En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

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En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Dom Nov 17, 2013 9:31 pm

Todavía el día seguía iluminando la tierra. En tanto, las personas caminaban lento, disfrutando del paisaje de la playa desde la acera.  Algunos iban de patines, adolescentes de 20 años aparentes, tomados de la mano y una tierna escena de viejecitos admirando como otros mayores hablaban entre sí.  Percibí la brisa marítima juguetear con mis mechones, acariciándome en un intento de tocarlos pero se los impedía cuando los reacomodaba con una mano, en tanto la segunda, tomaba de la correa del collar de mi mascota, Antonio. Un tierno cangrejo que paseaba al ritmo que yo caminaba, adelantándose un poco mientras las personas miraban con extrañeza tal cosa. ¿Qué?, ¿acaso nunca pasearon un cangrejo? Además, se permite pasear con mascotas y pues, es una mascota.

Sin perder de vista el piso – ya que el cangrejo era muy pequeño –, algo hizo detener mi andar tras notar unos pies al punto de chocar con el de delante, más logré detenerme a tiempo. No alcé la vista aún, simplemente grabo en mi memoria el calzado femenino. El silencio logró sumergirme en mis pensamientos por ese lapso, y levanté por fin la mirada. Nuestras miradas chocaron, por así decirlo, la cercanía de la presencia contraria hacía que me atrajera no obstante, no lo demostraba en mis facciones tranquilas y cordiales.

Esperé que hable, quería oír la voz del ser que tenía enfrente. A simple vista parecía no prestar atención, ya que traía conmigo gafas de sol como acostumbro llevar en días soleados, no me gustaba que el sol me diera a los ojos, y que a su vez impedían al contrario saber hacia donde miraba, una buena excusa para desorientar mí vista de águila.

Inmóvil en el lugar, estuve paciente de una posible acción. Quizás ella ya estaría desesperada por una respuesta o siquiera que me moviera del camino, pero he de admitir, que le hacía esperar por mero gusto mientras llego a contemplar su físico. Preso de una belleza por obra de la misma creación divina. Parecía increíble cuanto podía decir el cuerpo, sin embargo, yacía pacífico pensando que aún estaba estorbando y que en cierta forma, me agradaba plantarme. Seguramente ella ya me habrá hablado, gritado, pedido que me mueva y tal vez no logré oírla porque simplemente no se me dio en gana. Observe mi mascota, y desperté de la ensoñación — Disculpe mi… torpeza… —murmuré, ya yéndome por otra dirección con el crustáceo.

Suspiré, eso había sido muy fugaz para mí – a pesar de haber estado eternos minutos mirando una chica que tenía delante – creería que sería tonto, más no soy así, el tema es que soy débil ante la belleza de una mujer. Me pierdo en sus curvas, en sus sonrisas, la mirada tierna y voraz, inocencia y seducción para hacernos caer a los hombres en su cebo. Vaya, usar palabras de pesca ayudan. Recuerdo que hace unos días había ido a pescar. Ese no es el caso, solo quiero tener un par de cabellos a la mano, hundir mi nariz en ellos, ¡acariciar esos dos almohadones perfumados!, la manzanas del edén, tentando a pecar y probar tu suerte. Ahí la importancia del porque deben existir las mujeres, ellas están para volvernos locos; aunque, no suena tan mal sentir el sabor de uno de tu mismo sexo. Era bisexual, me iba todo, pero tenía más inclinación por las mujeres ya que, mi primera experiencia con un hombre fue hace mucho y lo único que puedo comentar es que: fue placentero.

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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Dom Nov 17, 2013 10:44 pm

Había salido a correr, porque necesitaba mantenerse ocupada, dejar la mente en blanco y claro está, recuperar la forma que había perdido en su encierro. A su modo de verlo, porque a vista de todos, la rubia seguía estando tan buena como siempre, pero la opinión propia era otra cosa.
Se puso un pantalón ceñido de color negro corto a las rodillas, una camiseta de tirantes blanca y zapatillas. Era ropa deportiva, ideal para recorrer la isla a la carrera de punta a punta, que era lo que pensaba hacer, decidió mientras se hacía una coleta en el ascensor, guardaba las llaves en una pequeña mochila y tras ponerse las gafas de sol, encendía el mp3 con el último cd de maroon 5 en la lista de reproducción.
Cuando salió de casa, eran apenas del doce del medio día. ¿Quién dijo que Krakoa era pequeña? Solo hacer todo el lado noreste de la isla le llevó unas tres horas, aunque tampoco iba pisando el turbo. Porque aquello era cuestión de resistencia y no de velocidad y tras una parada en el mirador para darle a la botella de agua, siguió hacía la costa, pasando por la zona de cabañas, la playa y llegando al paseo marítimo. No tenía prisa y por suerte, la brisa del mar era un alivio al calor y el sudor. Haber tirado por la costa era aparte, la mejor forma de hacer más metros. Cientos y cientos, paso tras paso, que le estaban dejando las piernas como para meterse en la cama una semana. Pero nadie dijo que recuperar forma física tras seis días encerrada en un zulo siendo torturada fuese sencillo. Ahora, doce días después de volver a casa, ya estaba respuesta al punto de poder salir en público sin ser un cristo y poder hacer el deporte que la ayudaba a despejarse. Y lo logró, por horas no pensó en nada que no fuese la música y la vitalidad que sentía por las quejas de su cuerpo.
Esa era su forma de superar las cosas, mantenerse en movimiento, seguir adelante. Y tenía ya todo solucionado como para hacerlo y en la mira, viajar en unos pocos días a Mónaco con Axel. Todo parecía sonreír de nuevo, había pagado su mal karma y todo seguía su curso. Estaba intentando ser optimista y esperaba lograrlo y en eso pensaba mientras corría, hasta que de frente se topó con un chico. Se frenó en seco. Lo miró y se dio cuenta de que llevaba una correa que iba a un pobre cangrejo atado. Frunció el ceño y clavó sus ojos grises, ocultos tras las gafas, en él.
-¿Se puede saber qué haces con un cangrejo atado?- preguntó con voz fría, impersonal y sin nada que demostrase ni simpatía, ni hostilidad.- Es un animal que debe vivir en libertad, si es tu forma de torturar seres vivos, perdona que te diga que te mereces que te arranquen los brazos.
El tipo parecía ido y Danielle frunció el ceño. No toleraba el maltrato animal de ninguna forma y utilizar a un animal salvaje, que necesitaba estar en la naturaleza, como una mascota y atarla de una pata, le parecía una tropelía. Estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no zurrar al chico, pero a su modo de verlo se lo merecía de lleno. Enarcó una ceja cuando él por fin decidió hablar.
-¿Disculpar? Suelta al pobre cangrejo.
Ni si quiera miró dos veces al moreno, como que no le importaba. Solo miraba al pobre cangrejo. Pobrecito, mal nacido el idiota este, pensó mientras se arrodillaba junto al crustáceo y ponía la mano extendida delante de él, donde el pequeño ser se subió con sus patitas. Adorable. Le soltó la cuerda y lo miró a sus ojos saltones, bajándose las gafas por el puente de la nariz con la mano libre.
-Pobrecito, hola amiguito. ¿Qué te parece regresar a la arena y el mar?



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Lun Nov 18, 2013 4:25 pm

Solo había logrado captar unas palabras como “Cangrejo”, supuse que habrá dicho “Que adorable cangrejo”, “¿Es tuyo el cangrejo?”, cosas así, pero no entendía el porque su cara molesta si le parecía lindo el cangrejo. Mi historia con Antonio, era la más conmovedora, al menos para Rosita claro.  Me detuve en seco cuando me dijo de soltar al cangrejo, fruncí el ceño. Adoraba los cangrejos, amaba a los animales, sabía que tenían que estar en libertad. Y aunque suene de película, Antonio no se quería ir de mi lado ni yo del suyo. Éramos esa amistad de perro y humano, solo que él era un crustáceo. Sin embargo, me molestó que la joven fuera ¿Cómo decirlo sin dañar?, ¿entrometida? Le miré despectivo, en silenció. Sin mediar palabra alguna del acto que ella hizo. Apenas miré al pequeño animal. Él claro, no se movía y se quedo con la chica leves segundos hasta que regreso conmigo como buen amigo.

Guardé la correa dentro de mi bolsillo, y me crucé de brazos con una sonrisa infantil en tanto el cangrejo intentaba subirse a mi pie, le mire desde arriba con ternura y volví a observar a la jovencita. Cabellos rubios y dorados, cuerpo esbelto y unos ojos celestes en los que puedes ver el mismo cielo en ellos.

Me hubiera gustado haber empezado de buenas con la joven, pero a simple vista parecía una loca ecologista y fanática de los animales. ¿En serio?, ¿creería que le haría daño a uno? No debería juzgar tan a la ligera, después de todo si mira a su alrededor, los perros también deberían ser libres y al único que reprochaba era a mi. — Antonio, dile a la señorita que no quieres volver a la playa. Dile también que eres libre de volver, pero tú no quieres. ¡Oh!, repróchale de salvar perros con correas y que deje de ser entrometida con nuestras vidas. —manifesté, sacándome las gafas para enfrentar mi mirada con la de ella. Ahora estaba tranquilo, como si hubiera escupido la carga de enfado desde mi interior, pero aún así no soné enojado, al contrario había sido algo sarcástico e insensible con la joven, algo muy poco común en mí cuando tiendo a mostrar mi lado más caballeroso y amable.  

Atiné a tomar entre mis manos la criatura, y le di una serie de caricias. — Al igual que usted, soy de salvar animales. Este pequeño, estuvo a punto de ser aplastado por un par de niños. Le hirieron la patita, me lo lleve a casa y le cure. Desde entonces me ha visto como un padre. Además, ¿no cree que ponerle correa a un perro no es lo mismo? Sólo lo saque a pasear para que conozca la isla. Si no sabe, no se entrometa —y a aquello último lo dije en tono severo, alejándome de ella con la criatura en manos. Asqueado de la presencia femenina, mi admiración duró poco. Y si iba a recibir o no disculpas, bien por ella, es libre de elegir la decisión que le parezca correcta. Simplemente acote una información crucial, o parecería el tirano que tortura animales cuando no es así.
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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Miér Nov 20, 2013 2:47 pm

Sintió la mirada molesta del moreno en ella, pero no le dio mucha importancia mientras miraba al cangrejo, tan bonito, chiquitito y rojito en su mano. Si, era adorable como para llevarlo de paseo, pero no era justo. Cada ser tiene su lugar y el de un cangrejo no era aquel, ni su mano, ni un paseo marítimo perdido de la mano de dios en una isla artificial. Cuando el animal hizo intento de andar más de lo que abarcaba la palma de la mano de Danielle, ella lo depositó en el suelo con delicadeza, irguiéndose para mirar al chico de nuevo mientras se sacudía los rastros de polvo y arena de la rodilla derecha.
-¿Le pusiste Antonio a un cangrejo?- fue el primer dato donde puntualizó, más bien preguntó, enarcando una ceja. El cangrejo era adorable, el tipo, no tanto.- Podría entrar en dos intensos y absorbentes debates sobre lo que es la “voluntad” de un cerebro de crustáceo y sobre como los perros al llevar tanto domesticados, digamos más siglos que matusalén, no sobrevivirían en un medio natural en la mayoría de los casos- dijo conteniéndose de poner los ojos en blanco, no le gustaba escuchar gilipolleces, esos dos tópicos de “mi animal no vuelve a su entorno porque no quiere, no porque yo lo haya alejado de él” y “los perros están domesticados y nadie se queja” le parecían absurdos. Y como absurdos, molestos.- Quizás no vuelva al mar porque este no es su entorno. Esto es una isla artificial llena de especies tropicales que destrozarían a... Antonio con una tenaza. Si ser entrometida es pensar que usted es tan idiota como quien tiene serpientes exóticas o crías de caimán en casa, pues soy la reina de las entrometidas ¿Algún problema?- se irguió en una altura nada desdeñable y con cara de pocos amigos.
Danielle no era de carácter fácil, si la pillabas de buena que era lo que solía pasar podía ser la mejor compañía, pero perdía la paciencia con facilidad, se enojaba e irritaba con lo más mínimo y tenía un carácter un tanto agresivo. Y en ese momento parecía que fuese a darle dos tortas al tipo, aunque no lo haría, porque perdería su trabajo. Por ahí te libras.
Luego, el chico comenzó a contarle una historia en plan película de los domingos, de esas que ponen a la hora de la siesta para que te tires en el sofá a dormir o te entretengas mientras planchas. Si, las bodrio sentimentalistas aburridas y clichés. Que no significaba que fuese mentira, oye, que ella también había salvado a algún que otro bichejo variopinto de ser aplastado.
-Yo no salvo animales, solo digo que este animal no merece una vida atado de una pinza junto a ningún ser humano. Se merece, una vez recuperado, volver a su entorno. Si lo tiene en su casa, es normal que el pobre no pueda elegir, pero es materialmente imposible que un crustáceo le vea como un padre- agregó, bufando, pues era la clase de animales que no tienen esos instintos, sino los tienen, menos pueden desarrollarlos por un humano.- Y tampoco me parece bien el llevar a un perro agarrado del pescuezo- añadió mientras él comenzaba a alejarse, si esperaba disculpas, podía ponerse cómodo.- ¿Me entrometo? Usted se metió en medio de mi camino, literalmente y porque iba con cuidado es que no aplasté al cangrejo, si lo hubiese hecho en plena carrera, la culpa hubiese sido suya señor.



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Miér Nov 20, 2013 5:32 pm

¿Qué podía decir?, admiraba los cangrejos, los amaba. Me gustan estos pequeños animales de caparazón roja, con sus dos ojitos saltones mirándome y que encima caminan graciosamente de costado. Era un niño contento de su mascota, ¿ahora no podía tener un cangrejo de amigo?, yo lo cuido, le doy de comer… ¿Eso no es suficiente para quedármelo? “La chica solo quiere interponerse entre yo y Antonio” pensé intranquilo. Suficiente con decir, que desde el principio tocó un tema profundo para mí. Conmigo es como hablar con un niño terco. No tengo remedio, y no haré caso. ¿A quien le importa si debe o no volver? Lo único que falta es que ella me diga que es vegetariana, sería la gota que resbaló el vaso.

Sí, le puse Antonio… Ese no es el caso —murmuré irritado. Alzando las cejas, queriendo ir a beber un café, o prender un cigarrillo y saborearlo en mi paladar. Es la primera vez que quería tomar un cuchillo e incrustárselo a alguien en la cabeza.
Vivía otra de esas pesadillas… Y mis dos mini yo, reaparecieron delante de mí, ambos cruzándose de brazos. “Dale el cangrejo, y que se vaya a la… “El segundo, aparentemente el ángel o el más agradable, le tapó la boca “¡Chist! No se porque te haces drama, él no es el verdadero Antonio, solo es un reemplazo porque extrañas al verdadero” Ambos soltaron una carcajada, con mi mano libre me acaricie la sien, ¿por qué no lo pensé antes?, ¿por qué me hice tanto drama?, ¿será por qué defendería a muerte mi obsesión con estos animalitos que tanto amo? Es una tristeza, solo por qué lo tenga de mascota no quiere decir que lo maltrate. Entonces un halo de esperanza surcó mi cabeza. Ignoré enormemente sus otras palabras, no tenía sentido discutir algo sin fundamento.

Me quedé pensando, aún ignorando, y calculé lo que iba a decir. Tomé mi tiempo, y reflexione haciendo que mis párpados se cerrarán, sí, era entrometida. “Parece que el detective esta en aprietos. Pero todos sabemos que pasa si una familia adopta un cachorrito, no sé que tiene en contra de que un perro salga a pasear, o un cangrejo, es lo mismo” dijo tranquilamente, me senté en el banco cercano, permitiendo que un suspiro saliera por mis labios.  — Señorita, déjeme decirle algo… Si usted a un niño le arrebata un cachorro porque ve mal que un perro deba ser llevado de la correa para sacarlo a pasear, ¿no dañaría la integridad del niño?, ¿no lo haría llorar porque es lo que más quiere?, ¿acaso no se sentiría mal porque ese niño ama con toda su alma su mascota? Ahora mi pregunta es, ¿seguiría diciendo que ese niño tortura animales? —dije más calmado, manteniendo mi cabeza fría y en su lugar, aprovechando de ver una mosca gigante violar un tacho de basura, algo que me hizo mirar al animal que tenía en manos porque de nuevo tenía la realidad distorsionada.

Culpa de dejar que mis emociones se desestabilicen. El doctor me aconsejo no enojarme, y no alterarme. — Además, tener una mascota es la única forma de tenerme pisando la tierra. Tengo una enfermedad por culpa de un golpe, y sigo diciéndolo, es una reina de las entrometidas… —y era verdad, ahora era la única que lo sabia – a parte de Rosita – ya que, nunca se lo revelé a nadie. Siempre callando y aparentando ser normal. Afrontando los males a mi manera. A pesar de todo, podía tener mi empleo, tenía méritos en muchos de los casos así que, no perturbo a nadie. Baje la mirada al suelo de forma triste, y me paré para dárselo, brindando una última mirada a la criatura — Adelante lléveselo, pero estaría quitándome a un verdadero amigo, y el único. Diga lo que quiera de mi: “Torturador de animales”, “Idiota sádico”, adelante, ya bastante tuve con mi infancia. No me importa y si no me quieres creer no lo hagas, tampoco no se porque me molesto en contártelo—saqué mis gafas oscuras y con un aura sombría me encamine a hacía adelante. No había razón para seguir quedandose, la joven ya me echo bronca y sería irremediable arreglar algo ya roto. Pero antes de seguir me di la media vuelta — Arrivereci, Antonio… Y, señorita tenga un buen día.
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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Miér Nov 20, 2013 9:43 pm

Quizás lo que sentía Danielle por los animales era empatía y ella sabía lo que era sentir el equivalente de una correa al cuello. Claro, agradece que te den de comer y te traten bien. ¿Es eso vida? ¿Sentir que perteneces a alguien y que debes estar con esa persona porque cumple con tus necesidades? ¿No puede uno simplemente valerse por sí mismo? Los animales, en la naturaleza, lo hacían. Sobrevivían por sí mismos, vivían libres sin el yugo de ningún otro ser, amable o no tanto. Sacarlos de ahí para meterlos en las vidas humanas, era una crueldad, porque aunque tratases bien al animal lo privabas de lo más importante: la libertad. ¿Es libre un cangrejo al que llevan atado de una tenaza? En la mente de la rubia, no, sin lugar a dudas no lo era.
Y se iba a girar, dejando a cada uno tomar sus decisiones y cargar con su conciencia cuando el hombre, sentado en un banco, se dirigía nuevamente a ella, haciéndola girarse con los brazos en jarra, puestas las manos en la cintura mientras esperaba la siguiente tontería por escuchar. Curiosamente, aunque no lo veía como él, este planteamiento al menos era “respetable” y digno de ser rebatido. Se acercó, apoyándose en el banco aunque sin sentarse.
-Verá, en primer lugar, los sentimientos de un crío caprichoso me dan bastante igual- puntualizó el punto de partida.- Porque un animal no es una posesión, es un compañero. A tu amigo del colegio no le pondrías una correa y lo llevarías a pasear ¿Por qué a un perro si? Además de que, para suerte o desgracia, en la vida hay cosas mucho peores a que un desconocido te diga que es cruel llevar a tu perro con la correa- puso los ojos en blanco.- Los niños se mueren de hambre. Hay psicópatas sueltos. ¿De verdad un niño tiene que verse profundamente afectado porque se le dice que algo que hace no está bien? ¿Qué será de ese niño cuando sea un adulto y su jefe le diga que su trabajo no está correctamente elaborado, llorará? Por favor, dejemos de utilizar a los niños como sinónimo de lo intocable y de tratarlos como si fuesen personas deficientes, les falta experiencia y sobre-protegiéndolos no ayudamos- añadió.- Cuando amas algo, lo dejas ser, tal cual es. Lo amas en su lugar. Es tan cruel amar a un cangrejo y llevarlo lejos de su entorno como amar las margaritas y arrancarlas. Si lo amas, lo dejas ser y te conformas con admirarlo. Es una tortura intentar cambiar las cosas que amas, porque o bien no lo logras o bien, dejan de ser aquello que te enamoró.
Que si, que las rubias también piensan. Que ella no se tragaba que la belleza estaba en el interior, ni leches, pero ella tenía en cierta forma, alma de artista. Le gustaba pintar, porque cuando retratas algo o a alguien, lo conservas para siempre en un entorno y de la manera que era y porque así, puedes recordar eso aun cuando la vida lo cambia a golpes. Pero había también que saber cuando soltar y asumir que lo que se quiere, no puede conservarse para siempre, de igual manera que los colores van perdiendo brillo con el tiempo. Pero entonces, enarcó la ceja ante lo de la enfermedad, curioso, aunque no era de su incumbencia.
-¿Y no puede dejar a Antonio vivir donde debe e ir a verlo de vez en cuando? Si usted tiene razón y lo ve como un padre, seguro que disfrutará pasando tiempo con usted cuando vaya a verlo- agregó, quizás con un poco más de tacto. Eso que tanto le faltaba y salió cuando él se puso en pie y dejó en sus manos al cangrejo, que de nada se coscaba.- Eh, eh ¿Y qué hago yo con Antonio? ¿Me lo como?- obvio no lo decía enserio.- En vez de traumarse con esto como un crío, debería remediar en no tener verdaderos amigos, seguro tiene alguien que se preocupa por usted y lo ve como un amigo de verdad- todo el mundo tenía alguien así o eso se suponía ¿Lo tenía él? ¿Lo tenía ella realmente? No quiso pensarlo.- Yo no me dedico a machacar a nadie, pero tampoco tolero lo que no creo justo, si es entrometerme o no me da igual ¿No se entrometió entre unos niños y el cangrejo una vez? Yo me entrometo en lo que no me parece correcto, pero no puedo obligar a nadie a nada- y no había mayor verdad que esa mientras él, se iba.- Pero, pero ¡Espere!- exclamó antes de mirar los ojos saltones del cangrejo. Yo solo quería salir a hacer footing, pensó.- Ay Antonio ¿Ahora qué hago contigo hijo?



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Vie Nov 22, 2013 8:04 pm

¿Caprichoso?, ¿Quién dijo que el niño tenía que ser caprichoso?, obviamente: ella. Yo solo puse un ejemplo, un simple y existente ejemplo que puede pasar en cualquier sitio. Bueno, después de todo, podríamos pasar días enteros discutiendo quien o no tenía la razón, sin embargo, a ella ya se le fue la pinza con su gran discurso, tengo que felicitarla, perfectamente podría ser presidenta de América, o del mundo entero. Que bah, sólo exagero un poquito. Sólo quería oír de los labios de la joven rubia un: sí o un no. Responder a mí pregunta, no que me suelte a patadas lo primero que se le pasaba por la cabeza, como si ella tuviera la inteligencia suficiente de hablar con un verdadero tipo que en realidad esta consciente de dos cosas: Tengo un cangrejo, nadie uso a los niños como sinónimo de intocable. Sí, ella puso en su propia boca palabras y palabras que nunca toqué, o que en realidad no me refería a eso. Vale, esta bien que te gusten los animales, ¡pero tampoco para tanto! Sencillamente tenía la oportunidad de irse, más ¡la chica quería discutir! Luego me llamaban acosador, y bueno, ella tenía ganas de hablar, no la culpo, quizás en su casa de pequeña le ponían una cinta en la boca.

Mujeres, tan susceptibles… De seguro que, si le presento a Eber harían una estupendo debate de sí el es humano o un loro” De acuerdo, ya habla de cosas que yo mismo sé, y muchos más bla bla, que tuve la oportunidad de ignorar. Mi cerebro se cerró, si la lógica con ella funcionaba, ¿Qué haría? “Dale la razón al loco” insistió uno de los mini, arqueando la ceja mientras los labios de la joven, seguían moviéndose a un ritmo algo apresurado, teniendo el impulso de querer seguir con su labia. “Que gran forma de ligar, te felicito Lach, es la primera vez que mantienes tan interesada a una chica por más de media hora” cómo no, ambos rieron, y fruncí un poco mi ceño en tanto frotaba mi barbilla en mi mano, me gustaba mantenerla discutiendo, raro.  ¿Y no puede dejar a Antonio vivir donde debe e ir a verlo de vez en cuando? Si usted tiene razón y lo ve como un padre, seguro que disfrutará pasando tiempo con usted cuando vaya a verlo. ¡Pero mujer!, ¿tengo cara de tener tiempo para ir a alguna parte?, me queda mucho más cómodo si está en casa. — No. —Contesté a secas y no porque estuviera enojado sino que, miraba a Antonio. Pidiendo a gritos que le rescatará. Algo así como una novela romántica:


Imagen mental:

Antonio: ¡Lach!, ¿Por qué te atreves a abandonarme?... ¿Acaso ya no me amas?

No… —murmuré con la cabeza baja — Debemos separarnos, tú debes ser feliz. Mereces alguien mejor que yo.

Antonio: ¡Desgraciado!, ¿Qué pasará con tu hijo?

¿H-hijo? — me sobre exalté — ¿Qué hijo?

Antonio: ¡El que viene en camino!, no solo piensas abandonarme a mí, también quieres deshacerte de tu hijo

Fin de la imagen mental.


Sí, eso sería muy extraño. Anotaré en algún lado no volver a imaginar algo como eso otra vez.  Entonces recordé que mis pies lentamente se marchaban por inercia. Me giré media vuelta cuando la oí detenerme. “A lo mejor te quiere invitar a una cita”, fue lo primero que destacaron ambos en mis hombros. Revolví mi cabello con mi diestra, y me fui acercando en silencio. Carraspeé y sonreí: — Hola soy Lach, verá paseaba por aquí y entonces noté que llevaba un cangrejo, entonces dije: ¿Por qué no hablo con esa chica?, parece ser una admiradora de estos animalitos. Y temo decir, que ese cangrejo me parece adorable. ¿Es suyo? —destaqué elocuente, sí, cómo si no la conociera .Empezando de cero.
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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Vie Nov 22, 2013 10:46 pm

Al gasto de saliva que hizo Dan, de esos que te obligan a abrir la mochila y sacar la botella de agua y darle un trago porque sientes la lengua como una suela de zapato y la garganta como tierra árida, él solo respondió un mero, seco y escaso “no”. En fin, como que tampoco esperaba más de alguien que salía a pasear a un cangrejo y se dio cuenta de que se lo iba a quedar ella. Suspiró e hizo aquella pregunta, retórica, pues un cangrejo jamás te va a contestar, raro sería el día que lo hiciese. Y pensó que bueno, ya investigaría de dónde era el cangrejo y con un poco de ayuda de algún cliente amable lo devolvería a la playa que correspondiese.
Y su mente hacía cálculos de cosas sobre devolver al cangrejo a su entorno, olvidando así al moreno que se marchaba antes de notar una sombra tapándole el sol. Lo miró a través de sus gafas de sol y ahí estaba, de nuevo. Sonreía y no la miraba como si fuese un incordio, lo cual la hizo enarcar una ceja, escuchando pero sin entender.
Paso a paso. “Hola soy Lach”.
-Me llamo Yllithia- respondió como haría con cualquier cliente del resort su nombre artístico de bailarina y scort, aún sin saber muy bien dónde se metía, con actitud desconfiada y extrañada. “verá paseaba por aquí y entonces noté que llevaba un cangrejo”. ¿Te estás cachondeando de mi? Pensó.- Pues mire si, un complemento, resalta el color de mis ojos- añadió irónica. “Entonces dije: ¿Por qué no hablo con esa chica?“.- No sé, porque quizás esa chica es una metomentodo y una entrometida insoportable, vamos, quizás, solo teorizo-, suspiró y miró al cangrejo, que vivía feliz en su inopia de no entenderlos y no saber lo idiotas que eran los hombres. Todos. Por completo. “Parece ser una admiradora de estos animalitos.“- Si, en general me gustan los animales. Y tengo tres peces de colores en casa, carpas de color naranja, muy monas- explicó sin darle muchas vueltas, habían sido un regalo, así que... Como en Krakoa no había estanques donde soltarlas, las tenía en un pedazo de acuario que ocupaba un pedazo impresionante de la entrada. “Y temo decir, que ese cangrejo me parece adorable. ¿Es suyo?”.- Temporalmente lo tengo bajo custodia, hasta que sepa de dónde es el pequeñín y pueda ver como devolverlo, para que vaya y se eche una novia y pongan huevos- bromeó, bajándose las gafas para guiñarle uno de sus ojos de color mercurio al hombre.- Que la vida es breve y este chico se tiene que divertir.
Pues nada, que tampoco era una borde consagrada y aunque aquello era muy raro y muy extraño, tampoco lo era tanto comparando la vida de locos que llevaba la rubia. ¿Qué mal podía hacerle ser simpática con alguien? En fin, a saber por dónde salía aquello, una cosa estaba clara, peor de lo que le había ido el último mes no le iba a ir.



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Lun Dic 02, 2013 11:28 pm

Siempre quise ser un detective o un heroico policía que salvará vidas… Sin tener que recurrir al bando contrario, o mejor dicho, a la mafia –que por instinto me llama el crimen a pesar que le hago justicia – ¡Pero no se puede!, ¿por qué?, ¿por qué tuve que nacer en un mundo de pecado y maldad? Espera, si yo soy dulzura y pecado. La mezcla perfecta para salirme con la mía, y aunque lo dijera, nunca supe porque las mujeres me decían: pervertido.

El día transcurría muy rápido si uno se ponía a observar a las personas pasar fugazmente de un lado a otro. Paz… Es todo lo que mi mente podía repetir como una dulce armonía dispuesta a entonarse las veces necesarias. Es todo lo que pedía en este día, nada de excentricidades como normalmente hago, nada de locuras, nada de… ¡Nada!, pero tuve que haber caído en una discusión con una muchacha a la cual desconozco por completo y aunque me de pena decirlo, es totalmente sensual ahora que la miraba bien de cerca.
Me había empeñado a ir a pasear, solitario con Antonio.  Porque, ¿quién apela que yo pueda considerar a una persona “amiga” o siquiera “socio”?, puedo asegurar que soy mi propio jefe sin embargo sigo órdenes de un superior de la policía, nada más allá que una relación extraña y estrecha, de absoluta confianza y una de amo-perro, obedeciendo sin chistar las reglas que imponga ante mi encantadora presencia. Un foco que alumbra sin evitar irradiar luz aunque intente ser una sombra.

Al parecer su nombre era Ylithia, más, no tenía rostro de “Ylithia”,  parecía más una Jennifer ¡Si!, Jennifer Lawrence como la actriz, ¿serán gemelas?

Para mi sorpresa, de pasar a ser una acalorada charla de irritación pura, pasamos a ser una especie de dialogo más calmado. Como dice el dicho: Después de la tormenta, sale el sol. Sin embargo, yo lo consideraba más un milagro y una persuasión antes que terminemos tirándonos zapatos y piedras. Además, la violencia no es mi fuerte y era partidario de la paz así que seguir debatiendo a algo que no íbamos a llegar nunca era completamente obsoleto. — Sus ojos son hermosos y ni hablar de su cabello —dije ante su comentario del complemento, carraspee, y seguí escuchándola.
Después de oír cada comentario animado de la contraria, teniendo sus ironías y sus bromas, ladee mi rostro contento — Vaya… ¿Qué le parece si le invito a tomar un helado o quizás algo más light?; y me cuenta como conoció a su amigo crustáceo —ofrecí mi brazo, caballeroso y buen porte para que se prenda de él, esperando próxima respuesta. Dudo un poco que le permitan entrar con el cangrejo en una heladería, a menos que nos topemos con un carrito… Pues, al fin y al cabo ahora estaba en su custodia, ¿acción premeditada de mi parte? Tal vez sí; tal vez no.
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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Mar Dic 03, 2013 9:05 pm

Aquel tipo, Lach, era realmente extraño. Pero bueno, Danielle estaba curada de espanto o al menos, eso quería pensar, además de que siendo sinceros, ella tampoco era muy normal. No, directamente, estaba como una cabra. Algo no andaba bien en esa cabecita rubia pero siendo más sinceros si cabe ¿Quién está bien de la cabeza hoy día? Vivimos en un mundo de locos y ya sabes, sino puedes con ellos, únete.
Y por ende decidió no pelear, que nada bueno sacaría de ello. Primero, porque se pondría de mal humor y como no podía reventarle la cabeza a ningún cliente del resort o la despedirían, el cabreo se le quedaría para ella por tiempo. Segundo porque dedicándose a lo que se dedicaba, nunca sabías cuando uno de los tipos que te encuentras por la isla puede ir al club, para verte bailar o para más... Mejor no tener malas migas y tercero, porque su mala leche ya estaba toda a nombre de un hombre y era agotador sacar más para nadie.
-Supongo que gracias, también tienes unos ojos preciosos... Pero lo del cabello es raro- rió.- Solo es pelo, rubio...- se encogió de hombros.
Miró los ojos del chico, de color café, eran bonitos, lo decía enserio. A Danielle le gustaba mirar a la gente a los ojos, reconocería algunas miradas entre cientos. Igual que el olor de algunas personas. Aunque lo del cabello le parecía raro... Pero bueno, nada sorprendente dentro de todo lo que había visto y oído en escasos minutos respecto al que adivinó debía ser italiano. Ese acento... Ella había visitado muchas veces Italia y hablaba un italiano bastante fluido, por lo que se decantó con ese talento para los idiomas a hablarle en algo que no fuese inglés.
-¿Un helado? Bueno, pensaba terminar de dar la vuelta a la isla, pero recuperar kalorías no estaría mal- agarró su brazo, aún con el cangrejo en su otra mano.- Acepto. Pero me temo que la historia de Antonio y mía será para otra ocasión.
Lo guió casi a rastras, porque era mandona hasta para ir del brazo, por el amplio paseo marítimo hasta una heladería que igual que en Roma, tenía una amplia variedad en dos grandes refrigeradores especiales, uno dentro del local y otro dando a la calle, formando una ventana por la que podía pedir. Así no tendrían que entrar. Una chica simpática, con muchas pecas, los saludó esperando que pidiesen.
-Yo quiero un cucurucho grande con helado de arándanos...- pidió y justo cuando tomaba su pedido, la chica reparó en el cangrejo. Como es obvio, preguntó. Danielle contuvo las carcajadas antes la mueca rara de la pecosa.- Verá, somos la pareja de los señores Crustáceo, hemos adoptado a nuestro pequeño. Se llama Antonio. No podíamos dejarlo solo en casa al venir de vacaciones...- se cachondeó.



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Aron G. Lindberg el Mar Dic 10, 2013 6:11 pm

Mi mirada rebosaba de interés sobre las cosas que había al alrededor. Aún recuerdo que deje encima de mi escritorio un libro que recientemente había comenzado a leer: Altazor o el viaje en paracaídas.  Una poesía en el que el autor se tardó 12 años en escribir, pero el tiempo tardío valía la pena ya que, era uno de los mejores ejemplares del Creacionismo. Atentamente visualice la figura contraria, no me cansaba de dar varias repasadas a su flameante cuerpo. Perfectamente puede ser modelo, o bueno, actriz ante su actuación, ¿será que lo hace a propósito como yo? Hay que destacar que me gustó hacer el juego de enfadarse – aún cuando solo fue al comienzo que mi sangre hirvió para luego calmarme –.

Pude haber sido un excelente actor, o un gran psicólogo, ¿y por qué no?, un buen mafioso que esta del bando contrario y tiene el poder de someter a los “buenos”. Eso suena mucho más reconfortante que tener que haber sido adoptado por un ciego en el que bestialmente me ha manipulado, maltratado e insultado.  

Más, está chica… Me picaba la curiosidad en poder saber que debilidades mentales tenía, sabiendo a fin de cuentas que ni puedes confiar en tu propia sombra en este infierno que tenemos como mundo. ¡Bienvenidos al Tártaro!, ese es el cartel que debe llevar. No me quejo, nunca me queje, simplemente me comporto acorde a un lobo disfrazado de corderito entre los rebaños. — No es solo pelo rubio… —murmuré, ido en mis pensamientos y bajando la mirada — Es una melena dorada, brillando mucho más fuerte que una simple estrella. Eres vistosa, mírate, ¿Quién no podría reconocerte? —dije sincero, sin atisbo de coqueteo sin embargo, puede mal interpretarse de todas formas. ¿Es que uno no puede halagar sin que sea considerado “coqueteo”?

Hasta que me di cuenta que fui llevado prácticamente a arrastras, intentando seguirle el paso como pude debido a que me sentía vulnerable con solo tocarla. Nos paramos frente a la heladería, observando a la linda chica que atiende y las pecas solo parecían un bello accesorio a su rostro. Sea pecosa, tenía aire de ingenuidad— Yo pediré también un cucurucho, que sea de frutilla con chispas de colores —hice con mi mano libre, una extraña seña con los dedos, como si fueran “chispas”, pero más parecía unos tentáculos que hacían de barba al elevar la mano sobre la barbilla. Y así fue como deja en evidencia su dulce personalidad hablo sobre el cangrejo, mientras la otra estaba incrédula de lo que pasaba. Intenté no reír, y aún así una sonrisa fue arrebatada de mis labios al oír el comentario de Ylithia — Lo hemos adoptado porque ella odia los niños, verá, es una bruja pero en el fondo de su corazón, es débil a los animales —expliqué, elocuencia y gracia, dos palabras que iban conmigo de la mano. Aquella jovencita, río ante las ridiculeces, y por fin nos dio a ambos los pedidos. Tomé el mío, y rápidamente ocupe un asiento que se hallaba cerca –en caso que los clientes prefieran comer afuera –

Deje escapar un suspiro ante la delicia del fresco dulce, y ladee el rostro, esperando que ella se acerque también. Ansioso de tener en mis manos un rico helado de frutilla con chispas de colores, todo un niño que ha salido con su madre de paseo. — Que conste que no era en serio lo de bruja, eres más bien… Una princesa que se sabe defender sola sin ayuda de ningún príncipe. —asentía mientras relamía mis labios. — Corrígeme si me equivoco.[/color]
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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por Danielle M. Hudson el Mar Dic 10, 2013 10:30 pm

Enarcó una ceja pero sonrió. Era egocéntrica como la que más, claro que le gustaba escuchar que alabasen, aunque se pasasen un poco de rebuscados en el proceso. Cada uno a su estilo. Pero si decían cosas de buenas de ella, objetivo cumplido.
Danielle siempre había sido una artista, las artes le apasionaron desde la infancia, escribir nació de leer, dibujar, bailar... Y como todo artista, necesitaba vivir de las alabanzas ajenas. Había dejado apartada la idea de ser alguien conocida a pesar de haber tenido alguna oportunidad, en Krakoa se conocía gente importante y ella tenía curriculum como para estar saliendo de bailarina o ser coreógrafa de videoclips de estrellas de la música. Pero prefería el dinero “fácil” de la prostitución de lujo, pues era más rápido y estaba asegurado, así que había dejado de ser artista para intentar ser obra de arte. Algo que los hombres admiren y quieran poseer. Más que nunca, luego de haber vuelto a parecer un saco de patatas pisoteado por una estampida de elefantes necesitaba escuchar que brillaba. Que seguía siendo como una bombilla para los mosquitos.
-Gracias, pero en vez de mirarme, prefiero que me miren.
Llegaron a la heladería a paso ligero, la rubia no era de las de dar paseos lentos y contemplativos, ella parecía que se pasaba el día a la carrera, era la costumbre, no tener mucho que hacer esos días no podía cambiar años y años de horarios frenéticos. De un lado a otro, todo el rato pendiente del reloj y los caprichos ajenos. Pidió su helado y esperó que su acompañante hiciese lo mismo, riendo cuando hizo aquel gesto por las chispas de colores, le recordó al capitán del Holandés Errante de Piratas del Caribe, el cara pulpo. Respiró hondo pero aún así un par de suaves carcajadas volvieron a salir de sus labios mientras agarraba el helado, con el cangrejo aún en una mano, escuchando la pregunta de la dependienta y respondiendo con sorna. Lo que él añadió solo hizo que se riese con ganas, no se imaginaba lo acertado que había estado, Danielle no tragaba a los niños. O sea, si, un ratito y si estaba bien enseñado si, pero más de un par de horas ya era poner a prueba su instinto homicida. Mientras que los animales le encantaban y sino tenía más que peces de colores era porque con la vida que llevaba no se creía capaz de cuidar de un ser vivo, de ningún tipo.
Siguió al italiano a una mesa en el exterior y dejó al cangrejo sobre ella, comenzando a andar por ella de un lado a otro, tranquilamente, mientras ella comenzaba a comerse el helado.
-No te disculpes, soy una bruja y encantada de serlo- fue todo lo que respondió a aquel raro personaje que tenía enfrente y que al fin de cuentas, no dejaba de ser un extraño muy raro.- Y prefiero los dragones a los príncipes... O sea, echan fuego por la boca y son aterradores y los príncipes son tan... Gays... Yo siempre he preferido a Shrek- meditó. Ella era de ogros.



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Re: En compañía de Antonio, el cangrejo | Danielle

Mensaje por шеф el Jue Dic 26, 2013 5:08 pm


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