De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

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De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Sáb Nov 02, 2013 12:41 am

Virsham acompañaba aquella mañana a una arquitecta holandesa, que se reunía en Krakoa con unos clientes que querían que les diseñase una mansión para construir en una de las zonas más exclusivas de la isla. No tenía claro por qué, quizás por cómo los miró el matrimonio de clientes, pero se sentía más como un hombre florero que como el intérprete. Dos cafés y la firma de un contrato después, cuando ya se estaban despidiendo, sonó su teléfono y se apartó de los presentes para atenderlo. Al otro lado de la línea, lo saludó una voz conocida a la que le bastó decir un nombre. Alana.

De mezclar una llamada de comisaría y el nombre de la irlandesa solo podía salir una cosa: estaba en el calabozo. Otra vez. No era la primera vez que Bosco echaba mano de sus fondos y pagaba su fianza, aunque normalmente no le decía que había pagado nada, sino que había tirado de un amigo de comisaría, porque entonces entrarían en la dinámica de que Alana se negaba a ser liberada por dinero conseguido de forma ilícita y... la historia de siempre.

- ¿Cuánto es esta vez?- preguntó presionándose la parte alta del puente de la nariz, con tono tenue-. Vale, en media hora como muy tarde estaré ahí.

Acto seguido, llamó a otro de los intérpretes para asegurarse de que podía cubrirle y en cuanto quedó a solas con la arquitecta, le explicó que su hermana había tenido un accidente en la bicicleta, que estaba en el hospital y que tenía que ir a verla. El tiempo le había enseñado que, especialmente con las mujeres, optar por temas familiares y dramático siempre era la mejor excusa para desaparecer sin que te pidan demasiadas explicaciones. En cuanto le llegó el intérprete de relevo, fue hasta su piso para coger el dinero tomó un taxi hasta comisaría.

Saludó a un viejo policía que era el que levantaba el registro de fianzas y quien le había llamado, que lo saludó amistosamente como hacía con todo el mundo. Le tendió la suma y este lo anotó, indicándole que tardaría un rato en solucionar todo el papeleo para soltar a Alana porque la impresora estaba estropeada. Bosco puso una involutaria pero evidente mueca de fastidio, y el policía mayor se acercó a él bajando la voz para proponerle que esperasen en una de las salas de visita.

- Eso estaría bien- dijo, porque suponía que cuanto más tiempo pasara Alana encerrada por algo que a ella no le cabía en la cabeza que era ilegal, de peor humor estaría. Siguió al hombre hacia una de dichas salas, ecléctica, vacía y con unas sillas y una mesa como todo mobiliario. Le dio las gracias cuando dijo que ahora la traería y fue a comprar un café a la máquina que había visto en el pasillo. Después regresó a la sala de visitas y removió el mejunje que no le hizo falta probar para saber que tendría sabor a cubo de fregona. Encendió un cigarrillo y comenzó a mover la pierna, impaciente.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Dom Nov 03, 2013 10:39 am

En esta ocasión no la habían esposado; otras veces la gendarmería la llevaba atada como si fuera la peor criminal internacional, pero esta vez el polícia era uno conocido, que se limitó a seguirla muy de cerca, con una mano en su hombro. El olor a tabaco inundaba el pasillo que conducía a la sala de visitas y Alana supo que lo habían llamado.. de nuevo. Hizo un puchero con sus labios rosa pastel, como si la hubieran sorprendido en su peor travesura, y alentó el paso. No tenía deseos de verle y tampoco tenía deseos de no verle. ¿Complicado? No necesariamente. Alana quería ver a Bosco, pero no quería verlo en la misma situación que hace un mes.. ¿o habían sido dos veces el mes pasado? Perdió la cuenta de las  que el georgiano la había sacado del hoyo -como ella le llamaba- cuándo iba por la onceava vez. Su registro políciaco estaba limpio (por obra y gracia del espiritu santo) y era una buena referencia en la isla: Bosco I. Virsham era, irónicamente, su salvador.

Al abrir la puerta, ésta rechinó anunciando su presencia en la sala y el olor a cigarrillo y café quemado le inundó las narices. El oficial la sentó frente a Bosco y después se dió la vuelta, dando por hecho que su presencia no era necesaria -Gracias oficial, muy amable- Se burló Alana pero solo tuvo por respuesta el sonido del portazo dado por el hombre que salía. Sus ojos se centraron por primera vez en Bosco. Se veía cansado y desmejorado, como siempre ultimamente, sosteniendo un tabaco consumido a la mitad entre sus largos dedos -El cigarrillo te mata- Enunció alargando su mano y tomando el café que humeaba sobre la mesa. Lo acercó a sus labios y sopló en el durante unos segundos, esperando que se enfriara; después se lo llevó a la boca y lo probó con algo de duda. Una porquería, como toda la comida de la cárcel y el café no era la excepción, así que lo puso sobre la mesa, pero empujandolo con los dedos y retirándolo hacia una orilla de la mesa -Encima te da disfunción eréctil- Recalcó ese dato solo por molestar a Bosco; odiaba ese vicio y en el tiempo que estuvieron juntos, no logró que lo dejara  -Y el cigarro eléctrico que te regalé?- Cuestionó levantando su rostro para verlo a los ojos por primera vez desde que entró en la sala.
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Dom Nov 03, 2013 6:50 pm

Alzó la vista cuando la puerta chirrió para encontrar a Alana con la actitud chulesca que solía ponérsele con todo uniformado de azul. El georgiano se ahorró la mueca de padre consternado o algo similar, después de un par de veces que hubo pasado por la situación supo que no serviría de nada. La observó, solo para comprobar que una vez más, los ojos de la irlandesa se mostraban esquivos. Dio una nueva calada, profunda y tirando de pulmón, como única respuesta cuando ella le recordó el trillado fumar mata. Expulsó el humo lentamente mientras la chica se entendía con el café para deshecharlo casi al instante tratando de disuadirle alegando la disfunción eréctil. Nunca había llevado bien que fumase, pero tampoco había logrado que lo dejase... al menos hasta que rompieron la relación. Entonces, el georgiano había pasado tres meses limpio como una forma infantil de molestarla. Luego había empezado a trabajar con Danielle como cebo y, un día, después de negociar con ella, acabó entrando cegado en un bar en búsqueda de una máquina expendedora de tabaco, pero eso es otra historia. El georgiano tomó la cajetilla y miró la advertencia supuestamente aterradora que allí aparecía, junto a una fotografía de una operación a pecho abierto.

- Lo sé. Y también que- leyó la advertencia entonando con voz de presentador de las noticias- 'obstruye las arterias y provoca cardiopatías y accidentes cerebrovasculares'. El Estado se encarga de avisar a los adictos de los soldaditos de la muerte de que lo que hacemos está mal. Para algo en lo que coincidís...- indicó con sarcasmo. Alana siempre le había parecido una antisistema en toda la amplitud del término. No es que cuestionase sus razones, pero en ocasiones pensaba que le echaba demasiada pasión. Por fin, ella lo miró, calculaba que algo más de un minuto después de que hubieran quedado a solas. En ocasiones, había llegado al cuarto de hora esquivando su mirada-. Al fondo de la papelera- respondió terminando el cigarrillo y dejándolo caer en el inservible café, que ya había probado antes de que ella llegase-. Haciéndole compañía a todos tus es la última vez- no la última vez que hacía que la encarcelasen, sino la última vez que permitía que lo llamasen a él, o al menos, así lo interpretaba Bosco cuando se lo escuchaba-, pero parece que el jefe de policía ya tiene mi número en marcación rápida. Acabaremos haciéndonos amigos y todo...- dejó caer con ironía. Tomó aire y cruzándose de brazos se apoyó contra el respaldo, suavizando su tono de voz- ¿Estás bien?


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Lun Nov 04, 2013 5:57 am

Aguantó el sarcasmo y entrecerró los ojos, como cuando estaba molesta por algo, suspirando por la inteligencia de él, pero desilucionada por no aplicarlo en su salud. Allá él -pensó sonriendo- pero cuando viniera a por la receta para las pastillitas azules, le recordaría su bromita de hoy. Se mordió el labio para no recalcarle lo caro que le había costado ese aparatejo para dejar de fumar y en cambio, se dedicó a verlo con la imperturbable sonrisa en los labios, recordando que siempre decia eso cuando lo veía esperándola tras liberarla de la comisaría.

-Le dije que no te llamara- Respondió seria, olvidando su intención de mantenerse sonriente -Que no me importaba pasar unos días aquí, pero que no te molestara otra vez- Sentía cierta verguenza de que fuera él quién la sacara de este tipo de apuros; pero Bosco empezó a ser su contacto de emergencia en la polícia, desde que estaban juntos y un año después, seguía siéndolo. Alana a veces se preguntaba si inconcientemente le gustaba que fuera él quién fuera a hacerse cargo de ella, todas y cada una de las veces que la pillaban en sus incursiones ambientales. Casi nunca la dejaba completar la noche, a menos que estuviera fuera de la isla. Siempre que le llamaban, él acudía.

-Si, estoy bien. Gracias por venir- Dijo viéndolo a los ojos, sin ningún tipo de sarcasmo o burla. Después ya no supo qué decir. Tenía tantas preguntas en su mente, pero tampoco quería ser la típica ex novia cotilla en la vida de Bosco. El arreglo entre ellos era ser amigos y ayudarse de vez en cuando. Ella no preguntaba nada que no quisiera escuchar y él.. él era Bosco. Punto.

Se revolvió en la silla, viendo hacia los lados, observando la pintura deprimente de la sala. No entendía si eso era parte del castigo de ser atrapado o solo se debía a que ese color estaba barato. Tamborileó los dedos en la fría superficie de acero. Por lo menos eso habían cambiado, antes había una de madera. Su mirada llegó eventualmente a la cabeza de Bosco y notó la costra seca cerca de su sien -¿Qué te ha pasado ahí?- Preguntó por inercia, aunque Bosco nunca respondiera la verdad -¿Te lo han visto?- La preocupación profesional no la abandonaba, ni siquiera cuando estaba detenida por meterse a las oficinas de la petrolera.

Se levantó de la silla y se paró a un lado de Bosco, poniendo sus manos sobre su cabeza y ladeandola para poder verle mejor la herida a la luz de la lámpara fluorescente -Está infectada, car...- A punto estuvo de llamarlo cariño. Ese mote tonto y ñoño con el que le decía cuando estaba con ella. Suspiró como si no hubiera dicho nada y revisó de paso un cardenal en el cuello de Bosco -Veo que has estado ocupado. Deberías tener cuidado con esos.. 'animales'- La palabra animal englobaba toda clase de personas con las que Bosco tratab y Alana no especificó a quién se refería cuando la dijo. La castaña bajó las manos y se dió la vuelta para tomar asiento otra vez -Cuando salgamos de aquí, te curaré ese corte- No lo dijo como una pregunta, sino como afirmación. Sabía que el georgiano se negaría, así que añadió sonriendo para intentar relajar el momento -Es lo menos que puedo hacer por ti, Bosco.-
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Lun Nov 04, 2013 9:20 am

- No es a mi a quien le molesta que me llamen- replicó sereno haciendo que una de sus uñas diese dos golpecitos sobre la mesa y la miró de un modo revelador. En la caótica vida de Virsham, pasar de vez en cuando por comisaría para sacar a Alana del calabozo podía considerarse una rutina. A un nivel más profundo, era un modo de resarcirse por todas las veces que había llegado a casa de la chica prácticamente sin avisar y luciendo las heridas más variopintas. No le molestaba que contase con él para eso, pero lo empleó como arma arrojadiza en cuanto ella hizo su agresiva entrada porque el georgiano no es de quienes miden sus defensas-. Qué formal...- se burló de su respuesta al preguntarle cómo estaba. A Bosco la palabra gracias, igual que pasaba con perdón, no le decían nada y lo encontraba completamente fuera de lugar entre ellos, que se conocían de lejos.

Silencio, aunque no fue incómodo. Ella perdió la vista por la sala y Bosco bajó la propia hacia el mechero que hacía girar entre sus dedos. Alzó la vista para ver a Alana preguntando por, suponía, la herida en su sien. Estaba prácticamente cicatrizada y el pelo solía cubrirla. De forma instintiva se peinó con los dedos volviendo a taparla.

- El gato- respondió con una sonrisa afable, aunque Alana sabía perfectamente que él no tenía gato. A veces, prefería darle respuestas así a verdades que no le gustaría escuchar. Si insistía era probable que acabase explicándole que se la había hecho un tendero poco receptivo ante la extorsión, pero desde luego, no lo haría en comisaría, donde cualquiera podría estar escuchando-. Es un rasguño, no hace falta que me lo miren- indicó. Cuando podía evitarlo, Bosco no recurría a Alana. Era sorprendente que aquella mujer, a pesar de haberle visto con más heridas que un nazareno puteado, siguiese preocupándose por cada pequeño arañazo que su ropa dejaba a la vista.

Resopló molesto al ver que, terca como siempre, se levantaba para colocarse a su lado. En realidad, le gustaba que siguiera preocupándose por él, lo que no le hacía gracia era admitirlo. Prefirió no oponerse a cómo le movió la cabeza para tener una mejor visión de la brecha y se mantuvo con los brazos cruzados.

- Se curará solo- insistió en un murmullo, pero eso no pareció valer a la irlandesa. Puso los ojos en blanco al escuchar aquella suave pulla y se mordió la cara interna del labio para no acabar iniciando una discusión que no serviría de nada-. Los vacunaré con la antirrábica- comentó tranquilo, enarcando una ceja al escuchar que lo curaría al salir-. No será necesario- insistió, sin que valiese de nada, porque Alana optó por el chantaje emocional y, quisiera o no, Bosco siempre se tragaba ese cuento-. Si así te quedas más tranquila...- concedió, buscándola de nuevo con la mirada y cansado de que el tema de conversación versara sobre él-. Dime ¿por qué te han cazado esta vez? ¿Has ido en una zodia a enfrentarte con un buque ballenero?- bromeó, aunque algo así no lo sorprendería viniendo de ella.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Lun Nov 04, 2013 10:32 am

-Muy gracioso Bosco, pero tomaré en cuenta tu sugerencia- Le sonrío divertida por primera vez en lo que llevaba en ese cuarto. Tomó aire antes de empezar a contar su error, porque si estaba ahí en la comisaria,  es que había cometió un error -Entré a las oficinas de la petrolera que está en el lado norte de la isla. Necesitaba unos datos- Alana encogió los hombros, como si dijera que necesitaba zapatos -Se supone que unos compañeros vigilaban, pero al parecer algo sucedió porque yo estoy aquí y ellos..- Se mordió el labio inferior. Siempre hacia eso cuando estaba pensativa o preocupada -Ellos deben estar en la casa de unos amigos o los de la petrolera los atraparon- Levantó la cabeza para ver a Bosco -Ojalá que sea lo primero, porque ellos llevaban la usb con la información que necesitamos. Miles de datos que corroborar, de hecho. Yo solo me quedé buscando unos mapas que indicaran los puntos a perforar del complejo, para cotejarlos con el mapeo de especies y fauna local que hemos hecho. Sospecho que ya han acabado con la mitad de la población del chimpancé Shweinfurth- No se dió cuenta la castaña de que ya llevaba rato hablando. El tema de protección del ambiente y animales, le apasionaba tanto o más que la medicina. Se había quedado con las ganas de estudiar veterinaria, pero cuando terminara su tiempo en la isla, tal vez estudiara una especialización en veterinaria o la carrera completa incluso -Pero con el mapeo y sabiendo los lugares donde trabajarán, podemos reubicarlos en otra parte de la isla, en tanto conseguimos la ordenanza para que los trabajos se detengan definitivamente.

El tiempo que llevaba en la sala de visitas no era mucho, pero se sentía como una pantera atrapada; y si ella se sentía así, Bosco debía sentirse peor. Nunca le gustaron las comisarias y cuando iba por ella, siempre le hacia saber que era la última vez -Aún no es la última vez- Repitió sin pensarlo lo que su cabeza le recordaba. Antes de que él pudiera decir algo, se levantó del asiento y caminó hacia la puerta, dió unos toquidos, pero cuando nadie respondió, asomó la cabeza al corredor. El polícia que la había detenido estaba sentado al fondo tras un escritorio abarrotado de documentos -¡Hey! ¿Falta mucho? Tengo pacientes que ver- El hombre la ignoró y una polícia le indicó que entrara en la sala de nuevo. Alana cerró la puerta y en vez de sentarse, se recargó en una pared cercana, desde donde podía ver a Bosco -Piensas que estoy loca, ¿cierto? Por arriesgarme de la manera en que lo hago por nada más que la satisfacción de ayudar a unos animales- Cruzó las manos tras su cuello, como si estuviera tirada en la playa. Estaba cansada, lo único que quería era llegar a casa, darse una ducha e irse a la cama -Pero si tu o yo, fueramos unos animales indefensos, también querríamos que nos defendieran a capa y espada, créelo, te lo puedo asegurar.
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Lun Nov 04, 2013 11:21 pm

Bosco era completamente incapaz de comprender los motivos de Alana para salvar a... ¿Qué ha dicho que son esta vez? Chimpancés, eso. En cambio la conocía, sabía que era importante para ella hacer eso y eso bastaba al georgiano para empatizar con la irlandesa. También suponía que estaría metafóricamente mordiéndose las uñas por saber qué había pasado con sus compañeros. Y podía estar dolido por toda la mierda que los había separado, y tener ganas de decirle que de nada valía que se hiciera ni la dura ni la niña buena con él, pero saber que algo la inquietaba era bastante para convertir los deseos inmediatos de la chica en los del sicario.

Alzó la vista cuando ella reconoció que aquella no sería la ver, frunciendo ligeramente el ceño como si no estuviera seguro de haber escuchado bien. Pero ella lo ignoró, levantándose y vociferándole al guarda. El georgiano se frotó la cara dándola por incurable y aunque iba a decir algo cuando ella volvió a sentarse para preguntarle si la tomaba por loca por su compromiso con todo bicho viviente. Bosco resopló y la miró a los ojos.

- No entenderte nunca me ha impedido apoyarte- dijo en un susurro. Había un doble sentido claro, uno de un sentimiento de traición que él nunca había sido capaz de digerir por completo nacido cuando Alana le hizo elegir. O volver a dedicarse al único oficio que conocía, o ella. El georgiano era terco, tenía unos principios que nunca rompía. Ni siquiera en aquella ocasión, que siguió manteniendo aquel si una parte te hace elegir, quédate con la que no ha caído en eso. Así que había renunciado a una chica a la que había llegado a querer, en la que había encontrado todo lo que necesitaba incluso en los momentos más aciagos, por seguir unos principios obsoletos. Pero eran los suyos, y no tenía otros. El tiempo había cicatrizado cosas, pero donde hubo fuego...

Resopló y se levantó para hacer lo mismo que ella había hecho antes. El policía estaba en su mesa, al fondo del pasillo, totalmente parsimonioso. Bosco torció los labios y entornó la puerta para tenderle la mano a Alana.

- Ya me he cansado de esperar en este sitio claustrofóbico, nos vamos de aquí- cargó con las ganas solo porque era la forma más fácil de no poner más peso sobre una Alana que ya estaba tragándose que, de nuevo, quien la sacaba de allí era precisamente él-. No digas nada o acaban deteniéndonos a los dos- indicó, haciéndole después una breve burla y enfiló el pasillo con pasos apresurados. El agente trató de impedirles el paso, pero Bosco lo miró aprovechando que le sacaba una cabeza de altura y sonrió jactancioso. Su voz sonó fría, cortante-. La fianza está pagada, no voy a pagar con tiempo vuestra incompetencia. Cualquier papeleo que quede por hacer remíteselo a D'Orves, es mi abogado de confianza- y también marioneta de la mafia y picapleitos cabrón con el que todos temían enfrentarse en los tribunales-. Ahora, si nos disculpa, tenemos prisa- sin más, tiró de la mano de Alana para salir a la calla. Curiosamente, sintió aquello como una liberación, como si al que habían detenido hubiese sido a él.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Vie Nov 08, 2013 11:26 pm

¿Cómo Bosco acababa siendo siempre el caballero en brillante armadura y no su principe azul?
Ése de "... y vivieron felices para siempre" del cual se burló durante toda su vida, antes de conocerlo a él.
Porque después de él, todo fue posible.
Por un tiempo.

El contacto con la mano de Virsham bastó para que Alana sintiera que su corazón latía más rápido, lo cual era una mentira como toda buena doctora sabía, pero lo aceptaba por lo bien que se sentía en ese momento. La calle y las personas que pasaban a su lado, eran nada comparados con ese mínimo roce entre ambos, que significaba su entera visión del mundo para ella. Un roce casual, un toque insignificante, pero un roce al fin y al cabo. Otras veces había más que rozado la piel de Bosco, curándolo de heridas de post guerra (le gustaba llamarlas así para no pensar en lo que realmente eran), pero él la tomó con la guardia baja, desprevenida por el cansancio, con ese tono de mando que adoraba -siempre que no estuviera dirigido hacia ella- haciéndose cargo de toda la situación, que por un momento se olvidó que lo que hacían era ilegal.

Siguieron caminando unas cuantas cuadras más sin que nada del mundo exterior la perturbara, solo observando la espalda del hombre que la llevaba caminando rápidamente, como si se quisiera alejar de un pasado que al final de cuentas llevaban a cuestas -Para...- Murmuró bajo, casi para que él no la escuchara -Para, Bosco- Repitió apretando su mano e intentando obligarlo a que se detuviera -Virsham- Lo llamó por tercera vez, hasta que finalmente fue ella la que se detuvo, negándose a moverse.

-¿Es que siempre tiene que ser a tu modo? Podrían ir por mi otra vez, ¿sabes?- Cuando él la miró, Alana supo que estaba a punto de gritarle a Bosco en media calle y era lo menos que quería después de todo el lío de la comisaría. Comenzó a hiperventilar y se acordó que no había tomado sus pastillas para el corazón -Quiero ir a casa- La voz de Alana era débil, cansada, debilitada de tener que fingir, de tener que explicar, de reprimirse en cada momento y segundo que estaba cerca de él. ¿Era tan díficil dejar esa vida que llevaba y empezar una nueva con ella, volver a ser lo que antes eran?

Un velo de rabia nubló su vista y se tambaleó, como si fuera a desmayarse pero se aferró a la mano de Bosco para acercarse y refugiarse en su pecho, no abrazándolo, solo recargandose en él. Ella no sabía si Bosco había llevado su coche o si habia venido como en otras ocasiones, en taxi. Lo único que sabía era que ya no podía más, porque tal vez fuera la situación, el estrés de estar horas en la comisaría sin comer o solo su cuerpo que le decía que ya no podía con ese mar de sentimientos guardados en su interior.
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Sáb Nov 09, 2013 5:55 pm

- Irán a por ti cuando vuelvas a meterte en líos- replicó con una sonrisa amplia, la de quien guarda un as en la manga. Después de todo, el contacto que les había dado era verídico y la fianza había sido pagada. Lo único que los retenía allí era la infernal burocracia que no podían rellenar porque la impresora de comisaría estaba estropeada. ¿Qué era lo máximo que les podía caer por eso? ¿Un tirón de orejas? Bosco no comprendía por qué Alana se había convertido de repente en una ciudadana modelo que encontraba tan cuestionable la pequeña falta que acababan de cometer.

Bosco puso los ojos en blanco al darse cuenta de que estaba al borde de montarle una escena. ¿Y ahora por qué, si lo único que había hecho era echarle una mano con un problema? En cambio, el hastío se convirtió en preocupación cuando notó que hiperventilaba. ¿Pero qué...?

- ¿Estás bien?- fue una pregunta casi retórica, que mostraba su estado de confusión. La imagen que Bosco guardaba de Alana era la de una mujer fuerte y obstinada, de no ser así, no habría podido tirar de él para que no se hundiera cuando se enteró de la muerte de su hermana. No sabía si era más raro que la irlandesa no se obcecase en ir a buscar a sus compañeros para saber si habían conseguido lo que pretendían o que pareciera a punto de desvanecerse. Alargó el brazo hacia ella al ver que se tambaleaba, pero Alana fue más rápida apoyándose contra él. El georgiano esgrimió una nueva mueca de preocupación y frotó el brazo de la chica, tratando de reconfortarla. Al final le dio un beso en la sien, algo que ni siquiera tuvo que pensar y que había sido una costumbre adquirida cuando aún estaban juntos. Al parecer, hay cosas que no se olvidan-.  Vamos a tomar algo ¿vale?- susurró, buscando alguna cafetería por la zona, ya que erróneamente suponía que aquel achaque se debía a una bajada de tensión. Por eso bajó la mano desde su hombro a su cintura para ayudarla a caminar.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Lun Nov 11, 2013 7:29 am

Inconcientemente sonrió y cerro los ojos cuando sintió los labios de Bosco en la sien. Ese gesto la trasladó de inmediato a esas mañanas de lunes en que Alana tenía que ir al hospital pero no quería alejarse de los brazos del moreno y éste la confortaba prometiéndole que al final de la jornada, él estaría ahí para hacerle la cena.

-No. Estoy bien. No quiero tomar nada. Quiero ir a casa- Susurró refugiándose en el pecho del hombre. Intentando no montar una escena más grande de la que ya había empezado, no fuera que ahora incluyera ambulancia y un equipo desfribilador. Alana se mordió el labio, como siempre hacía cuando algo la ponía nerviosa o preocupada; Bosco no sabía nada de su condición. Se lo habían detectado después que él se fue, ¿para qué llamarlo? Él le había dejado muy claro que iba a formar parte de la vida de ella, así que tampoco tenía por qué darle molestias. Estaba aprendiendo a cuidarse sola, a no confiar en nadie y quería por todos los medios no volver a depender de nadie para sentirse bien. ¿Bosco en la comisaría? Era algo que tenía que remediar. No lo quería en su vida, no lo quería en sus asuntos y por supuesto, no quería que supiera sobre su corazón.

Intentando reflejar una serenidad que no tenía, Alana levantó la cabeza y vió a centímetros de ella, el rostro de Bosco -Solo quiero ir a casa, Bosco. Estoy cansada, necesito descansar; también tengo que llamar para saber sobre mis compañeros y si los datos han llegado salvos- Sus compañeros. En el último momento la castaña los recordó e inconcientemente en la mentira estuvo implicada la verdad -Si te preocupa que no he comido, en casa tengo cereal, lo sabes- Atinó a decir esbozando una tímida sonrisa, aunque por dentro maledecía por no traer consigo el bolso y las pastillas o aunque fuera el recetario para comprar otras -Y tarta de manzana con helado de vainilla- Recordaba cuánto le gustaba a Bosco su tarta casera. Quizás eso fuera suficiente para hacerlo desistir de llevarla en ese momento a un restaurant, pero para asegurarse, Alana arrugó la naríz y lo miró como una niña atrapada en su travesura -Bosco, quiero tomar un baño, me siento una piltrafa humana. Llevaba nueve horas vigilando por el momento perfecto para entrar a las oficinas. Perdona si en este momento en lo único que pienso es un baño caliente y ropa limpia-
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Lun Nov 11, 2013 8:47 pm

- Existe una cosa llamada teléfono móvil. Vamos, nos tomamos algo y cuando estés mejor vuelves a casa- insistió ocultando la autoridad en un tono suave, arrullador incluso. Seguía preocupándose por ella, solo eso explicaba que cada vez que la cazaban moviese el culo hasta la comisaría. A decir verdad, le salía más cara de ex que de novia, pero para el georgiano el dinero siempre era lo de menos. El caso es que todo lo que le recordaba a la relación que mantuvieron terminaba dejando el regusto amargo de cómo acabó todo. El tuvo que elegir y lo hizo, más por principios que por dictados más abstractos. Cuando todo aquello ocurrió, se había sentido traicionado porque él nunca le había planteado un ultimátum, había aprendido a convivir con sus defectos y virtudes, nunca había cuestionado nada. Ella, en cambio, había encontrado algo de él que no soportaba. Y como cualquier crío, algo que muchas veces parece que Bosco no ha dejado de ser, bastó con escuchar un 'no' para lanzarse a por ello de cabeza.

Desde que todo había terminado, notaba a Alana más arisca en ciertos aspectos, y aunque a él no le salía ser tan tajante como ella podía llegar a serlo en ocasiones, lo consideraba normal. Por eso, la miró extrañado cuando mencionó la tarta de manzana, digna de concurso televisivo de repostería. El helado de vainilla ya era la guinda. Su mueca se tornó suspicaz, pero divertida.

- ¿Estás intentando de convencerme de que vaya a tu casa?- inquirió, velando su confusión al respecto. No es que hubiera ido a su casa para más que para curarse las heridas desde que... Al escuchar sus argumentos terminó por suspirar, pero decir que la tarta no influyó en absoluto sería inexacto. O quizás solo buscaba una excusa redentora a la que echar la culpa de no mantener unas distancias que caían de cajón. Porque quizás ni siquiera lo estaba invitando, pero ya ves tú que problema-. Está bien, te llevaré a casa- dijo como si estuviera concediéndole el capricho y no se hubiera convencido él solo.

Sin soltarla, regresó al borde de la acera y alzó el brazo para parar a un taxi. Por suerte la comisaría estaba en la zona turística, había lugares de Krakoa por los que no pasaba un  taxi ni por error. Abrió la puerta y, soltándola, le hizo un gesto con la cabeza para que pasase primero.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Invitado el Mar Nov 12, 2013 3:58 am

-Técnicamente, si. Eso era lo que estaba haciendo- Respondió Alana frente al rostro de Bosco -Porque si para poder llegar a mi casa, tengo que arrastrarte hacia ella, lo haré- Dijo antes de meterse a la cabina del auto -Aunque si tanto te disgusta la idea de estar a solas conmigo diez minutos más, paga el taxi y ve a un hospital a que te revisen la cabeza, Bosco- Añadió desde dentro, corriendose hacia el otro asiento para que él se sentara, si elegía acompañarla, aunque lo dudaba, porque el temperamento de Bosco era suficiente para que la dejara irse sola en ese carro.  La castaña lo único que quería era llegar a su casa y echar manos de esas pastillas; lo que Bosco se imaginase entre eso y el taxi, era su problema, no el de ella.

Alana frunció el ceño, sintiéndose ofendida por las anteriores palabras del hombre. ¿Tan despreciable era ella que él creía que quería llevarlo a su casa para sórdidos planes? Porque la conjetura a la que llegó la castaña era que Bosco la despreciaba... eso, o le tenía miedo. Conociendo al georgiano, lo primero era lo más seguro. Bosco Virsham no le temía a nada, ni a su propia muerte. ¿Temor de ella? Tampoco lo creía; ¿qué sentimientos podía tener por ella, si se había largado con todo y maletas en cuanto Alana se lo puso díficil? No. Definitivamente Bosco no la amaba; o quizás nunca la amó y ella solo fue el comodín para su pena y su restablecimiento, hasta que algo mejor salió al camino: su profesión.
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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por Bosco I. Virsham el Miér Nov 13, 2013 12:56 am

Sostuvo la mirada de la chica mientras ella lo observaba de un modo difícil de interpretar para el georgiano. Bosco parecía haber perdido la complicidad que en el pasado lo unió a ella, que la convirtió en algo sin lo que pensó no poder vivir. Alana había sido un faro en la oscuridad, un refugio en la peor tormenta y también el hacha más afilada a la hora de destrozar algo que él había llegado a dar por sentado.

Entró en el coche y cerró la puerta con mayor brusquedad de la necesaria. Después, se inclinó hacia el conductor y le dio la dirección de la irlandesa. Una que otrora había sido también la suya y la que ahora acudía cuando los gajes de su oficio se materializaban sobre su cuerpo, pero la recordaría de todos modos porque su memoria selectiva siempre guardaba ese tipo de detalles. Se giró para mirar a la irlandesa, tomando su barbilla con la mano para instarla a que ella también lo mirase.

- Eres una borde- susurró, como si así el conductor no fuese a percatarse de la conversación. Suspiró y la soltó-. Y no te entiendo- confesó-. Ya no...- mordió la cara interna de su mejilla en gesto meditativo y volvió a mirarla de forma sesgada-. Sea lo que sea lo que quieres, sé clara. Es lo que hacen los amigos ¿no?- amigos... había pasado más de un año y seguía sonando tan extraño como el primer día.


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Re: De aquellos polvos, estos lodos {Alana}

Mensaje por шеф el Dom Ene 19, 2014 12:31 am


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