzaba a quemarme de lo fuerte que hicieron los nudos, aflojarlo se me era imposible desde un inicio, y aún así intentaba varias veces, terco ante seguir insistiendo. — Las he dejado hace mucho, mi reina. —Aproveche para escuchar los sonidos paulatinos del agua, queriendo relajar el cuerpo y olvidarme de las anteriores imágenes que mi cerebro recreó en su momento. Inútil, y una gota de sudor recorrió por mi sien, cayendo lento hasta la mandíbula. — Me alegra que lo sepa, muchos no lo saben. —Dentro de todo, aunque un mafioso diga ser “poderoso”, sin armas y sin dinero es vulnerable, ahí es donde nosotros nos posicionamos en la jerarquía. Yo prefiero destacar por mis armas intelectuales, no porque sepa dar unas patadas y unos puños.    

El lado bueno: he conocido varias facetas de Cameron. No es alguien que mantenga una expresión hierática en todo momento, las tiene, pero muy resguardadas para ser detectadas y eso es comprensible, en este mundo toda cosa se usa en contra. — En realidad me encantaría una explicación —refute ingenuo, mostrando ese típico rostro de niño curioso cuando quiere descubrir algo nuevo. Abrí ligeramente los ojos, tenerla cerca me había tomado por sorpresa. Tomé las riendas de mis expresiones, mostrando calma, y olfateando de paso su rico perfume. — No soy alguien que ataca por atacar, yo me defiendo. La violencia sin razones es cosa de primitivos y de psicología insana. —Lo dije como si ella me estuviera tratando de violento, en cierto modo ofendido pero divertido por la mentalidad que podía tener la mujer.

Soy víctima de tus encantos. Estoy atrapado en una telaraña, servido en bandeja en la espera de ser comido. —Entrecerré mis ojos azulados, haciendo insultos y halagos a la vez, ¿es posible?, si te llamas Aron Lindberg todo es posible. Lo cierto que soy víctima y victimario, teniendo problemas que surgen desde la misma nada. Error. Surgen desde mis propias acciones, efectos que se desencadenan unas tras otras… No tengo respuesta para todo, pero soy consciente de buscarlas – a la fuerza si es necesario –. Deje que se moviera, siguiéndola con la vista hasta notar como iba desatando, espere que fueran soltadas por completo, sonriendo afable por su destacado comentario de la noche. Sería sarcástico, pero lo iba a tomar como algo de importancia. — Es importante entretener a la reina —guardé para mi el "abeja", desde un principio la he estado llamando así en mi cabeza.

Me levanté una vez sentirme libre, tomándola grácil de su cintura, sin miedo a que luego reciba una agresión física. Penetré mis ojos sobre los suyos, sintiendo un efecto electrizante debido al contacto. — Gracias…  —susurré suave en su oído, besando su frente fraternalmente y comenzando a separarme lento para pasar mi mano sobre mi sudorosa frente—. ¿Quién sería tan amable de llevarme al Hotel? —interrogue, directo a los hombres de Cameron que seguían expectantes de todo. Parecía estar en una serie dramática en la que estaba culminando. Observé mis muñecas, estaban rojas y con marcas sin embargo, sé que se irían con tiempo. De reojo observé a Cam, esperando una respuesta positiva que llene mis oídos y ante el silencio, hable presuroso: — Es lo menos que pueden hacer luego de tomarse las molestias de ir a buscarme. Si hubiera venido por mi cuenta, estas cosas no pasarían.
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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por Cameron E. Hunter el Mar Abr 15, 2014 6:57 am

Cameron ladeó el rostro, mostrándose un tanto incrédula ante lo dicho por él. Debía admitir que la elocuencia e ingenio que desprendía el rubio la desconcertaba a tal punto que la hacían cuestionarse si él era así todo el tiempo o solo era parte de la fachada que el traficante había creado para salir bien librado de la situación. A estas alturas de la situación, francamente, no sabía que pensar.

Se mantuvo en silencio durante el resto de la conversación, si es que se le podía llamar se esa manera a su intercambio de palabras. Su silencio se debía a que, de seguir así, eso se convertiría en una historia de nunca acabar. Atacando y contraatacando. Una y otra vez. Absurdo. Claro, que se mantuviera en silencio no significaba que las expresiones faciales o comentarios del rubio no le “afectasen”. Solo se permitió mostrar expresividad dos veces, luego de un largo rato, y fue cuando él mencionó ser víctima de sus encantos y que era importante que la entretuvieran. Ella rio.

Y él se irguió en toda su estatura, haciéndola ver como una niña pequeña. Tomando en cuenta que ella medía más de 1.70 y llevaba tacones, ella se veía diminuta a su lado. Pero no se intimidó. Al contrario. Entonces, se dio cuenta de algo, todo a un pensamiento, uno que quizás estaba fuera del lugar pero no tanto. Los seres humanos somos extraños. Extraña vez estamos conformes y tendemos a armar peleas sin sentido que no nos llevan a ningún lugar. Además de eso, vivimos una odisea de sentimientos y nunca nadie se entera. Todo el rato que había durado ese breve encuentro los dos sentimientos que habían primado era, en definitiva, las ganas (o curiosidad) de saber que había sido de Hamilton y la fuerte atracción sexual que Aron emanaba. Por supuesto, pasando por alto las ansias asesinas de la griega cada que él decía alguna estupidez, pero eso no contaba. Hunter siempre quería matar a alguien. Y el pensamiento de la griega, que casi podría decirse que fue una epifanía para ella, se confirmó cuando el rubio la tomó de la cintura y creó en ella un torbellino de sentimientos, emociones y sensaciones. La voz y el aliento de Lindberg le provocaron cosquillas, y el beso tan fraternal… Ese beso la estremeció pero sin duda, lo que más estragos logró en ella fue esa mirada penetrante. Ella, usualmente un tempano de hielo, se derritió tal cual ante él. Nunca había deseado a alguien así, y que fuera justo él, la enfurecía. Más si la hacía quedar como una completa idiota frente a sus hombres, ya era suficiente con tener que ser subestimada por el simple hecho de no tener un pene pegado a la entrepierna, sino, en lugar de eso, dos tetas y una vagina. Conforme él se iba separando de ella, se permitió desviar la mirada,  ya había sido suficiente humillación para una noche como para seguir permitiendo que Aron viera el profundo deseo que le profesaba.

Una vez lo tuvo a una distancia prudente, se cruzó de brazos, escuchándolo hablar como si ella y sus hombres le debieran un favor. Que muy probablemente así era, solo que un favor como tal, no era. Sonrió con sorna. –Ya escucharon a su Alteza Real. Hay que llevarlo de regreso a su hotel.- Hunter, dio media vuelta y abrió la puerta trasera de su impecable y lujosa camioneta negra. Miró sobre su hombro a Jones, su hombre de confianza. –Encárgate de que el señor Lindberg llegue a su hotel sano y salvo, no queremos que algo le pase en el camino.- había dado la orden con un tono ligeramente amenazante, lo que significaba que, si algo le pasaba al Señor de las Tinieblas, ellos le seguirían.

Finalmente se dirigió al danés, a quien le sonrió de forma torcida. –Estoy segura de que nos veremos pronto, Aron.- se subió en la camioneta, y segundos después esta arrancó, llevándola a su cómoda cabaña privada en la zona este de la isla. Donde al llegar, se daría una ducha helada, bebería una copa de vino o quizás algo más fuerte y luego iría a dormir, o al menos intentarlo, sabiendo que al conseguirlo, se sumergiría en un mar de pesadillas al que ya estaba acostumbrada.



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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

Mensaje por шеф el Miér Abr 16, 2014 2:35 pm


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Re: Simple Pleasures || Aron G. Lindberg

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